LA MALDICIÓN DE «LA PROFECÍA»: RAYOS, ACCIDENTES MORTALES Y UNA TRAGEDIA QUE ESTREMECIÓ AL EQUIPO
LA MALDICIÓN DE «LA PROFECÍA»: RAYOS, ACCIDENTES MORTALES Y UNA TRAGEDIA QUE ESTREMECIÓ AL EQUIPO
Pocas películas de terror han conseguido alimentar tantas leyendas oscuras como La profecía, el clásico dirigido por Richard Donner que llegó a los cines en 1976. Medio siglo después de su estreno, la historia del pequeño Damien Thorn continúa despertando fascinación entre los aficionados al género, y buena parte de su leyenda permanece ligada a una sucesión de accidentes, muertes y episodios inquietantes que rodearon la producción. Algunos parecen fruto de la fatalidad; otros adquirieron una dimensión siniestra al ser relacionados con las escenas más perturbadoras del filme.
La película contaba con un reparto encabezado por Gregory Peck y Lee Remick. Él interpretaba a Robert Thorn, un diplomático estadounidense que acepta criar a un niño tras la muerte de su propio hijo durante el parto, sin sospechar que el pequeño Damien esconde un origen aterrador. La criatura, concebida dentro de la mitología de la película como el Anticristo, crece protegida por una familia influyente mientras a su alrededor comienzan a suceder acontecimientos cada vez más espantosos.
Richard Donner, que antes de alcanzar la fama con títulos como Superman y Arma letal había trabajado en televisión, encontró en el guion de David Seltzer una historia capaz de combinar el suspense, la religión y el terror sobrenatural. La interpretación de Harvey Stephens, que apenas necesitaba una sonrisa inquietante para provocar desasosiego, terminó de dar forma a uno de los niños más aterradores de la historia del cine.
La fama de película maldita comenzó a crecer a partir de incidentes que afectaron a diferentes integrantes de la producción. Las historias se acumularon durante el rodaje y continuaron después de que la película llegara a las salas, hasta convertir las circunstancias que rodearon su realización en una leyenda tan conocida como la propia trama.
Uno de los episodios más repetidos tiene que ver con los rayos. En septiembre de 1975, el avión en el que viajaba Gregory Peck rumbo a Londres fue alcanzado por uno de ellos. El incidente no tuvo consecuencias fatales, pero la historia se volvió más inquietante cuando se supo que algo parecido les había sucedido al productor ejecutivo Mace Neufeld y al guionista David Seltzer durante otros vuelos. Harvey Bernhard, productor de la película, también habría estado a punto de ser alcanzado por un rayo mientras se encontraba en Roma durante el rodaje.
La sucesión de episodios llamó todavía más la atención porque La profecía incluía una muerte provocada por una tormenta repentina. En esa escena, un pararrayos se parte y cae sobre un sacerdote, atravesándolo de forma brutal. La coincidencia entre los accidentes meteorológicos y la violencia de la película contribuyó a reforzar la idea de que algo extraño parecía acompañar a la producción.
Tampoco faltaron los peligros relacionados con los animales. Los rottweilers utilizados para representar a los perros del infierno dieron problemas durante el rodaje y llegaron a atacar a sus cuidadores. El especialista Terry Walsh sufrió heridas graves en uno de estos incidentes. En otra secuencia, Lee Remick debía reaccionar aterrorizada ante unos babuinos en un parque safari. Los animales se mostraron especialmente agresivos, hasta el punto de que el miedo de la actriz dentro del automóvil adquirió una intensidad muy cercana a la realidad.
La historia más trágica relacionada con aquella localización habla de un guardia de seguridad que perdió la vida después de que varios animales escaparan de sus recintos. Las distintas versiones de lo sucedido no coinciden por completo: algunas mencionan leones y otras apuntan a un tigre. Con el paso del tiempo, el episodio quedó incorporado al catálogo de desgracias atribuidas a la supuesta maldición del filme.
Otra tragedia afectó a una familia entera y tuvo como punto de partida un vuelo que finalmente no necesitó Gregory Peck. Una escena que debía rodarse en un pequeño aeropuerto fue cancelada, por lo que el avión privado contratado para trasladar al actor quedó disponible. Según las versiones difundidas sobre el incidente, la compañía decidió alquilarlo a otros pasajeros.
El aparato terminó sufriendo un accidente después de encontrarse con una bandada de pájaros. El piloto perdió el control y el avión acabó impactando contra un automóvil en el que viajaban su esposa y sus hijos. Todos fallecieron. Las informaciones sobre el número de personas que iban a bordo del avión no siempre coinciden, circunstancia que ha dificultado establecer un balance definitivo de víctimas. La historia se convirtió en uno de los capítulos más dramáticos de la leyenda que rodea a La profecía.
