LA ODISEA SECRETA DE "EL NOMBRE DE LA ROSA".
LA ODISEA SECRETA DE "EL NOMBRE DE LA ROSA". Hubo un tiempo en que el cine europeo se lanzó a descifrar un enigma que parecía condenado a permanecer en papel. La novela de Umberto Eco era un artefacto literario de múltiples capas, una obra que respiraba teología, política, ironía y misterio con la misma naturalidad con que sus monjes recorrían los claustros de la abadía. Traducir aquella arquitectura verbal al lenguaje de las imágenes exigía algo más que talento: requería obstinación, paciencia y una fe casi medieval en el poder del cine. Esa fe la tenía Jean‑Jacques Annaud desde hacía años. Su obsesión con la novela lo llevó a una travesía de castings interminables, llamadas improbables y renuncias inesperadas. En algún momento del proceso, cuando el proyecto parecía condenado al olvido, apareció un actor que la industria consideraba reliquia: Sean Connery. Su nombre evocaba todavía la sombra elegante de James Bond, y muchos dudaban de que pudiera encarnar al monje lógico ...