VILLANAS DE CINE. JUDITH ANDERSON
VILLANAS DE CINE. JUDITH ANDERSON Pocas actrices han sabido convertir la severidad en un arte como Judith Anderson. Dueña de una presencia casi hipnótica, de una voz que parecía surgir de una catedral en penumbra y de unos ojos capaces de sugerir ternura, crueldad o tragedia con un solo gesto, Anderson fue una de esas intérpretes cuya mera aparición alteraba la atmósfera de una escena. Durante más de seis décadas construyó una carrera monumental entre el teatro, el cine y la televisión, y dejó una huella tan profunda en Shakespeare como en el imaginario popular gracias a personajes que parecen resistirse al paso del tiempo. Nació como Frances Margaret Anderson el 10 de febrero de 1897 en Adelaida, Australia, en el seno de una familia de raíces escocesas e irlandesas. Su infancia no estuvo marcada por privilegios ni por una temprana formación aristocrática, como muchos imaginaron después al verla dominar con tanta naturalidad personajes regios o trágicos. Su vocación nació muy pron...