EL MILAGRO MEXICANO DE UN AMOR LOCO: El Viaje de ‘Abismos de Pasión’ de Luis Buñuel.

 


EL MILAGRO MEXICANO DE UN AMOR LOCO: El Viaje de ‘Abismos de Pasión’ de Luis Buñuel.


El cine está lleno de obsesiones temporales. Proyectos que nacen en la juventud de un creador y maduran en su mente durante décadas hasta que, por fin, encuentran la luz. Ese es el caso exacto de Abismos de pasión (1953), la visceral adaptación que Luis Buñuel realizó de Cumbres Borrascosas, la inmortal novela de Emily Brontë. Lejos del frío páramo británico, el genio de Calanda trasladó este clásico al árido y asfixiante paisaje del México del siglo XIX, legando a la historia del celuloide una de las intrahistorias más fascinantes del cine de oro mexicano.

El Sueño de la Residencia de Estudiantes

Para rastrear el origen de esta producción no hay que viajar a los Estudios Tepeyac de Ciudad de México, sino a la vibrante Madrid de los años veinte. Fue en la mítica Residencia de Estudiantes donde un joven Luis Buñuel devoró la obra de Brontë. Aquella historia de magnetismo, destrucción y pasiones desatadas encajaba a la perfección con el manifiesto del amour fou (el amor loco) que profesaba el grupo surrealista.

Tanto caló la novela en el director que, junto a sus compañeros de vanguardia en Francia, intentó levantar el proyecto cinematográfico por primera vez hacia 1930. Sin embargo, la falta de financiación y los vaivenes políticos de la época sepultaron el libreto en un cajón durante más de veinte años.

El Azar de la Industria Mexicana

La oportunidad llegó de la forma más imprevista en la primavera de 1953. El productor Óscar Dancigers tenía bajo contrato a tres de las estrellas del momento: Jorge Mistral, Irasema Dilián y Lilia Prado. Necesitaba un vehículo cinematográfico para lucirlos antes de que expiraran sus contratos y le propuso la dirección a Buñuel.

El aragonés vio la rendija abierta y rescató su viejo guion. La producción se puso en marcha a contrarreloj, trasladando al equipo técnico a la imponente hacienda San Francisco Cuadra, en el estado de Guerrero, cerca de Taxco. Allí, el misticismo gótico original se transformó en un melodrama rural mexicano, violento y sudoroso, donde el peso de la herencia y las implacables barreras de clase sustituyeron a la niebla inglesa.

Secretos de un Rodaje a Contracorriente

Como toda obra de Buñuel, Abismos de pasión esconde un ramillete de peculiaridades que configuran su leyenda:

  • Un nombre impuesto: El director detestaba el título comercial de la película. Consideraba que Abismos de pasión era una etiqueta "espantosamente melodramática" que no hacía justicia a la sobriedad psicológica que él buscaba imprimir en la pantalla.

  • La mirada del autor: A pesar del enorme cariño que procesaba al texto original, Buñuel llegó a calificar el resultado final de la película como "sumamente discutible" en sus memorias. El cineasta sentía que el reparto impuesto por las dinámicas del estudio no terminaba de encajar con el aura sombría que requería la tragedia de Alejandro y Catalina.

  • Sin espacio para el más allá: Fiel a su escepticismo y a su lucha contra el sentimentalismo burgués, Buñuel eliminó por completo el famoso final fantasmal y onírico de la novela. En su lugar, diseñó un desenlace puramente terrenal, seco y desprovisto de cualquier redención romántica edulcorada.

A más de siete décadas de su filmación, Abismos de pasión permanece en la filmografía buñueliana como el testimonio de un empeño personal; el reflejo de cómo un director vanguardista fue capaz de doblegar las estructuras de un cine comercial para filmar, de la manera más cruda posible, las heridas abiertas del deseo.

Autor: Don Hollywood



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