Sin embargo, existe un accidente posterior que ha quedado especialmente grabado en la memoria de los seguidores del clásico. Su protagonista fue Liz Moore, asistenta y pareja sentimental de John Richardson, el especialista en efectos visuales que trabajó en la película y que desarrollaría después una extensa carrera en producciones de gran presupuesto. Richardson participó, entre otros títulos, en películas de la saga James Bond, en Aliens —por la que ganó el Óscar a los mejores efectos visuales— y en distintas entregas de Harry Potter.
El 13 de agosto de 1976, pocas semanas después del estreno estadounidense de La profecía, Richardson y Moore se encontraban en los Países Bajos trabajando en Un puente muy lejano, la superproducción bélica dirigida por Richard Attenborough. Durante un desplazamiento en automóvil sufrieron una colisión frontal. Richardson sobrevivió prácticamente ileso, pero Moore murió decapitada por un neumático que impactó contra el vehículo.
La coincidencia resultaba espeluznante por una razón muy concreta: Richardson había diseñado una de las secuencias más célebres de La profecía, aquella en la que un sacerdote muere decapitado por una lámina de cristal que se desprende de un camión. La semejanza entre la escena cinematográfica y la muerte de su pareja convirtió el accidente en el episodio más escalofriante de cuantos se han asociado con la película.
A ello se añadió otro detalle que alimentó la leyenda. Según relató Harvey Bernhard en uno de los materiales adicionales publicados con la película en Blu-ray, el accidente ocurrió cerca de una señal que indicaba una distancia de 66,6 kilómetros hasta Lieja. Otras versiones sitúan el número en un cartel relacionado con la localidad de Ommen. La referencia al 666, asociado tradicionalmente al número de la Bestia y convertido en un elemento central de la mitología de The Omen, reforzó el carácter casi sobrenatural que algunos atribuyeron a la tragedia.
Conviene recordar que estas historias han llegado hasta nosotros a través de testimonios, reconstrucciones y versiones que en ocasiones difieren en detalles importantes. Las coincidencias alimentaron una leyenda poderosa, pero no constituyen pruebas de que existiera una maldición real. El interés que despiertan tiene mucho que ver con la inquietante proximidad entre determinados accidentes y las imágenes de una película que ya exploraba el miedo a la presencia del mal en el mundo cotidiano.
Más allá de las desgracias, La profecía permanece como una de las grandes obras del terror de los años setenta. Su fuerza reside en la manera en que Richard Donner construyó una atmósfera de amenaza progresiva, apoyada en interpretaciones sobrias y en una puesta en escena que encontraba el horror en lugares aparentemente normales. Gregory Peck aportó gravedad al personaje de Robert Thorn, mientras Lee Remick transmitió la vulnerabilidad de una madre incapaz de comprender qué está ocurriendo con su hijo.
Y, por supuesto, está Harvey Stephens. Su Damien sigue siendo uno de los grandes aciertos del filme. El actor infantil no necesitaba grandes gestos ni una caracterización aparatosa para resultar perturbador. Una mirada fija, un silencio prolongado o aquella sonrisa apenas insinuada bastaban para sugerir que detrás de la apariencia inocente del niño se escondía algo monstruoso.
La música de Jerry Goldsmith desempeñó un papel fundamental en esa construcción del miedo. Su composición, con el célebre Ave Satani, convirtió las voces corales y los ecos de la liturgia en una experiencia inquietante. El tema obtuvo el Óscar a la mejor banda sonora original y continúa siendo una de las partituras más reconocibles del cine de terror.
¿Y qué fue de Harvey Stephens después de interpretar a Damien? Su carrera cinematográfica fue muy breve. En 1980 participó en el telefilme Gauguin, el salvaje y posteriormente se alejó de los rodajes para desarrollar su vida profesional fuera de la interpretación, pasando por el sector de la seguridad y dedicándose más adelante al inmobiliario. Muchos años después regresó fugazmente al universo de La profecía con una aparición como periodista en la nueva versión estrenada en 2006.
Medio siglo después, el legado de la película sigue creciendo. Sus accidentes reales, las historias transmitidas durante décadas y las interpretaciones sobre una supuesta presencia maligna forman parte de su leyenda popular. Pero el verdadero triunfo de La profecía permanece en la pantalla: una historia capaz de transformar la inocencia infantil en una fuente de terror y de demostrar que, en ocasiones, basta una sonrisa para dejar una huella imborrable en la memoria del espectador.
Autor: Django il bastardi

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