LOTTE LENYA, LA VILLANA QUE PUSO CONTRA LAS CUERDAS A JAMES BOND.

 

LOTTE LENYA, LA VILLANA QUE PUSO CONTRA LAS CUERDAS A JAMES BOND.

Fecha de nacimiento: 18 de octubre de 1898, Viena, Austria-Hungría
Fecha de fallecimiento: 27 de noviembre de 1981, Nueva York, Estados Unidos
Causa de la muerte: cáncer, concretamente cáncer de ovario según diversas biografías. Tenía 83 años.

Lotte Lenya, cuyo verdadero nombre era Karoline Wilhelmine Charlotte Blamauer, fue una actriz y cantante austríaca que terminó convirtiéndose en ciudadana estadounidense y cuya trayectoria estuvo íntimamente ligada a una de las etapas más fascinantes de la cultura europea del siglo XX. Artista de enorme personalidad, intérprete teatral, cantante y figura esencial del cabaret alemán, alcanzó una dimensión internacional que la llevó desde los escenarios de la República de Weimar hasta Broadway y, finalmente, al cine de Hollywood. Para el gran público quedó inmortalizada como Rosa Klebb en Desde Rusia con amor, pero reducir su carrera a aquella memorable villana de James Bond sería dejar fuera una de las figuras fundamentales de la obra de Kurt Weill y Bertolt Brecht.

Nació el 18 de octubre de 1898 en Viena, en el seno de una familia católica de clase trabajadora. Desde muy joven mostró interés por la danza y el espectáculo. A los dieciséis años se trasladó a Zúrich, donde comenzó una formación artística que incluyó ballet, canto y actuación. Aquella etapa suiza resultó decisiva para su futuro, porque allí empezó a familiarizarse con distintas disciplinas escénicas y dio sus primeros pasos profesionales.

En sus comienzos utilizó el nombre artístico de Lotte Lenja, que posteriormente transformaría en Lotte Lenya. Su formación como bailarina fue especialmente importante y durante aquellos primeros años buscó abrirse camino en los escenarios con una mezcla de tenacidad y personalidad. En 1921 abandonó Zúrich y se instaló en Berlín, una ciudad que durante la República de Weimar estaba convirtiéndose en uno de los grandes centros culturales de Europa.



Berlín cambió completamente su vida. La ciudad ofrecía un ambiente artístico extraordinariamente activo, con teatros, cabarets, compañías experimentales y nuevos movimientos musicales y teatrales. Lenya comenzó a obtener pequeños trabajos y a relacionarse con algunos de los principales creadores de aquel momento. Entre ellos estaba el dramaturgo Georg Kaiser, cuya influencia resultaría importante para su carrera.

Fue también en aquellos años cuando apareció en su vida Kurt Weill, joven compositor que todavía estaba intentando hacerse un nombre. El encuentro entre ambos terminaría dando lugar a una de las asociaciones artísticas y sentimentales más célebres de la cultura alemana del siglo XX.

Weill y Lenya se casaron en 1926. La relación tuvo sus dificultades y ambos llegaron a divorciarse en 1933, pero terminarían reconciliándose y volverían a casarse en 1937. Durante esos años, Lenya se convirtió en la intérprete fundamental de las composiciones de Weill y participó en varios de los proyectos que el músico desarrolló junto a Bertolt Brecht.

La gran consagración llegó con La ópera de tres centavos (Die Dreigroschenoper), estrenada en Berlín en 1928. Lenya interpretó a Jenny, uno de los personajes fundamentales de la obra, y su manera de cantar y actuar encajó perfectamente con aquella combinación de sátira social, teatro político, música popular y cabaret.


Su voz, áspera, peculiar y alejada de los cánones tradicionales de la música lírica, se convirtió precisamente en una de sus grandes señas de identidad. Lenya no necesitaba una voz convencionalmente hermosa para dominar un escenario. Poseía una capacidad extraordinaria para dotar de intención cada palabra, cada pausa y cada gesto. Sus interpretaciones de las canciones de Weill adquirieron una personalidad tan fuerte que, con el tiempo, muchas de ellas quedaron asociadas para siempre a su manera de interpretarlas.

Entre las piezas que contribuyó a popularizar se encontraba Mack the Knife, además de canciones como Alabama Song y Surabaya Johnny. Su forma de interpretar la música de Weill convirtió aquellas composiciones en parte esencial de su legado artístico.

