MICHAEL DE LUCA Y PAMELA ABDY, LOS PRODUCTORES QUE QUISIERON DEVOLVERLE EL ALMA A WARNER, A LA CALLE

 


MICHAEL DE LUCA Y PAMELA ABDY, LOS PRODUCTORES QUE QUISIERON DEVOLVERLE EL ALMA A WARNER, A LA CALLE

Durante un breve periodo de tiempo pareció que Warner Bros. había encontrado el camino para reconciliarse con Hollywood. Después de años de decisiones empresariales difíciles de entender, guerras internas, apuestas fallidas por el streaming y una sucesión de cambios corporativos, dos productores llegaron al estudio con una idea bastante sencilla: volver a confiar en quienes hacen las películas.

Michael De Luca y Pamela Abdy asumieron en 2022 la dirección de Warner Bros. Pictures con la misión de reconstruir una división cinematográfica que había quedado seriamente dañada. Su salida, provocada ahora por la adquisición de Warner Bros. Discovery por parte de Paramount Skydance, supone mucho más que otro relevo ejecutivo. También simboliza el final de una etapa en la que una de las grandes compañías de Hollywood intentó recuperar una relación más sana con los directores y con las películas concebidas como algo más que piezas intercambiables de un gigantesco catálogo de propiedades intelectuales.

La historia tiene algo de The Studio. La serie de Seth Rogen convirtió a Matt Remick en una caricatura bastante reconocible del productor apasionado por el cine que intenta sobrevivir rodeado de ejecutivos preocupados por cifras, franquicias y resultados trimestrales. De Luca y Abdy, salvando todas las distancias, parecían compartir una filosofía semejante. Querían trabajar con cineastas de personalidad, apostar por proyectos ambiciosos y permitir que determinadas películas pudieran respirar lejos de las exigencias de las franquicias.

El problema es que Warner Bros. nunca ha sido precisamente un lugar tranquilo.

Cuando De Luca y Abdy llegaron, la compañía todavía arrastraba las consecuencias de una etapa especialmente turbulenta. Primero estuvo la adquisición por parte de AT&T y después la fusión con Discovery, culminada en 2022 bajo el liderazgo de David Zaslav. Entre medias quedó una pandemia que trastocó completamente el negocio cinematográfico y una estrategia de streaming que provocó una de las decisiones más polémicas de la historia reciente de Hollywood.

Jason Kilar, entonces al frente de WarnerMedia, apostó decididamente por HBO Max. Para 2021 se puso en marcha el conocido como Project Popcorn, mediante el cual todas las películas de Warner previstas para ese año llegaron simultáneamente a las salas y a la plataforma. El contexto sanitario explicaba parte de la decisión, pero las consecuencias fueron enormes. Películas como Dune, Matrix Resurrections, El Escuadrón Suicida, Space Jam: Nuevas leyendas, Maligno o Cry Macho vieron seriamente condicionado su recorrido cinematográfico.

La reacción de los cineastas fue inmediata. Christopher Nolan, uno de los directores históricamente vinculados a Warner, consideró la decisión una afrenta. Su siguiente película, Oppenheimer, acabó en Universal, donde se convirtió en un éxito extraordinario y permitió a Nolan ganar el Óscar a la mejor dirección.

Cuando Zaslav tomó las riendas de Warner Bros. Discovery, quiso modificar radicalmente aquella estrategia. El cine volvía a ocupar un lugar central. El nuevo jefe de la compañía entendía que la obsesión por el streaming había ido demasiado lejos y que una película debía volver a tener la oportunidad de convertirse en un acontecimiento cinematográfico.

El cambio tuvo también episodios muy controvertidos. Warner decidió cancelar películas ya terminadas para obtener beneficios fiscales, provocando la desaparición de Batgirl y dejando durante años en el limbo a Coyote vs. Acme. La reputación del estudio necesitaba una reparación urgente.

Ahí entraron De Luca y Abdy.

El primero llevaba décadas moviéndose por Hollywood. Su trayectoria había arrancado en los años noventa y pasó por New Line Cinema, donde llegó a ocupar la presidencia. Su nombre quedó ligado a títulos tan importantes como Seven, Boogie Nights, Blade, American History X o Magnolia. Posteriormente trabajaría desde DreamWorks y como productor independiente, participando en películas como La red social, Moneyball, Capitán Phillips o Cincuenta sombras de Grey.

Pamela Abdy había construido entretanto una carrera diferente, aunque igualmente sólida. Comenzó en Jersey Films y participó en proyectos como Algo en común, para después involucrarse en películas de enorme repercusión como Shutter Island, El renacido y La gran apuesta.

Los dos coincidieron al frente de MGM en 2020. El experimento duró poco. La pandemia afectó especialmente a Sin tiempo para morir, cuya larga sucesión de retrasos terminó contribuyendo a la delicada situación financiera de MGM. En 2022 Amazon compró el estudio y ambos quedaron disponibles para afrontar un nuevo desafío.

