VAIANA (2026). UN VIAJE AL PARAÍSO QUE SE QUEDA A MEDIO CAMINO
VAIANA (2026).
UN VIAJE AL PARAÍSO QUE SE QUEDA A MEDIO CAMINO
REPARTO: DWAYNE JOHNSON, CATHERINE LAGA’AIA, JOHN TUI, FRANKIE ADAMS, RENA OWEN
DIRECTOR: THOMAS KAIL
MÚSICA: MARK MANCINA
PRODUCTORA: WALT DISNEY PICTURES
DURACIÓN: 115 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
El océano vuelve a llamar a Vaiana, aunque esta vez lo hace desde un lugar conocido. La película de Thomas Kail recupera la aventura que Disney convirtió en uno de sus grandes fenómenos de animación de la última década y la traslada a la acción real con Catherine Laga'aia como protagonista y Dwayne Johnson recuperando el papel de Maui. La apuesta tiene algo de reencuentro familiar: reconocemos los paisajes, las canciones, los personajes, los conflictos y hasta muchos de los movimientos de una historia que todavía permanece fresca en la memoria. Y precisamente ahí aparece la principal dificultad de este viaje.
La Vaiana animada tenía una energía extraordinaria. Aquella mezcla de aventura oceánica, mitología polinesia, humor y descubrimiento personal encontraba un equilibrio difícil de conseguir. Su protagonista avanzaba hacia lo desconocido con una determinación contagiosa y Maui aportaba ese contrapunto arrogante, divertido y vulnerable que convertía cada escena compartida en una pequeña fiesta. Diez años después, la película de acción real conserva buena parte de esos ingredientes, pero el cambio de formato altera inevitablemente su sabor.
Catherine Laga'aia carga con una responsabilidad enorme y sale bastante bien parada. Su Vaiana posee naturalidad, carácter y una luminosidad que evita que el personaje quede sepultado bajo el peso de la comparación con su versión animada. La actriz transmite especialmente bien la relación de la joven con su isla y esa sensación de estar atrapada entre las obligaciones heredadas y una llamada interior que la empuja hacia el horizonte.
Y entonces aparece Dwayne Johnson.
Convertir a Maui en una criatura de carne y hueso era uno de los grandes retos del proyecto. Johnson conoce perfectamente al personaje porque ya puso su voz en la película original y esa familiaridad juega a su favor. Continúa teniendo presencia, sentido del humor y ese descaro que exige el semidiós. Incluso cuando la caracterización amenaza con resultar demasiado aparatosa, consigue que Maui mantenga su personalidad. Sus escenas musicales siguen siendo uno de los grandes reclamos de la función y "De nada" vuelve a encontrar en su interpretación uno de sus momentos más divertidos.
El problema aparece cuando la película necesita desprenderse del recuerdo de la animación y caminar por sí misma. La aventura funciona, los efectos visuales permiten navegar entre criaturas gigantes, tormentas y paisajes de una belleza espectacular, pero buena parte de la emoción llega ya conocida. Las imágenes pueden cambiar de textura, los cuerpos pueden sustituir a los dibujos y el océano puede adquirir una dimensión física impresionante, pero la sorpresa narrativa permanece muy limitada.
También resulta curioso comprobar cómo el realismo de determinadas escenas convive con elementos fantásticos que conservan una apariencia deliberadamente cercana a la animación. En algunos momentos funciona de maravilla y proporciona al relato una identidad visual propia; en otros, la mezcla genera cierta sensación de artificio. El océano continúa siendo el gran personaje invisible de la historia y las secuencias marítimas poseen suficiente fuerza para justificar la experiencia en una pantalla grande.
La música desempeña además un papel fundamental. Las canciones que ya conocíamos conservan su capacidad para levantar la película cuando la narración pierde impulso. "Qué hay más allá" mantiene intacta su fuerza emocional y vuelve a explicar, casi por sí sola, qué mueve realmente a Vaiana. La banda sonora funciona como un puente perfecto entre las dos versiones y consigue que el espectador vuelva a conectar con aquello que hizo especial a la película original.
Thomas Kail demuestra oficio para manejar una producción de estas dimensiones, especialmente en las escenas de aventura y en la construcción de un universo que necesita resultar grandioso sin perder su dimensión íntima. El respeto hacia la cultura polinesia también se percibe en la voluntad de mantener las raíces del relato y su relación con la identidad, la familia y la memoria.
El resultado es una película entretenida, vistosa y capaz de funcionar especialmente bien como espectáculo familiar. Tiene momentos de verdadera emoción, un reparto que sostiene la función y un Dwayne Johnson que parece disfrutar cada minuto como Maui. Lo que cuesta encontrar es la necesidad artística de volver a contar exactamente esta historia tan pronto después de su primera versión.
Porque cuando el océano se abre ante Vaiana, uno desea sentir que existe algo verdaderamente desconocido al otro lado del horizonte. En esta ocasión, conocemos demasiado bien el destino antes de zarpar.
La travesía sigue siendo agradable. El mar luce espectacular, Maui continúa siendo un estupendo compañero de viaje y Vaiana conserva su fuerza como heroína. Pero aquella primera llamada del océano tenía el poder de una aventura recién descubierta. Esta segunda travesía navega por aguas conocidas y, aunque el paisaje deslumbra, cuesta olvidar que ya habíamos estado allí.
Autor: Don Hollywood


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