La colaboración con Brecht y Weill continuó durante los últimos años de la República de Weimar. Lenya intervino en producciones relacionadas con Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny y en otros proyectos teatrales y musicales que consolidaron su prestigio en el Berlín artístico de entreguerras.

También participó en la versión cinematográfica de La ópera de tres centavos, dirigida por Georg Wilhelm Pabst y estrenada en 1931. Aunque el cine nunca llegó a ocupar en su carrera el lugar que tuvieron el teatro y la música, aquella película constituye un documento extraordinariamente valioso de su primera etapa artística.

La llegada de los nazis al poder en 1933 cambió por completo el rumbo de su vida. Weill, de origen judío, se encontraba entre los artistas perseguidos por el nuevo régimen y sus obras fueron consideradas políticamente y culturalmente indeseables. La pareja abandonó Alemania y comenzó un periodo de exilio que primero les llevó a Francia.

En París, Lenya participó en Los siete pecados capitales (Die sieben Todsünden), otra de las grandes colaboraciones entre Weill y Brecht. La obra permitió mantener viva su actividad artística en Europa mientras la situación política alemana se volvía cada vez más peligrosa.

Finalmente, Lenya y Weill se trasladaron a Estados Unidos. Nueva York se convirtió en su nuevo hogar y también en el escenario de una segunda etapa completamente diferente de su carrera. Lenya necesitó adaptarse a un idioma y a un ambiente cultural nuevos, mientras Weill comenzaba a desarrollar una importante carrera en el teatro musical estadounidense.

En 1937 realizó su debut en Broadway con The Eternal Road, una producción con música de Weill. Durante los años siguientes participó en diferentes proyectos teatrales, aunque su trayectoria estadounidense tardó en alcanzar la repercusión que había conseguido en Berlín.

La muerte de Kurt Weill, el 3 de abril de 1950, supuso uno de los golpes más duros de su vida. El compositor falleció en Nueva York a los 50 años después de sufrir un ataque cardíaco. Lenya quedó profundamente afectada y durante un tiempo se apartó de los escenarios.

Sin embargo, poco a poco comenzó a recuperar su actividad. Su regreso estuvo estrechamente relacionado con la recuperación internacional de la obra de Weill. En 1954 protagonizó en Nueva York una nueva producción de La ópera de tres centavos, recuperando el personaje de Jenny que había interpretado por primera vez en Berlín más de dos décadas antes.

La producción fue un éxito y devolvió a Lenya al primer plano. Su interpretación contribuyó decisivamente a convertir aquella obra en uno de los grandes títulos del teatro musical estadounidense de mediados del siglo XX. Por su trabajo en The Threepenny Opera obtuvo un premio Tony en 1957.

Durante estos años también realizó numerosas grabaciones de las canciones de Weill. Su importancia como intérprete del compositor llegó a ser tan grande que se convirtió en una de las principales guardianas de su legado artístico.

Su carrera experimentó una nueva transformación durante la década de los sesenta. Lenya empezó a aparecer con mayor frecuencia en cine y televisión y demostró que podía desenvolverse con enorme personalidad fuera del territorio del teatro musical.

En 1961 interpretó a la condesa Magda Terribili-Gonzales en La primavera romana de la señora Stone, dirigida por José Quintero y protagonizada por Vivien Leigh y Warren Beatty. El papel le proporcionó una nominación al Óscar como mejor actriz de reparto. Aunque no ganó la estatuilla, aquella candidatura confirmó que su talento podía trasladarse con eficacia a la pantalla cinematográfica.

Dos años después llegó el personaje que la convertiría definitivamente en un rostro conocido para millones de espectadores: Rosa Klebb en Desde Rusia con amor, la segunda película de la saga de James Bond protagonizada por Sean Connery.


Como la coronel Rosa Klebb, antigua agente soviética y miembro de SPECTRE, Lenya construyó una villana fría, autoritaria y amenazante. Su aspecto, su peculiar manera de hablar y, sobre todo, la célebre escena del zapato con cuchilla contribuyeron a convertirla en uno de los personajes más recordados de la primera etapa de la serie Bond.

Curiosamente, aquella interpretación terminó eclipsando parcialmente una trayectoria artística mucho más amplia. Para los aficionados al cine popular, Rosa Klebb pasó a ser su imagen más reconocible, mientras que para los especialistas en teatro y música Lenya continuaba siendo la extraordinaria intérprete de Weill y una figura fundamental del cabaret alemán.

