EL ANGEL AZUL (1930). LA CAIDA DE UN HOMBRE FRENTE AL DESEO.

 


EL ANGEL AZUL (1930).

LA CAIDA DE UN HOMBRE FRENTE AL DESEO.

REPARTO: MARLENE DIETRICH, EMIL JANNINGS, KURT GERRON, EDUARD VON WINTERSTEIN, ROSA VALETTI, HANS ALBERS

DIRECTOR: JOSEF VON STERNBERG 

MÚSICA: FRIEDRICH HOLLANDER, ROBERT LIEBMANN,FRANZ WAXMAN

PRODUCTORA: UFA 

DURACIÓN: 107 min.

PAÍS: ALEMANIA

Un escenario cargado de humo, luces gastadas, risas que esconden cierta crueldad y una mujer que entra en escena sabiendo perfectamente el poder que ejerce sobre quienes la contemplan. Así comienza la fascinación de El ángel azul, una película de 1930 dirigida por Josef von Sternberg que permanece intacta porque entiende algo esencial sobre la naturaleza humana: todos podemos construir una vida perfectamente ordenada hasta que aparece aquello que deseamos y nos obliga a contemplar nuestras propias debilidades.

La historia sigue al profesor Immanuel Rath, interpretado magistralmente por Emil Jannings, un hombre rígido, respetable y profundamente aferrado a las normas. Su existencia transcurre entre las aulas, los libros y una autoridad que parece indiscutible. La preocupación por algunos de sus alumnos, que frecuentan el cabaret conocido como El ángel azul, le conduce hasta aquel lugar de mala reputación. Allí descubre a Lola-Lola, una cantante interpretada por Marlene Dietrich que, desde su primera aparición, parece adueñarse de la pantalla.

Dietrich construye uno de esos personajes que cambian para siempre la imagen de una actriz. Lola-Lola canta, provoca, sonríe y observa. Su sensualidad no necesita grandes gestos porque la cámara de von Sternberg sabe encontrarla en una mirada, en un movimiento de las piernas, en la manera de inclinar la cabeza o en esa voz ligeramente ronca que parece arrastrar al profesor hacia un territorio del que difícilmente podrá regresar. Cuando interpreta "Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt", la película alcanza una de sus cimas y Dietrich queda convertida en una presencia cinematográfica difícil de olvidar.

Rath comienza intentando ejercer sobre Lola-Lola la misma autoridad que utiliza en el aula. Pronto descubre que aquel mundo funciona con otras reglas. Lo que inicialmente parece una investigación moral acaba transformándose en una obsesión. El profesor se enamora, abandona progresivamente su posición social y termina casándose con la artista. A partir de ahí comienza una degradación que von Sternberg contempla con una mezcla de fascinación, ironía y tristeza.

Lo extraordinario de El ángel azul reside precisamente en la manera en que convierte una historia de deseo en una tragedia sobre la pérdida de identidad. Rath va desprendiéndose poco a poco de todo aquello que había construido durante años. Su prestigio, su autoridad, su dignidad y finalmente su propia imagen quedan arrasados por una relación que inicialmente había contemplado como una simple desviación moral.

Emil Jannings ofrece una interpretación descomunal. Su transformación resulta incómoda porque el espectador presencia cada paso hacia el abismo. El actor consigue que la humillación resulte física, casi palpable. El profesor que al principio camina con seguridad por los pasillos termina convertido en una figura grotesca, atrapada en un escenario que antes le parecía ajeno. Su cuerpo cuenta la historia incluso cuando apenas pronuncia una palabra.

Von Sternberg filma ese descenso con una elegancia visual extraordinaria. Las sombras, los decorados, los primeros planos y el ambiente del cabaret crean una atmósfera turbia que parece envolver progresivamente al protagonista. El espacio de El ángel azul funciona casi como una trampa. Una vez que Rath cruza sus puertas, algo empieza a romperse dentro de él.

Marlene Dietrich, mientras tanto, domina cada plano en el que aparece. Lola-Lola posee una ambigüedad fascinante porque nunca necesitamos conocer completamente sus sentimientos para comprender su magnetismo. Puede ser cruel, juguetona, indiferente o seductora en cuestión de segundos. Dietrich convierte al personaje en una criatura escénica que parece pertenecer a un mundo distinto del profesor.

La película también resulta sorprendentemente moderna en su tratamiento del deseo y de la respetabilidad. Rath teme el juicio de los demás, pero al mismo tiempo parece incapaz de escapar de aquello que lo atrae. La sociedad que lo rodea observa, murmura y finalmente disfruta de su caída. El escándalo se convierte en espectáculo y la humillación en entretenimiento.

El final posee una fuerza devastadora. El regreso de Rath al lugar donde todo comenzó cierra el círculo de una historia en la que la pasión ha terminado destruyendo aquello que pretendía conquistar. La tragedia no llega mediante grandes discursos. Llega lentamente, casi en silencio, mientras el personaje comprende demasiado tarde lo que ha perdido.

El ángel azul conserva después de casi un siglo una capacidad perturbadora para incomodar y fascinar. Su blanco y negro, sus canciones, sus ambientes nocturnos y su estética expresionista forman parte de una época concreta, pero las emociones que maneja siguen siendo reconocibles. La película habla del deseo, de la obsesión, de la vergüenza, del poder de la mirada ajena y de esa peligrosa fascinación que puede convertir una aventura en una condena.

Y queda Marlene Dietrich. Queda su voz, su mirada, su presencia y aquella manera de ocupar el escenario como si el resto del mundo hubiera desaparecido. Con Lola-Lola nació una estrella internacional y el cine descubrió una de esas figuras capaces de trascender una película para convertirse en mito.

El ángel azul sigue siendo una experiencia cinematográfica hipnótica y amarga. Una obra en la que el deseo entra por la puerta de un cabaret y termina llevándose por delante toda una vida. Casi un siglo después, su poder permanece intacto.

Autor: Don Hollywood



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