ALDO SAMBRELL, EL ROSTRO ESPAÑOL QUE SE CONVIRTIÓ EN VILLANO UNIVERSAL DEL SPAGHETTI WESTERN

 


ALDO SAMBRELL, EL ROSTRO ESPAÑOL QUE SE CONVIRTIÓ EN VILLANO UNIVERSAL DEL SPAGHETTI WESTERN

Nacimiento: 23 de febrero de 1931, Vallecas, Madrid, España.
Fallecimiento: 10 de julio de 2010, Alicante, España.
Edad: 79 años.
Causa de la muerte: infarto cerebral, después de sufrir varios accidentes cerebrovasculares.

Aldo Sambrell fue uno de esos actores cuya presencia podía cambiar el tono de una película con apenas unos segundos en pantalla. Rostro anguloso, mirada dura, físico imponente y una capacidad extraordinaria para transmitir amenaza hicieron de él uno de los grandes secundarios del cine europeo de género. Su nombre quizá no alcanzó en España la popularidad de otros intérpretes de su generación, pero su rostro viajó por medio mundo y quedó asociado para siempre al spaghetti western, especialmente a las películas de Sergio Leone.

Detrás de Aldo Sambrell se encontraba Alfredo Sánchez Brell, nacido en Vallecas el 23 de febrero de 1931. Su infancia estuvo marcada por la Guerra Civil española y por el exilio de su familia. Su padre, Francisco Sánchez, militar, tuvo que marcharse a México, país al que Alfredo viajaría siendo todavía un niño para reunirse con él.

Aquel viaje terminaría cambiando por completo el rumbo de su vida.

México se convirtió durante años en su segundo hogar. Allí comenzó a relacionarse con el mundo del espectáculo y llegó a cantar rancheras bajo el nombre de Alfredo de Ronda. La música fue uno de sus primeros contactos profesionales con el escenario, pero la interpretación acabaría despertando una vocación todavía más profunda.

También estudió Arte Dramático y durante aquellos años llegó a conocer al escritor José Recek Saade, quien le recomendó trasladarse a Estocolmo para continuar su formación teatral. En Suecia llegó incluso a someterse a una operación contra la alopecia que le dejó una cicatriz visible en el rostro. Aquella marca, lejos de perjudicar su futura carrera, terminaría formando parte de una fisonomía cinematográfica absolutamente reconocible.

Pero antes de convertirse en pistolero, bandido, mercenario o matón de película, Sambrell tuvo otra profesión completamente distinta: futbolista.


DE FUTBOLISTA PROFESIONAL A ACTOR DE CINE

El deporte ocupó una parte importante de su juventud. En México jugó al fútbol profesional con el Puebla, donde era conocido como Madrileño Sánchez, y posteriormente militó en el Monterrey. Llegó a disputar tres temporadas en la Primera División mexicana y formó parte del equipo de Monterrey que consiguió ascender a la máxima categoría.

A su regreso a España continuó jugando. Pasó por el Alcoyano y posteriormente llegó al Rayo Vallecano, donde disputó partidos en Segunda División durante la temporada 1959-1960. Finalmente decidió colgar las botas y concentrarse en la interpretación.

El cambio de profesión no fue casual. El cine llevaba tiempo rondando su imaginación y, además, había descubierto que su físico podía abrirle las puertas de un género que estaba empezando a convertirse en una auténtica industria en España: el western europeo.

Fue entonces cuando apareció en su vida Rafael Romero Marchent, uno de los nombres esenciales del western español. El director necesitaba intérpretes capaces de montar a caballo y Sambrell aseguró que sabía hacerlo. En realidad, apenas tenía experiencia con los caballos, pero aprendió rápidamente y consiguió hacerse un hueco.

Su debut cinematográfico llegó a comienzos de los años sesenta. Apareció en Rey de reyes (1961), aunque su participación fue muy pequeña, y posteriormente intervino en Atraco a las tres, de José María Forqué, estrenada en 1962.

A partir de ahí comenzó una carrera que acabaría siendo extraordinariamente prolífica.


