GRACE KELLY, HITCHCOCK Y EL PAPEL QUE NUNCA LLEGÓ A HACER LA PRINCESA DE MONACO.
GRACE KELLY, HITCHCOCK Y EL PAPEL QUE NUNCA LLEGÓ A HACER LA PRINCESA DE MONACO. En 1962, cuando llevaba seis años convertida en princesa consorte de un pequeño pero luminoso principado mediterráneo, Grace Kelly todavía era, para buena parte del mundo, la actriz radiante que había fascinado a Hollywood en la década anterior. Su vida en Mónaco había comenzado como un auténtico acontecimiento global: la boda con Rainiero III, celebrada tras su encuentro en el Festival de Cannes de 1955, atrajo a miles de curiosos y a centenares de periodistas que vieron en ella la encarnación perfecta de un cuento de hadas moderno. Esa exposición pública nunca fue un problema para ella. Durante los primeros años, se movía con soltura en recepciones oficiales y retratos institucionales, sostenida por la gracia que ya había mostrado ante las cámaras de cine. Sin embargo, tras el nacimiento de sus dos hijos mayores, Carolina y Alberto, aquella vida palaciega fue estrechándose. Varias biografías poster...