KYLE MACLACHLAN Y EL DESNUDO QUE PAUL VERHOEVEN NO CONSIGUIÓ RODAR EN SHOWGIRLS

 

KYLE MACLACHLAN Y EL DESNUDO QUE PAUL VERHOEVEN NO CONSIGUIÓ RODAR EN SHOWGIRLS

Antes de convertirse en uno de los rostros más reconocibles del universo de David Lynch, Kyle MacLachlan tuvo que abrirse camino en Hollywood hasta encontrar al director que cambiaría para siempre su carrera. La relación entre ambos comenzó con Dune en 1984 y alcanzó su verdadera dimensión dos años después con Terciopelo azul, pero fue Twin Peaks la producción que terminó convirtiéndolo en una estrella internacional.

Décadas después, MacLachlan continúa trabajando con absoluta normalidad. Su trayectoria ha pasado por películas, televisión y grandes producciones de streaming, con títulos como Sexo en Nueva York, Agentes de S.H.I.E.L.D. y, más recientemente, Fallout. Sin embargo, entre todos sus recuerdos profesionales existe uno especialmente peculiar relacionado con Showgirls, la polémica película dirigida por Paul Verhoeven en 1995.

La película nació con grandes expectativas. Verhoeven llegaba después de haber dirigido RoboCop, Desafío total e Instinto básico, mientras el guionista Joe Eszterhas se encontraba en uno de los momentos de mayor poder de Hollywood después del enorme impacto de Instinto básico. La historia, inspirada parcialmente en Eva al desnudo, trasladaba las rivalidades y ambiciones del mundo del espectáculo al universo de los clubes nocturnos de Las Vegas.

Elizabeth Berkley asumió el papel protagonista como Nomi Malone y MacLachlan interpretó a Zack Carey, uno de los personajes masculinos principales de la historia. El argumento estaba rodeado de ambición, sexo, poder y una enorme cantidad de provocación, elementos que Verhoeven manejaba con absoluta libertad.

Precisamente por eso, durante el rodaje surgió una situación que MacLachlan recuerda con especial claridad en sus memorias, Fictional Selves, publicadas recientemente.

La escena en cuestión transcurría junto a una piscina. Verhoeven y el director de fotografía Jost Vacano estaban trabajando en la secuencia cuando el director planteó una idea que el actor consideró completamente fuera de lugar. Verhoeven quería que MacLachlan apareciera completamente desnudo en un plano frontal.

El actor reaccionó inmediatamente.

MacLachlan dejó claro que aquella posibilidad no formaba parte de lo que estaba dispuesto a hacer y que no había autorización contractual para rodar semejante plano. La conversación continuó durante un tiempo, con Verhoeven intentando encontrar una solución que permitiera incorporar la idea a la película.

Incluso llegó a plantear que determinadas características de la escena podrían resolverse posteriormente mediante efectos y montaje. Para MacLachlan, sin embargo, la cuestión estaba clara: podía participar en la secuencia, pero no aceptaría aparecer frontalmente desnudo.

El intérprete no perdió la calma. Mantuvo una actitud cordial con el director, aunque se mantuvo firme en su negativa. Finalmente recurrió a su contrato y el asunto quedó resuelto. La cámara podía seguirle mientras caminaba hacia la piscina, pero desde atrás.

MacLachlan cuenta además en su autobiografía que durante años se ha extendido la idea de que aquella imagen correspondía a un doble de cuerpo. Él mismo se encarga de desmentirlo: la espalda que aparece en la película es la suya.

La anécdota resulta especialmente llamativa porque Verhoeven tenía fama de llevar los límites de sus películas hasta terrenos que otros directores difícilmente se atrevían a explorar. Su cine había demostrado repetidamente una fascinación por el sexo, la violencia, la provocación y las fronteras entre lo comercial y lo transgresor.

En Instinto básico, por ejemplo, consiguió una de las escenas más comentadas de los años noventa cuando Sharon Stone aceptó protagonizar el famoso interrogatorio en el que cruzaba las piernas. La secuencia terminó convirtiéndose en uno de los momentos más reconocibles de la película y en una de las imágenes emblemáticas del cine de aquella década.