EL NACIMIENTO DE UN VILLANO

Su primer contacto importante con el western llegó con Tres hombres buenos, dirigida por Rafael Romero Marchent en 1963. El género estaba comenzando a desarrollarse con fuerza en España y las localizaciones españolas ofrecían paisajes capaces de convertirse en cualquier territorio del Oeste americano.

Sambrell encajaba perfectamente.

Su aspecto físico, su mirada y aquella característica cicatriz le proporcionaban una presencia que los directores podían aprovechar inmediatamente. No necesitaba grandes diálogos para resultar amenazador. Bastaba con colocarle junto a un grupo de pistoleros para que el espectador supiera que algo malo estaba a punto de ocurrir.

Durante los años siguientes apareció en una cantidad impresionante de producciones. El sabor de la venganza, Los pistoleros de Casa Grande, Fuera de la ley, La tumba del pistolero, Fuerte perdido, Relevo para un pistolero y numerosas coproducciones italianas y españolas fueron ampliando su experiencia.

Y entonces llegó Sergio Leone.

SERGIO LEONE Y LA TRILOGÍA DEL DÓLAR

La relación entre Aldo Sambrell y Sergio Leone constituye uno de los capítulos fundamentales de su carrera.

Sambrell tuvo pequeñas intervenciones en las tres películas que forman la célebre trilogía del dólar: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966).

Trabajar en aquellas películas significaba compartir escenario con actores como Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Gian Maria Volonté y Eli Wallach, mientras Leone estaba dando forma a una nueva manera de entender el western.

En Por un puñado de dólares, Sambrell formó parte del universo de pistoleros y hombres armados que rodeaban la historia de Joe y Ramón Rojo. En La muerte tenía un precio volvió a integrarse en el paisaje humano creado por Leone, y en El bueno, el feo y el malo interpretó a uno de los hombres de la banda de Sentencia.

Su presencia en las tres películas lo convirtió en uno de los pocos intérpretes que participaron en toda la trilogía.

La colaboración con Leone no terminó ahí. Sambrell también apareció posteriormente en Hasta que llegó su hora, otra de las grandes obras del director italiano.

La relación entre ambos fue además mucho más allá del trabajo. Leone llegó a convertirse en padrino del hijo de Sambrell, Alfredo Xavier Sánchez Cavaleiro.


NAVAJO JOE: EL ROSTRO DEL ENEMIGO

Si hubo un western que permitió a Sambrell mostrar con mayor contundencia su capacidad para interpretar a un villano, ese fue Navajo Joe, dirigido por Sergio Corbucci en 1966.

La película estaba protagonizada por Burt Reynolds, y Sambrell interpretaba a Mervyn Duncan, uno de los antagonistas de la historia. Su personaje representaba buena parte de aquello que el actor sabía hacer mejor: violencia, brutalidad y una amenaza que parecía estar siempre a punto de estallar.

El reparto reunía además a varios intérpretes españoles que terminaron siendo fundamentales en las producciones del western europeo, entre ellos Fernando Rey, Álvaro de Luna, Frank Braña, Lorenzo Robledo y Eduardo Fajardo.

Sambrell siguió trabajando sin descanso en el género. Arizona vuelve, Un dólar para Sartana, Manos torpes, Yo soy la revolución, ¡Agáchate, maldito!, 100 Rifles y muchos otros títulos forman parte de una filmografía en la que los revólveres, los caballos, los saloons y los paisajes de Almería se convirtieron prácticamente en su segunda casa.

UN ACTOR INTERNACIONAL

Aunque el spaghetti western fue su territorio más reconocible, Sambrell nunca se limitó a ese género.

Su filmografía incluye producciones de aventuras, cine histórico, bélico, terror, acción y grandes superproducciones internacionales. Participó, por ejemplo, en Doctor Zhivago, dirigida por David Lean, y trabajó a las órdenes de cineastas como Richard Fleischer, John Milius, Richard Lester, Sergio Corbucci, Umberto Lenzi, Jesús Franco y Enzo G. Castellari.

Compartió pantalla con algunas de las mayores estrellas internacionales del siglo XX: Sean Connery, Yul Brynner, Ernest Borgnine, Oliver Reed, James Mason, Jack Palance, Alain Delon, Gina Lollobrigida, Anthony Quinn, Kirk Douglas, Raquel Welch y Orson Welles, entre muchos otros.

