MARLENE DIETRICH CERRÓ SU CARRERA CON GIGOLO
MARLENE DIETRICH CERRÓ SU CARRERA CON GIGOLO
Marlene Dietrich convirtió su propia existencia en una obra cinematográfica. Fue actriz, cantante, mito, icono de la moda y una de las personalidades más fascinantes surgidas del Hollywood clásico. Por eso resulta especialmente llamativo que su última película, Gigolo, rodada en 1978, fuese una producción irregular que la propia actriz consideraba una de esas películas que todo intérprete termina haciendo alguna vez.
Dietrich compartió reparto con David Bowie y Kim Novak en esta historia ambientada en el Berlín de los años veinte y dirigida por David Hemmings. El proyecto tenía todos los ingredientes para despertar interés: una estrella legendaria, Bowie en uno de sus primeros trabajos cinematográficos y una trama situada en un Berlín decadente y cosmopolita.
Sin embargo, Dietrich decidió mantener las distancias con Alemania. La actriz había abandonado el país décadas atrás y nunca quiso regresar después de la experiencia del nazismo. Había convertido su rechazo al régimen de Hitler en una de las posiciones públicas más firmes de una estrella alemana en el exilio. Durante el rodaje de Gigolo, sus escenas se filmaron en París y posteriormente se integraron en la película para crear la impresión de que compartía físicamente el mismo espacio que el resto del reparto.
Su participación fue además muy breve. Dietrich trabajó apenas dos días y recibió una cantidad considerable para la época. Después de aquello prácticamente desapareció de la gran pantalla.
Para entonces su leyenda estaba completamente consolidada. Había trabajado con Josef von Sternberg en películas como El ángel azul, Marruecos o El expreso de Shanghai, y posteriormente había colaborado con directores como Alfred Hitchcock, Billy Wilder y Orson Welles.
Su imagen había evolucionado con los años, pero jamás perdió ese aire de misterio que la acompañó desde sus primeros grandes éxitos. Dietrich convirtió el esmoquin, el sombrero de copa y la ambigüedad sexual en parte de una identidad pública que desafiaba las convenciones de su época.
Cuando habló de Gigolo, la actriz llegó a bromear con la idea de que todos los intérpretes tenían alguna mala película en su carrera y que ella ya había cumplido con esa obligación.
Su despedida cinematográfica fue, por tanto, bastante más modesta que su leyenda. Pero quizá eso hace que resulte todavía más curiosa. Marlene Dietrich no necesitó un gran final para abandonar el cine. Su auténtico legado ya estaba escrito mucho antes de que aquella última película llegara a las salas.
Autor: Django il bastardi

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