El monstruo que no quería serlo: Tras los pasos de "The Abominable Snowman" (1957)

 


El monstruo que no quería serlo: Tras los pasos de "The Abominable Snowman" (1957)


El cine de monstruos de los años cincuenta estuvo plagado de criaturas radioactivas, alienígenas hostiles y bestias insaciables que devoraban ciudades. Sin embargo, en 1957, la legendaria productora británica Hammer Films decidió desmarcarse de la norma. Bajo la hábil dirección de Val Guest, The Abominable Snowman (titulada en Estados Unidos como The Abominable Snowman of the Himalayas) llegó a las salas para ofrecer algo inaudito en la época: un monstruo con alma y un profundo mensaje ecologista.

Un origen perdido en las ondas de la BBC

Antes de convertirse en un clásico de la pantalla grande, la historia nació en la televisión. El célebre guionista Nigel Kneale escribió un teleplay para la BBC titulado The Creature (1955). Aquella emisión se realizó en riguroso directo y, desgraciadamente, al igual que ocurrió con muchas joyas televisivas de la época, se perdió para siempre por la falta de grabaciones.

Por fortuna, la Hammer vio el potencial de la obra. Para su adaptación cinematográfica, no solo mantuvieron el libreto de Kneale, sino que rescataron a parte del elenco original. Entre ellos destacaba un actor que estaba a punto de cambiar la historia del cine de terror: Peter Cushing, acompañado por el veterano Arnold Marle en el papel del enigmático Lama.

Ciencia contra codicia en el techo del mundo

La trama de la película nos plantea un choque ideológico en mitad de la nada. Por un lado, tenemos al Dr. John Rollason (Peter Cushing), un botánico idealista guiado por la pura curiosidad científica. Por el otro, a Tom Friend (Forrest Tucker), un expedicionario estadounidense sin escrúpulos que solo busca la fama y el dinero que le otorgaría exhibir a la criatura como un fenómeno de circo.

Juntos se adentran en las peligrosas cumbres del Himalaya. Lo que encuentran allí no es una bestia salvaje, sino una especie inteligente, pacífica y en peligro de extinción que se oculta de la humanidad. El verdadero horror comienza cuando el grupo asesina a un Yeti; a partir de ese momento, las criaturas inician un acoso telepático contra el campamento, no por venganza, sino para recuperar el cuerpo de su congénere. En este filme, el verdadero monstruo viste de botas y carga un rifle: es el propio ser humano.

Cámaras congeladas y choques creativos

El rodaje de The Abominable Snowman estuvo lleno de anécdotas que forjaron su identidad. Para recrear la inmensidad del Himalaya, el equipo no se quedó en la comodidad de un set de rodaje; viajaron al Observatorio del Pic du Midi de Bigorre, en los Pirineos franceses. Allí sufrieron temperaturas extremas que llegaron a congelar y averiar las cámaras de la delegación francesa. Curiosamente, las robustas cámaras británicas Newman-Sinclair del equipo de Guest resistieron el frío extremo sin pestañear.

Detrás de las cámaras también hubo tormenta, pero de ideas. Val Guest y Nigel Kneale chocaron constantemente debido a la visión de la criatura. Guest, buscando maximizar la tensión psicológica, insistía en mantener al Yeti entre las sombras y sugerir más que mostrar. Kneale, por su parte, exigía mostrar al ser por completo para que el público empatizara con su naturaleza inofensiva. El resultado final fue un equilibrio perfecto: la atmósfera opresiva de Guest combinada con el trasfondo humanista de Kneale.

El bautizo del mito y el nacimiento de una era

Una de las grandes curiosidades de la película reside en el propio nombre de la criatura. El término "Abominable Hombre de las Nieves" no proviene de la mitología sherpa, sino de un error de traducción periodística. Años atrás, tras una expedición al Everest, un periodista británico tradujo erróneamente la palabra tibetana metoh (que significa "hombre-oso") primero como "sucio" y, finalmente, como "abominable". El cine se encargó de perpetuar el error para siempre.

Para la historia del cine, The Abominable Snowman supuso una primera piedra fundamental: fue la primera de las más de 20 colaboraciones entre Peter Cushing y la Hammer. Aunque The Curse of Frankenstein se estrenó unos meses antes y eclipsó este título, la película del Yeti demostró que la Hammer no solo sabía hacer pasar miedo, sino que también era capaz de rodar obras inteligentes, maduras y con un mensaje que, casi setenta años después, sigue estando de total actualidad.

Autor: Don Hollywood



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