En El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Sinbad, 1973), por ejemplo, formó parte de una aventura internacional que le permitió continuar ampliando su repertorio.

Y en los años setenta apareció también en producciones alejadas completamente del western, incluyendo películas de terror y acción.



DIRECTOR Y PRODUCTOR

Cuando el western europeo comenzó a perder fuerza a mediados de los años setenta, Sambrell se encontró con un problema que afectó a numerosos actores vinculados al género: los papeles que habían sustentado buena parte de su carrera empezaban a desaparecer.

Su respuesta fue ponerse al otro lado de la cámara.

Creó Asbrell Productions, posteriormente conocida como Aldo S. Brell Producciones Cinematográficas, y comenzó a trabajar como productor y director. Su interés se orientó principalmente hacia el cine de acción y aventuras.

En 1974 dirigió Sol sangriento, también conocida como Blue Jeans and Dynamite, iniciando una etapa en la que buscó controlar en mayor medida los proyectos en los que participaba.

La producción cinematográfica le permitió continuar vinculado a una industria que había cambiado radicalmente y mantener su actividad profesional incluso cuando el spaghetti western había dejado de ser el fenómeno comercial de una década antes.

LOS AÑOS OCHENTA Y NOVENTA

Sambrell continuó trabajando durante los años ochenta en películas como Tuareg, Héctor, el estigma del miedo, La flecha negra y otras producciones españolas y europeas.

Su rostro seguía siendo fácilmente reconocible para los aficionados al cine de género. El actor tenía una ventaja que pocos podían igualar: podía aparecer en una película española, italiana, estadounidense o de cualquier otra nacionalidad y resultar inmediatamente creíble dentro de la historia.

En los noventa volvió a participar en producciones internacionales. Uno de los títulos más conocidos de aquella etapa fue Operación Cóndor (1991), protagonizada por Jackie Chan, donde Sambrell volvió a ocupar el territorio del villano.

También participó en películas españolas de carácter popular como Killer Barbys, Killer Barbys contra Drácula y Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera.

Su carrera cinematográfica se prolongó durante décadas y su filmografía llegó a superar ampliamente el centenar de títulos. Algunas fuentes elevan la cifra a alrededor de 300 apariciones, dependiendo de si se contabilizan pequeños papeles, intervenciones no acreditadas y trabajos dentro de producciones internacionales.

UNA VIDA CONTADA EN UN LIBRO

La peculiar trayectoria de Aldo Sambrell despertó también el interés de escritores y documentalistas.

En 2003, José Manuel Serrano Cueto publicó Aldo Sambrell, la mirada más despiadada, un libro construido a partir de conversaciones con el actor y de un recorrido por su vida profesional.

Sambrell también participó en Río seco, cortometraje dirigido por el propio Serrano Cueto en 2006. La historia giraba alrededor de los últimos días de un actor olvidado, y Sambrell produjo y protagonizó el proyecto.

El cortometraje adquirió con el tiempo un carácter casi simbólico, teniendo en cuenta la propia trayectoria de un intérprete que había sido una presencia habitual en cientos de producciones y que, pese a ello, no disfrutó en España del reconocimiento popular que merecía.



SU VIDA PERSONAL

En 1964, Aldo Sambrell contrajo matrimonio con Cándida López Cano, modelo que posteriormente también ejercería como su representante.

La pareja tuvo un hijo, aunque Sambrell también fue padre de Alfredo Xavier Sánchez Cavaleiro, fruto de su relación con la maquilladora portuguesa Lila Cavaleiro.

Precisamente el bautizo de su hijo quedó unido a una de las grandes figuras de su vida profesional: Sergio Leone ejerció como padrino.

La relación entre Sambrell y Leone constituye uno de esos vínculos personales que explican hasta qué punto el actor estaba integrado en el círculo humano del western europeo.

EL RECONOCIMIENTO LLEGÓ DESDE FUERA

Uno de los aspectos más llamativos de su carrera fue la diferencia entre su popularidad en España y su consideración internacional.

