EL TESTAMENTO SONORO DE UN GENIO: luces y sombras de Abraham Lincoln (1930)

 


EL TESTAMENTO SONORO DE UN GENIO: luces y sombras de Abraham Lincoln (1930)


El año 1930 marcó una frontera irreversible para Hollywood. El cine mudo exhalaba sus últimos suspiros mientras las cámaras, ahora atrapadas en pesadas cabinas insonorizadas, intentaban aprender a hablar. En medio de este terremoto tecnológico, un titán de la era silente decidió levantar la voz para ajustar cuentas con la historia. D.W. Griffith, el hombre que prácticamente inventó el lenguaje cinematográfico moderno, regresaba a la primera línea con su primer largometraje sonoro: Abraham Lincoln.

Esta es la crónica de una producción titánica, nacida como una redención y convertida en el penúltimo suspiro de un director irrepetible.

La redención del pionero

Para entender la existencia de Abraham Lincoln, debemos viajar quince años atrás. En 1915, Griffith conmocionó al mundo con El nacimiento de una nación. Aquella obra maestra técnica arrastraba un pecado original imperdonable: una visión profundamente racista y una glorificación del Ku Klux Klan que persiguió al director durante toda su carrera.

Con Abraham Lincoln, Griffith buscó su particular expiación. Decidió retratar de forma épica y reverencial al hombre que abolió la esclavitud y mantuvo unida a la nación. El filme se concibió como un viaje episódico y emocional: desde el humilde nacimiento de "Honest Abe" en una cabaña de troncos y su trágico romance de juventud con Ann Rutledge, hasta los históricos debates contra Stephen A. Douglas y los tormentosos años de la Guerra de Secesión en la Casa Blanca.

Walter Huston: El gigante que necesitó plataformas

El gran triunfo de la película reside en la arrolladora interpretación de Walter Huston. El actor canadiense dotó al presidente de una humanidad y una melancolía sobrecogedoras. Sin embargo, recrear la imponente figura del prócer estadounidense no estuvo exento de trucos artesanales:

  • Quince centímetros de altura: El verdadero Lincoln medía 1,93 metros. Huston, considerablemente más bajo, tuvo que rodar casi toda la película subido a unas incómodas plataformas de 15 centímetros ocultas en sus zapatos para mantener la escala histórica frente al resto del reparto.

  • Una voz para la posteridad: La cadencia pausada, profunda y rasgada que Huston diseñó para el personaje no solo cautivó a los espectadores de 1930; décadas más tarde, el mismísimo Daniel Day-Lewis reconoció haber estudiado el tono de Huston para preparar su oscarizada interpretación en el Lincoln (2012) de Steven Spielberg.

Secretos de plató y licencias poéticas

Como toda gran producción de los años 30, el rodaje estuvo plagado de excentricidades y dificultades técnicas que hoy harían temblar a cualquier productor moderno.

Por economía o mera audacia, el realizador utilizó al actor E. Alyn Warren para un doble papel histórico fascinante: interpretar al archienemigo político de Lincoln, Stephen Douglas, y más tarde, al mismísimo general Ulysses S. Grant.

El guion también se tomó notables licencias dramáticas en pos del espectáculo. En el clímax de la cinta, Hollywood decidió fusionar la historia: el guion coloca fragmentos del célebre Discurso de Gettysburg casi a las puertas del Teatro Ford, justo antes del fatídico disparo de John Wilkes Booth. Un anacronismo flagrante, pero de una eficacia dramática incuestionable para la época.

El caos detrás de las cámaras

A pesar de su empaque visual, el rodaje fue una auténtica pesadilla. Griffith, un director acostumbrado al control absoluto del cine mudo, se sintió asfixiado por las limitaciones del cine sonoro primitivo. El estrés y la presión del estudio empujaron al realizador al alcoholismo durante las ocho semanas de filmación.

La situación llegó a tal extremo que los ejecutivos del estudio terminaron apartando a Griffith de la sala de montaje. El filme fue recortado, editado y reestructurado sin la supervisión de su creador, privando al público de la visión original del director.

El veredicto del tiempo

Aunque la crítica de 1930 recibió la película con respeto y alabó el trabajo de Huston, el público masivo le dio la espalda. Fue un fracaso comercial que aceleró el declive de Griffith en la industria.

Hoy, casi un siglo después, el MoMA y la Film Foundation han rescatado y restaurado esta joya del dominio público. Abraham Lincoln ya no se ve como un fracaso, sino como un fascinante eslabón perdido: el testamento sonoro de un genio crepuscular que, a pesar de las cadenas del naciente cine hablado, demostró que su cámara aún sabía cómo filmar la historia.

Autor: Jordi Quesada Galdeano


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