Zaslav vio en ellos algo que necesitaba desesperadamente: experiencia, prestigio y una relación privilegiada con los cineastas.

Su primera gran obsesión fue recuperar a Christopher Nolan. De Luca y Abdy intentaron reconstruir el puente con el director, incluso mejorando las condiciones económicas relacionadas con Tenet y ofreciendo las instalaciones de Warner para la posproducción de Oppenheimer. Pero Nolan decidió continuar junto a Universal. La Odisea también ha seguido ese camino.

El comienzo tampoco fue sencillo por otros motivos. Poco después de su llegada estallaron las huelgas de guionistas y actores de 2023, mientras el estudio todavía tenía que estrenar numerosas películas procedentes de la anterior etapa. Black Adam, Flash, Aquaman 2, No te preocupes querida, Furiosa: De la saga Mad Max y Joker: Folie à deux fueron algunos de los títulos que complicaron el balance de aquellos primeros años.

Especialmente doloroso fue el fracaso de Joker: Folie à deux, una película que había recibido una libertad creativa enorme y que terminó convertida en uno de los grandes tropiezos comerciales de Warner.

Entonces llegó 2025.

Y todo cambió.

Después de un inicio discreto con Mickey 17 y The Alto Knights, Warner encadenó una sucesión espectacular de éxitos y películas capaces de generar conversación. Una película de Minecraft, Los pecadores, Destino final: Lazos de sangre, F1: La película, Superman, Weapons y Expediente Warren: El último rito situaron al estudio en una posición privilegiada.

El broche fue Una batalla tras otra, una película de Paul Thomas Anderson cuyo elevado presupuesto hacía muy complicado convertirla en un éxito económico convencional, pero que terminó siendo uno de los grandes acontecimientos cinematográficos del año por su extraordinaria recepción crítica.

El resultado global fue impresionante: las películas de Warner recaudaron más de 4.000 millones de dólares durante 2025 y el estudio consiguió 30 nominaciones al Óscar. De repente, aquella política de conceder espacio a los directores empezaba a parecer una apuesta inteligente.

Zaslav respondió renovando a De Luca y Abdy.

Parecía que el proyecto tenía futuro.

Pero Hollywood siempre tiene preparado un nuevo capítulo.

Mientras Warner recuperaba prestigio, David Ellison empezó a mover ficha para hacerse con Warner Bros. Discovery. El hijo del fundador de Oracle, Larry Ellison, terminó imponiendo su proyecto empresarial y la compañía pasó a quedar integrada en Paramount Skydance. La nueva estructura prepara ahora una reorganización profunda que, previsiblemente, desembocará en una compañía identificada simplemente como Skydance.

De Luca y Abdy no formarán parte de ella.

La ironía es que su despedida llega después de un 2026 mucho menos brillante para Warner. Cumbres borrascosas ha sido uno de los pocos títulos capaces de proporcionar un rendimiento razonable, mientras producciones como ¡La novia!, Supergirl o El final de Oak Street han encontrado dificultades para responder a las expectativas.

Y entonces apareció Digger.

La película de Alejandro González Iñárritu, protagonizada por Tom Cruise, representa perfectamente aquella filosofía que De Luca y Abdy intentaron implantar: una producción original, ambiciosa, dirigida por un cineasta de prestigio y respaldada con una inversión considerable. El problema es que su elevado coste y su decepcionante comportamiento comercial complican enormemente su rentabilidad.

También resulta significativo que Digger sea su última película al frente de Warner.

Porque, con todos sus errores y con algunos resultados discutibles, De Luca y Abdy defendieron durante unos años una idea que Hollywood parece tener cada vez más dificultades para conservar: que una gran compañía cinematográfica puede apostar por películas concebidas por autores, asumir riesgos y entender que el prestigio también forma parte del negocio.

Su etapa estuvo lejos de ser perfecta. Hubo fracasos, decisiones discutibles y proyectos que no respondieron a las expectativas. Pero consiguieron algo que parecía difícil cuando llegaron: Warner volvió a parecer, durante un tiempo, un estudio interesado en hacer películas.

Ahora comienza otra época.

Paramount Skydance tendrá que decidir qué hacer con una compañía gigantesca, con un catálogo monumental, numerosas franquicias y una estructura empresarial que previsiblemente sufrirá una nueva transformación. Llegarán recortes, reorganizaciones y nuevas prioridades. Es la lógica habitual de una fusión de estas dimensiones.

Y quizá por eso, dentro de unos años, cuando Hollywood vuelva a hablar de eficiencia, propiedades intelectuales, franquicias compartidas y grandes conglomerados, se recuerde con cierta nostalgia aquel breve periodo en el que dos productores intentaron demostrar que todavía había espacio para algo tan sencillo como confiar en los cineastas.

Michael De Luca y Pamela Abdy se marchan de Warner. Su legado queda en esas películas que buscaron algo más que alimentar una franquicia y en una manera de entender el oficio que, en la industria actual, empieza a parecer casi revolucionaria.

Autor: Django il bastardi


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