EL JOVEN EDISON (1940). EL NACIMIENTO DE UN INVENTOR CONTADO CON EL CORAZÓN



 EL JOVEN EDISON (1940).

EL NACIMIENTO DE UN INVENTOR CONTADO CON EL CORAZÓN



REPARTO: MICKEY ROONEY, FAY BAINTER, GEORGE BANCROFT, VIRGINIA WEIDLER, EUGENE PALLETTE, SPENCER TRACY, CLEM BEVANS, LLOYD CORRIGAN

DIRECTOR: NORMAN TAUROG

MÚSICA: EDWARD WARD

PRODUCTORA: METRO GOLDWYN MAYER

DURACIÓN: 86 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Convertir la infancia de Thomas Alva Edison en una película significaba enfrentarse a un personaje cuya fama podía eclipsar cualquier aventura cinematográfica. En El joven Edison, Clarence Brown decide mirar hacia atrás y recuperar al muchacho que existió antes del inventor célebre, cuando la curiosidad, la imaginación y una enorme capacidad para meterse en problemas todavía estaban buscando su lugar en el mundo. Y para encarnarlo eligió a Mickey Rooney, una de las grandes estrellas juveniles del Hollywood de su tiempo.


Rooney afronta el personaje con una energía contagiosa. Su Edison es inquieto, testarudo, impulsivo y extraordinariamente curioso. Tiene esa clase de imaginación que convierte cualquier objeto cotidiano en una posible máquina y cualquier misterio en una invitación a investigar. El joven protagonista vive en un entorno familiar en el que sus extravagancias pueden resultar difíciles de comprender, pero también encuentra personas capaces de reconocer que detrás de aquel comportamiento existe una mente diferente.

La película construye buena parte de su encanto alrededor de esa relación entre el muchacho y su familia. Spencer Tracy, en el papel de Samuel Edison, aporta una sobriedad que contrasta con la vitalidad de Rooney. La figura paterna representa el sentido práctico, las preocupaciones cotidianas y la necesidad de mantener los pies en el suelo, mientras que Thomas parece vivir permanentemente varios pasos por delante de quienes le rodean.

Ese contraste proporciona algunos de los momentos más cálidos de la película. Edison aparece como un chico que necesita comprender cómo funcionan las cosas y que se resiste a aceptar las respuestas fáciles. Su curiosidad puede generar problemas, pero también se convierte en el motor de su aprendizaje. La película insiste en esa idea con una claridad propia del cine clásico: la inteligencia necesita libertad para crecer y la imaginación puede ser una herramienta tan poderosa como cualquier educación convencional.

Mickey Rooney entiende perfectamente el tono. Su interpretación tiene un componente de travesura permanente, pero también sabe mostrar la vulnerabilidad de un niño que todavía no posee las herramientas necesarias para enfrentarse al mundo adulto. Hay momentos en los que el personaje parece capaz de solucionar cualquier problema y otros en los que queda claro que sigue siendo un muchacho que necesita protección y afecto.

Clarence Brown rueda la historia con la elegancia característica del Hollywood clásico. La puesta en escena tiene una apariencia luminosa y accesible, y la narración avanza con la seguridad de las producciones de estudio de aquella época. No existe una obsesión por reconstruir cada detalle histórico con precisión documental. El objetivo es otro: construir un retrato atractivo del joven Edison y convertir sus primeros años en una aventura familiar.

Esa decisión puede resultar evidente para el espectador contemporáneo. El joven Edison pertenece a una época en la que las biografías cinematográficas tendían a buscar personajes ejemplares. La película presenta a Edison como un muchacho destinado a hacer grandes cosas y subraya constantemente aquellas características que posteriormente asociaríamos con el inventor: perseverancia, curiosidad, capacidad de observación y voluntad para experimentar.

En ese sentido, la película funciona mejor cuando se centra en el ser humano que cuando intenta anticipar al mito. Ver al futuro inventor enfrentarse a los pequeños obstáculos de la infancia resulta más interesante que contemplar una sucesión de acontecimientos destinados a recordarnos constantemente que estamos ante un genio.

Uno de los grandes aciertos está precisamente en mostrar que el talento no aparece de repente convertido en genialidad. Edison aprende equivocándose, insiste cuando algo sale mal y vuelve a intentarlo cuando los demás ya han perdido la paciencia. La película encuentra ahí su mensaje fundamental: detrás de cualquier gran descubrimiento existe una larga colección de pruebas, errores y fracasos.

También resulta interesante la forma en que el filme aborda la relación entre Edison y el mundo escolar. La enseñanza tradicional aparece enfrentada a una personalidad que necesita experimentar por su cuenta. La escuela puede ofrecer conocimientos, pero el muchacho necesita además descubrir cómo aplicar aquello que aprende. La película convierte esa tensión en uno de los motores de su personalidad.

Rooney aporta una enorme simpatía a todo el conjunto. Su interpretación consigue que incluso los momentos más moralizantes resulten llevaderos. El actor poseía una capacidad extraordinaria para llenar la pantalla y aquí vuelve a demostrar por qué se había convertido en uno de los intérpretes juveniles más importantes de Hollywood. Hay espontaneidad en sus gestos, velocidad en sus diálogos y una mirada que transmite constantemente la sensación de que algo está a punto de ocurrir.

El joven Edison quizá resulte demasiado amable para quienes busquen una biografía rigurosa o un retrato complejo del inventor. La película idealiza considerablemente a su protagonista y simplifica determinados aspectos de su vida para adaptarlos a las necesidades de una narración familiar. Pero juzgarla únicamente desde esa perspectiva sería perder de vista aquello que pretende conseguir.

Su verdadero interés está en el espíritu de una época cinematográfica en la que Hollywood sabía contar historias de personajes extraordinarios con una enorme sencillez. No necesita grandes efectos ni complicadas estructuras narrativas. Le basta con un muchacho curioso, una familia que intenta comprenderlo y una sucesión de situaciones que permiten descubrir poco a poco la personalidad que se esconde detrás del futuro inventor.

Vista hoy, la película posee además el atractivo de contemplar a Mickey Rooney en plena juventud, cuando su talento y su popularidad se encontraban en uno de sus momentos de mayor esplendor. Rooney consigue que Thomas Edison resulte cercano, incluso cuando el guion insiste demasiado en convertirlo en un pequeño genio predestinado.

El joven Edison funciona, en definitiva, como una entrañable pieza del cine biográfico clásico. Su Edison no pretende ser un personaje lleno de contradicciones, sino un muchacho apasionado por descubrir cómo funciona el mundo. Y ahí reside buena parte de su encanto. Antes de convertirse en una figura histórica, antes de las patentes, los laboratorios y los grandes inventos, hubo un niño que hacía preguntas constantemente y que se negaba a aceptar que algo fuera imposible simplemente porque nadie había encontrado todavía la manera de hacerlo.

Ese es el Edison que interpreta Mickey Rooney: un muchacho con los bolsillos llenos de ideas y la cabeza funcionando a toda velocidad. Quizá la película simplifique su historia, pero consigue transmitir algo esencial sobre la curiosidad que mueve a los inventores. Y cuando aparecen los títulos de crédito finales, queda la agradable sensación de haber acompañado durante un rato al futuro genio en el momento más fascinante de cualquier gran historia: cuando todavía nadie sabe hasta dónde puede llegar.

Autor: Don Hollywood



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