UN BUEN CHICO (2025). LA EDUCACIÓN DEL MIEDO



UN BUEN CHICO (2025).

LA EDUCACIÓN DEL MIEDO

REPARTO: STEPHEN GRAHAM, ANDREA RISEBOROUGH, ANSON BOON, AUSTIN HAYNES, KIT RAKUSEN, NOAH MANZOOR, MONIKA FRAJCZYK, SAVANAH STEYN, MILA JANKOWSKA, CALLUM BOOTH-FORD

DIRECTOR: JAN KOMASA 

MÚSICA: ABEL KORZENIOWSKI 

PRODUCTORA: RECORDED PICTURE COMPANY 

DURACIÓN: 110 min.

PAÍS: REINO UNIDO, POLONIA

Jan Komasa se adentra en un territorio incómodo con Un buen chico, un thriller psicológico que comienza con una premisa aparentemente disparatada y termina convirtiéndose en una inquietante reflexión sobre la violencia, la culpa, la familia y esa peligrosa obsesión por corregir al prójimo. La película sigue a Tommy, un joven de diecinueve años entregado a las drogas, el alcohol, las fiestas y una conducta agresiva que lo convierte rápidamente en alguien difícil de soportar. Después de una noche especialmente descontrolada, despierta encadenado en el sótano de una casa apartada. Frente a él aparece una pareja que asegura tener una misión: convertirlo en una persona decente.

A partir de ese momento, Komasa construye una película que juega deliberadamente con nuestra posición frente a los personajes. Tommy ha hecho méritos suficientes para despertar rechazo, pero la situación cambia cuando descubrimos que quienes pretenden rehabilitarlo tampoco son precisamente modelos de equilibrio emocional. Chris, interpretado por un magnífico Stephen Graham, ejerce de supuesto educador con una mezcla escalofriante de cordialidad, autoridad y fanatismo. Andrea Riseborough, como Kathryn, introduce otra clase de perturbación: una mujer quebrada, silenciosa y difícil de descifrar cuya presencia convierte cada habitación de la casa en un espacio cargado de tensión.

La gran virtud de Un buen chico está precisamente en esa incomodidad. Komasa consigue que el espectador dude constantemente de sus propias simpatías. La película nos obliga a mirar a Tommy cuando todavía resulta difícil sentir compasión por él y, poco a poco, transforma nuestra percepción mediante una sucesión de situaciones cada vez más perturbadoras. La frontera entre castigo y tortura empieza a desaparecer, mientras la palabra “educación” adquiere un significado siniestro.

Anson Boon sostiene buena parte de la película con una interpretación física, desagradable cuando tiene que serlo y sorprendentemente vulnerable cuando el personaje comienza a comprender el lugar en el que está atrapado. Su Tommy funciona porque nunca queda convertido en una víctima convencional. Sigue existiendo algo oscuro en él, algo que hace que la película resulte mucho más incómoda: incluso encadenado, sigue siendo alguien capaz de provocar rechazo.

Komasa maneja además un humor negro muy particular. Algunas situaciones bordean lo absurdo, pero precisamente esa extraña combinación de violencia, ironía y comportamiento cotidiano consigue que la casa familiar se transforme progresivamente en una especie de laboratorio moral. Todo parece organizado, limpio y civilizado en la superficie. Debajo existe una maquinaria de control que resulta cada vez más aterradora.

La familia ocupa aquí un lugar fundamental. El hogar, tradicionalmente asociado con protección y seguridad, se convierte en una prisión cuidadosamente organizada. Las rutinas, las comidas, las conversaciones y las normas adquieren un tono amenazador. Cada gesto aparentemente amable puede esconder una forma de manipulación. Komasa aprovecha esa contradicción para plantear una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar alguien convencido de que está haciendo el bien?

La película también encuentra su fuerza en aquello que decide no explicar inmediatamente. El pasado de los personajes pesa sobre cada conversación y proporciona nuevas capas a una historia que podría haberse limitado a contar un secuestro. Aquí el verdadero interés está en descubrir quién está intentando transformar a quién y qué precio puede tener esa transformación.

Un buen chico no busca ofrecer respuestas tranquilizadoras. Prefiere dejar al espectador atrapado en una zona moralmente pantanosa, exactamente como Tommy permanece atrapado en aquel sótano. Su atmósfera oscura, las interpretaciones de Stephen Graham, Andrea Riseborough y Anson Boon, y la peculiar mirada de Jan Komasa convierten la película en una experiencia áspera, provocadora y deliberadamente incómoda.

Cuando terminan los créditos, queda una sensación difícil de sacudirse. Quizá porque Un buen chico habla de la violencia más allá de las cadenas, de la manipulación disfrazada de cariño y de la facilidad con la que alguien puede convencerse de que tiene derecho a decidir cómo debe comportarse otra persona. Una película inquietante que juega con nuestras certezas y que, bajo su apariencia de thriller retorcido, esconde una amarga pregunta sobre la naturaleza humana: ¿quién tiene autoridad para decidir cuándo alguien necesita ser salvado?

Autor: Don Hollywood




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