En Italia y Estados Unidos su rostro era perfectamente reconocible entre los aficionados al western y al cine de género. En España, en cambio, permaneció durante buena parte de su vida en un segundo plano, pese a haber trabajado con algunos de los directores y actores más importantes de la historia del cine.

En 1993 recibió el Premio Internazionale Fontana di Roma, reconocimiento que reflejaba la importancia que había alcanzado fuera de nuestras fronteras.

Su trayectoria resulta especialmente llamativa cuando se observa la lista de cineastas y estrellas con las que trabajó. Desde Leone hasta Corbucci, pasando por David Lean, John Milius, Richard Lester o Jackie Chan, Sambrell fue capaz de atravesar generaciones y cinematografías manteniendo una presencia constante.



LOS ÚLTIMOS AÑOS

Aldo Sambrell continuó vinculado al cine durante sus últimos años. Su último trabajo interpretativo destacado fue Río seco, en 2006, aunque todavía aparecerían créditos posteriores en algunas filmografías.

En febrero de 2008 se asoció con el escritor José Portolés, sobrino de Luis Buñuel, para poner en marcha en Alicante la productora Duncan67. El proyecto pretendía desarrollar nuevas iniciativas cinematográficas, aunque finalmente no llegó a producir películas.

Sambrell colaboró además con el área de Cinematografía de la Universidad de Alicante, manteniendo su relación con el mundo audiovisual.

En junio de 2010 sufrió tres microinfartos cerebrales y fue ingresado en un hospital de Alicante con pronóstico reservado. Su estado de salud se deterioró durante las semanas siguientes y finalmente falleció el 10 de julio de 2010, a los 79 años. La información biográfica más detallada relaciona su muerte con un infarto cerebral posterior a aquellos accidentes cerebrovasculares.

Tras su muerte, sus cenizas fueron esparcidas en Fort Bravo, el poblado cinematográfico situado en el desierto de Tabernas, en Almería. No podía existir un escenario más apropiado para despedir a un actor cuya vida había quedado ligada de manera tan profunda al western.



EL ROSTRO QUE EL WESTERN NUNCA OLVIDÓ

Aldo Sambrell pertenece a esa extraordinaria generación de intérpretes españoles que convirtieron los paisajes de Almería en Arizona, México, Texas o cualquier rincón imaginario del Oeste. Muchos de ellos fueron secundarios, pero su trabajo resultó imprescindible para construir el universo de aquellas películas.

Sambrell tuvo además algo especial. Su físico y su mirada eran inmediatamente cinematográficos. Podía interpretar a un pistolero con una frase, a un jefe de bandidos con un gesto o a un matón permaneciendo en silencio al fondo de un plano.

Fue uno de los rostros recurrentes del cine de Sergio Leone y participó en Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, además de Hasta que llegó su hora. Trabajó junto a Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Eli Wallach, Henry Fonda, Charles Bronson, Burt Reynolds, Sean Connery, Jackie Chan y una interminable nómina de estrellas internacionales.

Pero reducirlo al papel de villano sería quedarse corto. Sambrell fue actor, futbolista, cantante, productor, director y un auténtico aventurero de la cinematografía europea. Su carrera nació lejos de los grandes estudios, atravesó México, España, Italia y Estados Unidos y terminó dejando su huella en algunas de las películas que ayudaron a transformar el cine de género durante los años sesenta y setenta.

Murió en Alicante el 10 de julio de 2010, pero quiso que su último destino estuviera en el desierto de Tabernas. Allí, entre los decorados y paisajes que tantas veces se transformaron en el Oeste americano, descansan sus cenizas.

Un final perfectamente cinematográfico para Alfredo Sánchez Brell, Aldo Sambrell, el madrileño que llegó al cine después de haber sido futbolista profesional y terminó convirtiéndose en uno de los rostros más reconocibles y persistentes del spaghetti western. 

Autor: Don Hollywood


Comentarios

  1. Que barbaridad de peliculas que ha hecho este hombre y casi siempre de villano, ya tenía un rostro ideal para este tipo de papeles. Vaya que es nuestro Jack Elam particular. 😉

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