En 1965 volvió a asumir otro personaje asociado con el universo de Brecht al interpretar a Madre Coraje en una producción teatral. Al año siguiente participó en el estreno de Cabaret en Broadway, interpretando a Fräulein Schneider. La obra, ambientada precisamente en el Berlín de los últimos años de la República de Weimar, parecía escrita a la medida de una artista que había vivido personalmente aquella época.

Su trabajo en Cabaret le proporcionó otra nominación a los premios Tony y permitió que una nueva generación descubriera su extraordinaria presencia escénica.

Lenya continuó trabajando durante los años setenta, aunque sus apariciones cinematográficas fueron mucho menos numerosas que sus trabajos teatrales y musicales. Participó en películas como The Appointment y Semi-Tough, esta última estrenada en 1977 y protagonizada por Burt Reynolds. Su última aparición cinematográfica llegó precisamente con Semi-Tough, en la que interpretó a una masajista.

En paralelo, mantuvo una relación muy estrecha con el legado de Kurt Weill. No se limitó a interpretar sus canciones: trabajó activamente para proteger y difundir su obra. En 1962 se había creado la Fundación Kurt Weill, vinculada a la preservación de su legado, y Lenya continuó implicándose en esa tarea durante el resto de su vida.


Su vida sentimental también estuvo marcada por varias tragedias. Después de la muerte de Weill contrajo matrimonio con el editor y periodista George Davis, que falleció en 1957. En 1962 se casó con el pintor Russell Detwiler, mucho más joven que ella, cuya muerte en 1969 volvió a dejarla viuda. En 1971 contrajo un cuarto matrimonio, esta vez con Richard Siemanowski, aunque la relación terminó en separación en 1973.

A pesar de los golpes personales y de los problemas de salud que comenzaron a hacerse más evidentes durante sus últimos años, Lenya continuó interesándose por la música de Weill y por la evolución de los intérpretes que podían mantener vivo su legado.

En 1975 tenía previsto presentar en el Festival de Berlín varias canciones inéditas de Weill. La enfermedad impidió finalmente que aquel proyecto llegara a realizarse. Incluso en sus últimos años mantuvo esa preocupación por conservar y transmitir la obra del compositor con quien había compartido buena parte de su vida.

Lotte Lenya murió el 27 de noviembre de 1981 en Nueva York, a los 83 años. La causa de su fallecimiento fue un cáncer, identificado en distintas referencias biográficas como cáncer de ovario. Hasta los últimos meses había mantenido una actividad y una implicación artística poco habituales para su edad.

Sus restos fueron enterrados junto a los de Kurt Weill en el cementerio de Mount Repose, en Haverstraw, Nueva York.

El legado de Lotte Lenya resulta difícil de encasillar. Fue actriz, cantante, bailarina, intérprete de cabaret y una de las grandes figuras del teatro musical del siglo XX. Su trayectoria atravesó algunos de los periodos más convulsos de la historia europea y estadounidense: la Viena de finales del Imperio austrohúngaro, el Berlín de la República de Weimar, el exilio provocado por el nazismo, la transformación del teatro musical en Broadway y el nacimiento de una nueva cultura cinematográfica popular en Estados Unidos.

Su nombre permanece unido de manera inseparable al de Kurt Weill, pero Lenya fue mucho más que la esposa y musa de un compositor célebre. Su personalidad artística tenía una fuerza propia. Supo convertir una voz poco convencional en un instrumento dramático extraordinario y encontró en la interpretación una manera de expresar ironía, melancolía, dureza, sensualidad y vulnerabilidad.

Para los amantes del cine será siempre Rosa Klebb, aquella inolvidable villana de Desde Rusia con amor. Para los aficionados al teatro, será Jenny de La ópera de tres centavos. Para los estudiosos de la música del siglo XX, seguirá siendo una de las intérpretes esenciales de Kurt Weill. Y para la historia del espectáculo, Lotte Lenya representa una de esas carreras excepcionales capaces de sobrevivir a guerras, exilios, cambios de país y transformaciones culturales sin perder una identidad artística absolutamente personal.

Autor: Django il bastardi


Comentarios

  1. Pequeñita, cara de pocos amigos, pero menuda rival fue para James Bond.

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