EL SIGNO DEL ZORRO (1940). TYRONE POWER SE CONVIERTE EN UN HÉROE DE LEYENDA
EL SIGNO DEL ZORRO (1940).
TYRONE POWER SE CONVIERTE EN UN HÉROE DE LEYENDA
REPARTO: TYRONE POWER, LINDA DARNELL, BASIL RATHBONE, GALE SONDERGAARD, EUGENE PALLETTE, J. EDWARD BROMBERG, MONTAGU LOVE, JANET BEECHER, GEORGE REGAS, FRANK PUGLIA, PEDRO DE CORDOBA, FORTUNIO BONANOVA
DIRECTOR: ROUBEN MAMOULIAN
MÚSICA: ALFRED NEWMAN
PRODUCTORA: 20TH CENTURY FOX
DURACIÓN: 94 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS

El cine clásico tenía una habilidad especial para convertir una historia de aventuras en un espectáculo capaz de conservar su encanto durante décadas. El signo del Zorro, estrenada en 1940 bajo la dirección de Rouben Mamoulian, pertenece de lleno a esa tradición. Tyrone Power se enfunda el antifaz de Don Diego Vega y construye uno de los Zorros más elegantes, carismáticos y divertidos de cuantos ha conocido la pantalla.
La película nos lleva hasta la California de comienzos del siglo XIX, cuando el territorio se encuentra bajo dominio español y el poder está concentrado en manos de quienes utilizan la autoridad para enriquecerse y someter a la población. El gobernador Don Luis Quintero representa esa corrupción que sirve de combustible para la aventura. Frente a él aparece un misterioso justiciero vestido de negro, dispuesto a desafiar a quienes abusan de su posición.
Ese hombre es El Zorro.
Pero la verdadera gracia del personaje reside en que detrás de la máscara se encuentra Don Diego Vega, un joven aparentemente despreocupado que acaba de regresar a California. Su comportamiento resulta tan poco amenazador que quienes lo rodean llegan a considerarlo un hombre afeminado, cobarde y más interesado en la poesía que en los asuntos políticos. Esa fachada se convierte en su mejor arma.
Tyrone Power disfruta enormemente con esa doble personalidad. Como Don Diego, despliega una ironía juguetona y una actitud casi indolente. Cuando se transforma en El Zorro, todo cambia. La postura, la mirada, la voz y, sobre todo, la seguridad con la que maneja la espada convierten al personaje en una figura completamente diferente.
Esa transformación constituye uno de los grandes placeres de la película. El espectador sabe desde el principio quién se encuentra bajo el antifaz, mientras los demás personajes permanecen completamente engañados. La película aprovecha esa ventaja para crear situaciones cómicas y momentos de tensión que funcionan gracias a la enorme diferencia entre ambas identidades.
El Zorro de Tyrone Power posee además una característica que ayuda a explicar su atractivo: disfruta de lo que hace. No se mueve por la pantalla como un héroe solemne y atormentado, sino como alguien que domina perfectamente las reglas del juego y sabe que su ingenio puede resultar tan peligroso como su espada. Sus enfrentamientos con los soldados están llenos de elegancia, movimientos rápidos y una buena dosis de espectáculo.
Rouben Mamoulian imprime a la película un estilo visual muy marcado. La puesta en escena posee una energía extraordinaria y utiliza los espacios, las sombras y los decorados para reforzar la dimensión legendaria del protagonista. El blanco y negro aporta además una textura que beneficia especialmente a las escenas nocturnas y a la aparición del personaje vestido completamente de negro.
La espada tiene una presencia fundamental. Las escenas de esgrima mantienen todavía hoy una sorprendente agilidad, y el enfrentamiento entre El Zorro y sus adversarios se convierte en una especie de danza coreografiada. Cada movimiento parece calculado para que el espectáculo avance con precisión y sin perder nunca el sentido de la aventura.
Pero El signo del Zorro necesita también una historia sentimental, y ahí entra Linda Darnell como Lolita Quintero. La relación entre Lolita y Don Diego permite desarrollar otra faceta del protagonista. Él debe mantener su falsa personalidad mientras intenta conquistarla, provocando situaciones en las que la comedia romántica se mezcla constantemente con la aventura.
Basil Rathbone, como el capitán Esteban Pasquale, aporta un magnífico antagonista. Su presencia encaja perfectamente con el tono de la película y convierte cada enfrentamiento con El Zorro en un duelo entre dos hombres que entienden perfectamente el lenguaje de la espada. Rathbone tenía una extraordinaria capacidad para interpretar personajes aristocráticos, refinados y peligrosos, y aquí vuelve a demostrarlo.
La película también sabe aprovechar el humor. Don Diego es una creación deliberadamente exagerada: alguien que parece incapaz de sostener una espada cuando en realidad es un maestro de la esgrima. Esa contradicción genera buena parte de las situaciones más divertidas y permite que Tyrone Power juegue con su propia imagen de galán cinematográfico.
Resulta especialmente interesante comprobar hasta qué punto el actor se entrega físicamente al personaje. Power combina presencia de estrella con agilidad, elegancia y sentido del ritmo. Necesitaba transmitir autoridad cuando aparecía como El Zorro y, apenas unos minutos después, convertirse en un hombre aparentemente inútil y despistado. El contraste funciona porque el actor domina ambos registros.
La película procede de la tradición literaria creada alrededor de Zorro por Johnston McCulley, pero el cine consigue darle una dimensión propia. El personaje ya había aparecido en distintas producciones antes de esta versión, aunque la interpretación de Tyrone Power contribuyó decisivamente a fijar una imagen cinematográfica del héroe que terminaría convirtiéndose en una referencia para posteriores adaptaciones.
Más allá de las capas, los sombreros, las espadas y las persecuciones, existe una idea sencilla que sostiene toda la aventura: utilizar la inteligencia y el valor para enfrentarse a un poder injusto. El Zorro se convierte en una figura popular porque actúa allí donde quienes sufren los abusos carecen de recursos para defenderse. Su firma, una Z trazada con la espada, funciona como una declaración de principios y como una provocación para sus enemigos.
El encanto de El signo del Zorro también reside en su falta de complejos. Es cine de aventuras en estado puro. Quiere entretener, emocionar, provocar sonrisas y ofrecer duelos espectaculares. Y lo consigue gracias a una combinación muy equilibrada de romance, humor, acción y personajes reconocibles.
Vista desde la perspectiva actual, algunas convenciones pueden resultar propias de su época, pero la película conserva una frescura considerable. La dirección de Mamoulian, la fotografía, la música y el ritmo convierten sus escenas en un auténtico desfile de imágenes propias de un Hollywood que sabía fabricar mitos con una extraordinaria eficacia.
Y en el centro de todo está Tyrone Power. Su Don Diego Vega y su Zorro parecen dos personajes distintos, pero juntos forman una de las interpretaciones más memorables de su carrera. El actor demuestra que podía ser un galán romántico, un aventurero, un comediante y un héroe de acción sin perder nunca su enorme presencia en pantalla.
El signo del Zorro sigue siendo, en definitiva, una película que entiende perfectamente el placer de contar una buena historia de aventuras. Un héroe enmascarado, una espada, un villano, una dama a la que conquistar, una identidad secreta y un protagonista capaz de entrar y salir de dos personalidades con absoluta naturalidad.
Y cuando El Zorro deja su famosa marca sobre el enemigo, queda también la sensación de haber asistido a una pequeña celebración del cine clásico: elegante, divertida, romántica y espectacular. Una película de 1940 que encontró en Tyrone Power al intérprete perfecto para convertir a Don Diego Vega en leyenda.
Autor: Don Hollywood

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