SYLVESTER STALLONE Y EL INGENIOSO TRUCO CON EL QUE CONSIGUIÓ SU PRIMER PAPEL EN BANANAS, DE WOODY ALLEN
SYLVESTER STALLONE Y EL INGENIOSO TRUCO CON EL QUE CONSIGUIÓ SU PRIMER PAPEL EN BANANAS, DE WOODY ALLEN
Mucho antes de convertirse en uno de los grandes iconos del cine de acción gracias a personajes como Rocky Balboa y John Rambo, Sylvester Stallone tuvo que enfrentarse a una realidad bastante menos heroica: conseguir trabajo en Hollywood era una auténtica odisea. Sus comienzos estuvieron marcados por pequeños papeles, intervenciones fugaces y trabajos como extra que apenas le permitían hacerse un hueco en la industria. Sin embargo, una anécdota protagonizada por Woody Allen demostraría hasta dónde estaba dispuesto a llegar para conseguir una oportunidad.
La historia se remonta a 1971, cuando Stallone todavía estaba lejos de alcanzar la popularidad que le proporcionaría Rocky. El actor buscaba desesperadamente una ocasión para demostrar sus posibilidades y encontró una convocatoria de casting para participar en Bananas, la comedia que Woody Allen estaba preparando. Se necesitaban intérpretes para encarnar a dos atracadores y Stallone decidió presentarse junto a otro joven aspirante.
La prueba, sin embargo, no salió como esperaba. Allen, conocido por su carácter reservado y su timidez, observó a los candidatos, intercambió unas palabras en voz baja con su ayudante y abandonó el lugar. La valoración que recibieron fue bastante desalentadora: el director consideraba que ninguno de los dos tenía el aspecto suficientemente intimidante para interpretar a los delincuentes.
Para muchos aspirantes, aquello habría significado aceptar el rechazo y continuar buscando trabajo. Stallone, en cambio, decidió que todavía podía hacer algo para cambiar la situación. La oportunidad parecía perdida, pero abandonar sin intentar una última maniobra no entraba en sus planes.
Años después, el actor recordó aquel episodio en sus memorias, The Steps, donde reflexionó sobre la importancia de los momentos que pueden modificar el rumbo de una vida. En sus propias palabras, el camino profesional está lleno de encrucijadas: algunas conducen a un cambio decisivo y otras terminan dejando todo exactamente igual.
Stallone también explicó que la interpretación exige una combinación de talento, perseverancia y buena fortuna. De las dos últimas cuestiones, aseguraba tener una reserva inagotable de la primera y muy poca de la segunda. Por eso, cuando apareció aquel anuncio de la película de Woody Allen en la prensa especializada, decidió aprovecharlo.
El rechazo inicial le dejó bastante tocado. Mientras abandonaba el lugar, llegó a pensar que todo había terminado. Sin embargo, algo le hizo detenerse. Todavía conservaba una pequeña posibilidad y estaba dispuesto a exprimirla hasta el final.
Su siguiente movimiento fue tan sencillo como disparatado. Entró en una farmacia situada cerca de Grand Central y compró un pequeño tarro de vaselina que le costó quince centavos. Se aplicó el producto en el cabello para conseguir un peinado brillante y completamente engominado. Después, mientras descendía de nuevo hacia el andén del metro, fue recogiendo hollín y suciedad de las paredes y las escaleras para extenderse una capa de mugre por el rostro.
El resultado debía transmitir una imagen mucho más agresiva y desagradable que la que había presentado durante la primera prueba. Stallone quería que Woody Allen viera delante de él a alguien capaz de intimidar a los pasajeros de un vagón de metro.
Cuando localizó al director, decidió saltarse cualquier intermediario. Se acercó directamente, le dio un golpecito en el hombro y esperó a que se girara. Allen se sobresaltó al encontrarse con aquel aspecto tan peculiar. Entonces, Stallone, utilizando su voz más grave y exagerando deliberadamente su actitud, le lanzó una pregunta que terminaría resolviendo la situación:
«¿Te intimido ahora?».
La reacción de Allen fue favorable. El cineasta aceptó que había conseguido transformar su apariencia y le dio el visto bueno. Stallone y su compañero obtuvieron finalmente los papeles.
La participación del futuro protagonista de Rocky en Bananas fue muy breve, apenas un minuto y medio de película. Su personaje era uno de los atracadores que irrumpían en un vagón del metro para intimidar a los pasajeros, entre los que se encontraba el propio Woody Allen. No tenía diálogo, pero aquella aparición supuso una oportunidad importante para un intérprete que todavía estaba intentando abrirse camino.
Bananas, estrenada en 1971, fue escrita por Woody Allen y Mickey Rose, dirigida por el primero y protagonizada por el propio Allen junto a Louise Lasser. La película presenta una disparatada sátira política en la que un neoyorquino corriente termina involucrado en una revolución en la ficticia República de San Marcos.
La historia comienza con Fielding Mellish, un hombre que trabaja demostrando máquinas de ejercicio para ejecutivos y cuya vida sentimental da un giro cuando conoce a Nancy, una joven estudiante comprometida con una causa política. Tras iniciar una relación, ella acaba rompiendo con él y Mellish decide viajar a San Marcos para intentar olvidar sus problemas.
Allí se encuentra en medio de una situación política explosiva. El asesinato del presidente ha sumido al país en el caos y los acontecimientos terminan arrastrando al protagonista hasta las filas revolucionarias de Jacobo Morales. Después de una serie de situaciones absurdas, Mellish acaba convertido en una figura destacada del movimiento insurgente.
La comedia contó con un reparto encabezado por Allen y Lasser, además de las intervenciones de Carlos Montalbán y Howard Cosell, entre otros. Su humor irreverente y su particular mirada sobre los conflictos políticos y sociales encajaban perfectamente con el estilo que Allen estaba desarrollando durante aquella primera etapa de su carrera cinematográfica.
Para Stallone, aquella pequeña aparición quedó muy lejos de los grandes papeles que llegarían posteriormente, pero tuvo un valor especial. El actor había conseguido superar un rechazo recurriendo a la imaginación, el descaro y una determinación extraordinaria.
Con el paso del tiempo, su nombre terminaría asociado a algunas de las franquicias más reconocibles del cine popular, desde Rocky y Rambo hasta Los mercenarios. Pero antes de los combates multitudinarios, las persecuciones y los personajes convertidos en leyenda, hubo un joven actor que se embadurnó la cara de suciedad, se engominó el pelo con vaselina y regresó al metro para preguntarle a Woody Allen si ahora le parecía suficientemente peligroso.
Y consiguió el trabajo.
Autor: Django il bastardi

Fue un acto que demuestra la ambición que tenía el joven Stallone.
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