EL CONFLICTO DE LOS HERMANOS MARX (1930). LA LOCURA PERFECTA DE LOS HERMANOS MARX
EL CONFLICTO DE LOS HERMANOS MARX (1930).
LA LOCURA PERFECTA DE LOS HERMANOS MARX
REPARTO: GROUCHO MARX, HARPO MARX, CHICO MARX, ZEPPO MARX, LILLIAN ROTH, MARGARET DUMONT, LOUIS SORIN, HAL THOMPSON, MARGARET IRVING
DIRECTOR: VICTOR HEERMAN
MÚSICA: BERT KALMAR, HARRY RUBY
PRODUCTORA: PARAMOUNT PICTURES
DURACIÓN: 97 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Una mansión llena de invitados, una aristocracia entregada al lujo, una obra de arte que cambia de manos y cuatro hermanos dispuestos a dinamitar cualquier intento de mantener el orden. El conflicto de los Marx, estrenada en 1930 bajo la dirección de Victor Heerman, representa una de las primeras grandes demostraciones del talento de los Marx para convertir una situación aparentemente elegante y civilizada en un campo de batalla para el absurdo.
La película parte de una recepción organizada por la señora Rittenhouse, interpretada por Margaret Dumont, una mujer de la alta sociedad que pretende ofrecer una velada refinada alrededor de un cuadro de gran valor. Todo debería desarrollarse con la solemnidad propia de una reunión entre personas distinguidas. Entonces aparece el capitán Jeffrey T. Spaulding, encarnado por Groucho Marx, y cualquier posibilidad de normalidad queda inmediatamente sentenciada.
Groucho entra en escena con ese bigote pintado, el puro entre los dedos, la mirada insolente y una colección de frases capaces de convertir una conversación educada en una demolición verbal. Spaulding es uno de esos personajes que Groucho parecía haber inventado para sí mismo: un aventurero extravagante, descarado, egoísta y completamente impermeable a las normas sociales. Cada diálogo se convierte en una oportunidad para atacar la lógica de quienes le rodean.
Frente a él aparece Margaret Dumont, una de las grandes víctimas cinematográficas del humor de Groucho. La actriz interpreta a la señora Rittenhouse con una dignidad que hace todavía más divertidos los ataques que recibe. Dumont entendía perfectamente el juego. Su aparente desconcierto ante las barbaridades de Groucho proporciona a las escenas una tensión cómica extraordinaria.
Pero reducir El conflicto de los Marx a Groucho sería quedarse únicamente con una parte de la función. Chico y Harpo convierten la película en una maquinaria de caos físico que funciona con una precisión sorprendente. Chico, con su particular manera de retorcer el lenguaje, convierte cada conversación en un laberinto de dobles sentidos y juegos de palabras. Harpo, en cambio, ni siquiera necesita hablar. Su silencio resulta más destructivo que cualquier discurso.
Harpo es probablemente el personaje más imprevisible de la película. Su presencia física parece inocente hasta que comienza a registrar bolsillos, perseguir mujeres, manipular objetos o intervenir en una conversación siguiendo una lógica exclusivamente suya. La cámara puede permanecer unos segundos sobre él y ya sabemos que algo está a punto de ocurrir.
Zeppo Marx completa el cuarteto con una presencia más convencional y funciona como contrapunto frente a la extravagancia de sus hermanos. Su papel tiene menos protagonismo cómico, aunque su participación ayuda a construir la estructura de una película que combina enredos, romance, música y humor disparatado.
Uno de los grandes aciertos de El conflicto de los Marx consiste en su ritmo. Las situaciones se suceden con una velocidad que puede resultar vertiginosa para el espectador actual, pero detrás de esa aparente anarquía existe una maquinaria perfectamente organizada. Los personajes entran y salen de las habitaciones, los secretos se acumulan, los cuadros desaparecen, las identidades se confunden y las conversaciones terminan convertidas en auténticos combates verbales.
El robo del cuadro funciona como uno de los motores principales de la trama, aunque pronto queda claro que la historia sirve principalmente como excusa para reunir a los Marx en un espacio donde puedan desplegar todo su repertorio. La lógica argumental queda constantemente sometida a las necesidades de la comedia y esa decisión forma parte de su encanto.
La película conserva además una energía teatral evidente. Procede de la obra de Broadway protagonizada por los propios Marx y se nota en determinadas secuencias, especialmente en los largos intercambios de diálogo y en algunos números musicales. Sin embargo, el lenguaje cinematográfico permite ampliar el terreno de juego y aprovechar las posibilidades del montaje, los espacios y la presencia física de los actores.
Uno de los momentos más memorables llega con la famosa interpretación de "Hooray for Captain Spaulding", una canción que quedó asociada para siempre a Groucho y que resume perfectamente el espíritu de la película. El capitán Spaulding ha regresado de África convertido en una celebridad, pero su comportamiento demuestra que la palabra "civilización" puede tener significados muy diferentes dependiendo de quién la pronuncie.
Victor Heerman mantiene el conjunto en movimiento sin intentar domesticar demasiado la personalidad de los protagonistas. Esa decisión resulta fundamental. Los Marx necesitan libertad para saltar de una situación a otra, romper el tono de una escena y llevar una conversación hasta un lugar completamente inesperado.
Vista casi un siglo después, El conflicto de los Marx conserva una cualidad muy particular: su humor sigue teniendo capacidad para sorprender. Algunas referencias pertenecen inevitablemente a su época y determinados pasajes poseen un ritmo teatral que delata su origen, pero la personalidad de los cuatro hermanos permanece intacta.
Groucho continúa siendo una fuerza de la naturaleza. Chico juega con las palabras hasta hacerlas irreconocibles. Harpo convierte el silencio en un arma cómica y Zeppo aporta el contrapunto necesario para que el caos pueda desarrollarse a su alrededor. Juntos forman una combinación que difícilmente podría repetirse.
El conflicto de los Marx es, en definitiva, una celebración del humor entendido como subversión. La película entra en una mansión elegante y empieza a desmontarla habitación por habitación, conversación por conversación, hasta dejar claro que ninguna norma social está a salvo cuando Groucho, Chico, Harpo y Zeppo deciden ponerse manos a la obra.
Y quizá ahí reside su encanto perdurable. Casi cien años después, los Marx siguen teniendo la capacidad de entrar en pantalla y hacer que el mundo parezca durante un rato un lugar mucho más absurdo, imprevisible y divertido.
Autor: Don Hollywood


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