Mucho antes, durante su etapa en los Países Bajos, Verhoeven ya había demostrado esa inclinación hacia el tratamiento provocador de la sexualidad. Delicias turcas, protagonizada por Rutger Hauer y Monique van de Ven, había sido estrenada en 1973 y llegó incluso a ser nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

En Showgirls, esa tendencia alcanzó uno de sus puntos más controvertidos. La película estaba concebida alrededor de un ambiente donde los desnudos y las escenas sexuales formaban parte esencial de la historia. Pero MacLachlan estableció desde el principio un límite que el director no consiguió modificar.

El destino de la película fue muy diferente al que probablemente habían imaginado sus responsables. Showgirls recibió una acogida crítica extraordinariamente negativa y su rendimiento comercial tampoco estuvo a la altura de las expectativas. Con el paso del tiempo, sin embargo, la percepción comenzó a cambiar. Aquello que en su estreno fue recibido mayoritariamente como un fracaso terminó convirtiéndose en una película de culto, reivindicada por nuevos espectadores y analizada desde perspectivas muy diferentes.

Para Elizabeth Berkley las consecuencias fueron mucho más duras. La actriz, conocida hasta entonces principalmente por Salvados por la campana, quedó profundamente marcada por la recepción de la película y nunca consiguió consolidar la carrera cinematográfica que muchos habían previsto para ella.

MacLachlan tuvo una suerte muy distinta.

El fracaso de Showgirls apenas alteró su trayectoria. Para entonces ya contaba con una sólida reputación gracias a David Lynch y su carrera continuó creciendo en televisión y cine. Volvería a trabajar con Lynch en diferentes proyectos y su rostro quedaría asociado para siempre al agente Dale Cooper de Twin Peaks, uno de los personajes más recordados de la televisión estadounidense.

Su relación con el director había comenzado con Dune, una producción ambiciosa que no funcionó en taquilla como se esperaba, pero que con los años ha adquirido una importante legión de seguidores. Después llegó Terciopelo azul, una obra fundamental en la filmografía de Lynch que permitió a MacLachlan demostrar una amplitud interpretativa mucho mayor.

Luego apareció Twin Peaks y todo cambió.

El agente Cooper convirtió a MacLachlan en una figura reconocible en todo el mundo y le proporcionó un personaje al que regresaría décadas después cuando Lynch recuperó la serie. A lo largo de los años, el actor consiguió además construir una carrera particularmente sólida en televisión, donde ha encontrado algunos de sus trabajos más recordados.

Por eso, contemplada desde la distancia, la historia de Showgirls resulta curiosa. La película que estuvo a punto de convertirse en uno de los grandes tropiezos de su carrera acabó siendo apenas un episodio dentro de una trayectoria mucho más extensa.

MacLachlan pudo haber quedado asociado exclusivamente a aquella polémica producción, pero ocurrió justo lo contrario. Continuó trabajando con algunos de los nombres más importantes de la televisión y el cine y llegó a nuevas generaciones de espectadores gracias a producciones como Fallout.

Su recuerdo del rodaje de Showgirls, en cambio, ha adquirido ahora una nueva dimensión gracias a Fictional Selves. El actor decidió recuperar aquella experiencia y contar cómo se desarrolló realmente aquella discusión con Verhoeven.

La anécdota demuestra también hasta qué punto las fronteras entre actor y director pueden ponerse a prueba durante un rodaje. Verhoeven tenía una idea concreta para la escena y MacLachlan tenía muy claro dónde terminaba su disposición a participar. Finalmente, el contrato decidió la cuestión.

Y así, mientras Showgirls conserva buena parte de su fama por sus excesos, sus polémicas y su posterior transformación en título de culto, queda también una pequeña historia detrás de las cámaras: la de un actor que decidió que había determinadas cosas que prefería dejar fuera del encuadre.

Una decisión que, muchos años después, Kyle MacLachlan sigue recordando con absoluta claridad.

Autor: Django il bastardi



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