El Secreto de las Aguas: Historia, Mitos y Monstruos en 'Los Abismos de las Bermudas' (1978)

 


El Secreto de las Aguas: Historia, Mitos y Monstruos en 'Los Abismos de las Bermudas' (1978)


En el vasto océano del cine fantástico televisivo de finales de los años 70 y estrenados en los cines de muchos paises del mundo, existe una producción que destaca por su atmósfera magnética y su inusual propuesta estética. Dirigida por el cineasta japonés Tom Kotani (Tsugunobu Kotani), Los abismos de las Bermudas (The Bermuda Depths, 1978) se ha consolidado con el paso de las décadas como una auténtica pieza de culto. Detrás de esta obra se encuentra la célebre productora Rankin/Bass Productions, mundialmente famosa por sus entrañables especiales navideños de animación stop-motion. Con esta película, la compañía se adentró en una de sus pocas y más memorables incursiones en la imagen real, entregando un relato donde el misterio marino se funde con la tragedia romántica y el folclore de monstruos gigantes.

     

Una Tragedia Ligada al Océano

La trama de la película teje un misterio que desafía el paso del tiempo. Todo comienza en las paradisíacas costas de las Bermudas, donde un niño llamado Magnus Dens conoce a una enigmática pequeña, Jennie Haniver. Tras hallar un huevo de tortuga marina en la arena, ambos ven nacer a una criatura con la que juegan habitualmente. Sin embargo, la infancia se interrumpe de forma abrupta: años más tarde, siendo ya jóvenes, Jennie desaparece en la inmensidad del mar agarrada al caparazón de la tortuga, ahora de dimensiones colosales. Ese mismo fatídico día, el padre de Magnus pierde la vida en un extraño incidente dentro de su laboratorio submarino.

Años después del trauma, y tras pasar una temporada ingresado en centros psiquiátricos, Magnus (interpretado por Leigh McCloskey) regresa a la isla decidido a desentrañar la muerte de su progenitor. Allí se reencuentra con su viejo amigo, el científico Eric (encarnado por Carl Weathers), pero también con una misteriosa mujer que afirma ser Jennie. Para asombro de Magnus, ella no parece haber envejecido un solo día. El misterio se torna sombrío al descubrirse que Jennie arrastra una maldición secular: siglos atrás realizó un pacto con el diablo para alcanzar la inmortalidad, quedando ligada para siempre al destino de la tortuga gigante. Esta revelación conduce a la historia hacia un clímax trágico donde se cruzan helicópteros, la colosal criatura y un inevitable descenso a las profundidades de los protagonistas.

El Rodaje: Estrellas en Ciernes y Colaboración Internacional

La producción de Los abismos de las Bermudas dejó un reguero de anécdotas y decisiones creativas que definieron su identidad única. El rodaje se trasladó por completo a los parajes naturales y playas de la isla de las Bermudas, dotando al film de un realismo geográfico que contrastaba con su naturaleza fantástica.

En el plano interpretativo, la película supuso el debut absoluto en la actuación de Connie Sellecca, quien dio vida a la esquiva Jennie Haniver mucho antes de alcanzar la fama televisiva en series como El gran héroe americano o Hotel. Junto a ella, un joven Carl Weathers venía de saborear las mieles del éxito global tras encarnar al icónico Apollo Creed en Rocky (1976), aportando su imponente presencia física al rol del científico Eric.

El impacto de las Bermudas en el equipo fue tal que el coescritor y productor de la cinta, Arthur Rankin Jr., quedó cautivado por el archipiélago durante la filmación, tomando la decisión de mudarse allí de forma definitiva para pasar el resto de su vida.

Entre el Folclore Real y los Archivos Ocultos

Más allá de su narrativa, el largometraje se nutre de mitos marinos auténticos y guiños a la criptozoología de la época. El nombre de la protagonista, Jennie Haniver, no es una invención azarosa: proviene de un término folclórico real que alude a falsos monstruos marinos creados tradicionalmente por los marineros secando y esculpiendo carcasas de rayas para venderlas como sirenas o demonios orientales.

En el apartado técnico y de archivo, la producción dejó detalles de gran interés para los coleccionistas de curiosidades cinematográficas:

  • Efectos de Sonido Compartidos: Los desgarradores gritos emitidos por la tortuga gigante se crearon utilizando cantos reales de ballenas. Años más tarde, la productora Toho reutilizaría estos mismos registros sonoros en la película japonesa Godzilla vs. Biollante.

  • La Escena Censurada: Durante años, los espectadores de la versión original en VHS se perdieron una secuencia ambientada en una gruta, donde se insinuaba un encuentro íntimo entre Magnus y Jennie; una escena cortada en su distribución comercial inicial.

  • Criptozoología en Pantalla: Durante las escenas de investigación científica, se muestra de forma explícita una fotografía real de la carcasa del Zuiyo-maru. Se trataba de los restos de un tiburón peregrino atrapado por un pesquero japonés en 1977, un hallazgo que en la década de los 70 desató una enorme controversia científica al creerse erróneamente que correspondía a un plesiosaurio superviviente.

Acompañada por una banda sonora de tintes fantasmagóricos y un tema de amor profundamente nostálgico, la película utiliza la imponente figura de la tortuga como una clara metáfora visual de la obsesión humana y los traumas del pasado. Una obra cuya memoria sigue viva en la memoria colectiva de toda una generación que quedó fascinada frente al televisor.

Autor: Don Hollywood


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