DORIS DAY, DE SER LA ACTRIZ MEJOR PAGADA A LA RUINA.
DORIS DAY, DE SER LA ACTRIZ MEJOR PAGADA A LA RUINA. En 1968, cuando parecía que la vida le había concedido el derecho a retirarse con elegancia, Doris Day descubrió que su mundo era una ficción peor que cualquiera de sus comedias románticas. La muerte de su marido y representante, Martin Melcher, dejó al descubierto una herida económica devastadora: la estrella que había vendido millones de discos y llenado salas durante dos décadas estaba, de pronto, arruinada. Nacida en Cincinnati en 1922, soñó primero con ser bailarina. Un accidente truncó esa vocación, pero la llevó hacia el canto, donde su voz luminosa empezó a sonar en la radio de los años cuarenta. Hollywood no tardó en llamarla. Allí, entre rodajes y canciones, se convirtió en la novia ideal del imaginario americano, una actriz de comedia impecable, capaz de encadenar éxitos como Confidencias a medianoche o No os comáis las margaritas, mientras su interpretación de “Que será, será” en El hombre que sabía demasiado la inm...