EVA MARIE SAINT, LA RUBIA SEDUCTORA QUE ALFRED HITCHCOCK DESCUBRIÓ EN CON LA MUERTE EN LOS TALONES

 


EVA MARIE SAINT, LA RUBIA SEDUCTORA QUE ALFRED HITCHCOCK DESCUBRIÓ EN CON LA MUERTE EN LOS TALONES

La historia del cine está llena de decisiones de casting que terminan convirtiéndose en auténticos golpes de genialidad. Una de ellas tuvo lugar durante la preparación de Con la muerte en los talones, cuando Alfred Hitchcock buscaba a la actriz capaz de acompañar a Cary Grant en una aventura de espionaje, identidades falsas y atracción peligrosa. El director británico tenía muy claro quién debía encabezar la película, pero encontrar a la mujer adecuada para dar vida a Eve Kendall resultó bastante más complicado.

La elegida acabaría siendo Eva Marie Saint, una intérprete que hasta entonces había destacado por sus personajes dramáticos y su estilo contenido. Hitchcock vio en ella una posibilidad que la propia actriz apenas había imaginado: convertirla en una mujer sofisticada, enigmática y seductora, capaz de desenvolverse con absoluta naturalidad en un mundo donde cada mirada podía ocultar una mentira.

Saint había construido una carrera prometedora gracias a su formación en el Actor’s Studio y a interpretaciones que demostraban su sensibilidad y profundidad. Su trabajo en La ley del silencio, junto a Marlon Brando, le había proporcionado el Oscar a la mejor actriz de reparto, mientras que otras películas, como El árbol de la vida, consolidaban su imagen de intérprete seria, asociada a personajes de considerable intensidad emocional. El desafío consistía en romper aquella imagen sin perder la elegancia que caracterizaba su presencia en pantalla.

Antes de tomar una decisión, Hitchcock había considerado otras posibilidades. Grace Kelly, su rubia predilecta durante varias películas, había abandonado el cine tras su matrimonio con el príncipe Rainiero de Mónaco. Doris Day, Vera Miles y Kim Novak también habían trabajado bajo sus órdenes, pero ninguna parecía reunir exactamente las cualidades que exigía la nueva protagonista. Desde la Metro-Goldwyn-Mayer surgió entonces el nombre de Cyd Charisse, célebre por sus extraordinarias facultades como bailarina y por sus intervenciones en musicales como La bella de Moscú, Brigadoon y Melodías de Broadway. Sin embargo, Hitchcock buscaba una transformación todavía más sorprendente.

El cineasta disfrutaba alterando las expectativas del público y sacando a sus intérpretes de los terrenos en los que se sentían más cómodos. Cary Grant, maestro de la comedia, había demostrado su capacidad para desenvolverse en historias de suspense como Sospecha y Encadenados. Grace Kelly también había explorado registros diferentes bajo su dirección, mientras que Doris Day dejó atrás su imagen musical en El hombre que sabía demasiado. Con Eva Marie Saint podía conseguir un efecto semejante.

El primer encuentro entre ambos tuvo lugar durante una comida en el hotel St. Regis de Nueva York. Hitchcock acudió acompañado por su esposa, Alma Reville, colaboradora fundamental a lo largo de su carrera. No necesitó organizar una prueba convencional ni pedirle a la actriz que interpretara una escena del guion. La conversación y la observación directa le bastaron para estudiar sus modales, su manera de expresarse y la naturalidad con la que se desenvolvía en un ambiente distinguido. Quería comprobar si poseía esa sofisticación discreta que Eve Kendall necesitaba para resultar convincente.

Al terminar el almuerzo, el director ya había tomado una decisión. Le ofreció el papel personalmente y le anunció que compartiría pantalla con Cary Grant y James Mason. La noticia provocó una mezcla de sorpresa y entusiasmo en la actriz, que comprendió de inmediato la oportunidad que se le presentaba. Nada más abandonar el hotel, telefoneó a su marido, el director Jeffrey Hayden, para contarle, entre risas, que Hitchcock la imaginaba como una rubia glamurosa, elegante y seductora.

La preparación del personaje estuvo muy alejada de los procedimientos interpretativos con los que Saint se había formado. Hitchcock prefirió concentrarse en los detalles externos, convencido de que la apariencia, el movimiento y la voz podían definir buena parte de la personalidad de Eve Kendall. Incluso la acompañó a los almacenes Bergdorf Goodman de Nueva York para escoger el vestuario que luciría durante el rodaje. La selección incluía prendas íntimas concebidas para reforzar la seguridad y sensualidad del personaje, aunque nunca llegaran a mostrarse ante la cámara.

Sus instrucciones fueron sorprendentemente sencillas: hablar despacio, bajar ligeramente el tono de voz, evitar los gestos innecesarios y mantener una mirada intensa sobre Cary Grant. Con esas indicaciones, el director buscaba que cada frase pareciera calculada y que cada silencio despertara nuevas sospechas. Eve debía conservar siempre una parte de sí misma fuera del alcance del espectador.

Para Eva Marie Saint, aquella experiencia terminó siendo una de las más agradables de su trayectoria. Mientras algunas actrices que trabajaron con Hitchcock recordaron sus rodajes como experiencias tensas y difíciles, ella evocaba el ambiente de Con la muerte en los talones con especial cariño. También hablaba con entusiasmo de su compañero de reparto, al que consideraba uno de los profesionales más encantadores, divertidos y generosos que había conocido. Cuando le preguntaban cómo había conseguido interpretar con tanta convicción sus escenas románticas con Grant, respondía con humor que no necesitaba ningún método especial: bastaba con ponerse delante de él y dejarse llevar.

El resultado fue una de las grandes parejas cinematográficas del suspense clásico. En la película, la sofisticación de Eve Kendall convive con la incertidumbre, el peligro y una atracción que complica constantemente las intenciones de los protagonistas. Saint aportó al personaje una combinación de inteligencia, serenidad y misterio que encajaba a la perfección con el ritmo vertiginoso de la historia.

La repercusión de aquel trabajo acompañó a la actriz durante décadas y amplió considerablemente su posición dentro de Hollywood al comenzar los años sesenta. Aunque había recibido el Oscar por su primera película, fueron las conversaciones con los espectadores sobre Con la muerte en los talones las que le recordaron repetidamente la huella que había dejado en la memoria colectiva.

Eva Marie Saint siempre consideró que Hitchcock le había hecho un regalo extraordinario al confiarle un papel tan alejado de sus interpretaciones anteriores. Gracias a aquella decisión, el público descubrió una faceta desconocida de la actriz y ella misma comprobó que podía desenvolverse en un registro completamente distinto. Una comida en Nueva York, unas cuantas indicaciones y la intuición de un director bastaron para dar vida a Eve Kendall, una mujer que todavía conserva intacto su poder de fascinación.

Autor: Django il bastardi


Comentarios

  1. Eva Marie Saint, no era tan espectacular como Kim Novak, ni tan elegante como Grace Kelly, pero en Con la muerte en los talones, demuestra tener una gran química con Cary Grant.

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