THE FURIOUS (2025). CUANDO CADA GOLPE CUENTA UNA HISTORIA DE VENGANZA
THE FURIOUS (2025).
CUANDO CADA GOLPE CUENTA UNA HISTORIA DE VENGANZA
REPARTO: XIE MIAO, JOE TASLIM, ENYOU YANG, YAYAN RUHIAN, BRIAN LE, JOEY IWANAGGA, JEEJA YANIN, SAHAJAK BOONTHANAKIT, GUO JUNQUING
DIRECTOR: KENJI TANIGAKI
MÚSICA: FLYNG LOTUS, OLIVIA XIAOLIN, ELLIOT LEUNG
PRODUCTORA: EDKO FILM
DURACIÓN: 113 min.
PAÍS: HONG KONG, CHINA
Una niña desaparecida. Un padre dispuesto a atravesar el infierno para recuperarla. Una organización criminal que ha cometido el error de cruzarse con el hombre equivocado. Sobre el papel, The Furious podría parecer otra historia de venganza construida alrededor de una búsqueda desesperada. Kenji Tanigaki toma ese punto de partida y lo convierte en una descarga de adrenalina que apenas concede tregua.La película sigue a Wang Wei, un trabajador corriente y padre de Rainy, cuya hija es secuestrada por una red de tráfico de menores. Ante la pasividad y corrupción de quienes deberían ayudarle, Wei decide emprender su propia búsqueda. Su recorrido le llevará a encontrarse con Navin, un periodista que también intenta localizar a su esposa desaparecida. Dos hombres unidos por pérdidas diferentes terminan compartiendo una guerra contra un enemigo común.
Tanigaki conoce demasiado bien el lenguaje de la acción como para desperdiciar tiempo. Su larga experiencia como coordinador y coreógrafo de escenas de combate se percibe prácticamente en cada plano. Los golpes tienen peso, los cuerpos reaccionan y las peleas están construidas alrededor del movimiento de los intérpretes. La cámara acompaña la violencia con energía, pero permite apreciar la precisión de unas coreografías en las que cada patada, caída, llave o impacto parece formar parte de una complicada maquinaria.
Uno de los grandes aciertos de The Furious reside precisamente en esa dimensión física. El cineasta entiende que una buena pelea necesita personalidad. Los distintos combatientes poseen maneras diferentes de enfrentarse al peligro y esa variedad impide que las secuencias terminen pareciendo una repetición interminable de puñetazos. Xie Miao transmite una furia casi animal, mientras Joe Taslim aporta agilidad y experiencia marcial. A su alrededor aparecen intérpretes como Yayan Ruhian, Brian Le y Joey Iwanaga, capaces de convertir cada enfrentamiento en un pequeño espectáculo.
Xie Miao resulta especialmente interesante porque Wang Wei es un personaje prácticamente mudo. Su silencio obliga al actor a expresarse mediante el cuerpo, la mirada y la manera de moverse. La rabia contenida de un padre que acaba de perder a su hija se transforma progresivamente en una fuerza imparable. Cada vez que aparece una nueva amenaza, parece que el personaje está dispuesto a soportar un poco más de dolor con tal de acercarse a Rainy.
La película tampoco pretende esconder sus cartas. El argumento funciona como combustible para poner a sus protagonistas de camino hacia el siguiente enfrentamiento. Algunos personajes secundarios podrían haber disfrutado de un desarrollo mayor y determinadas situaciones policiales se sienten más funcionales que dramáticas. El propio relato deja en segundo plano cuestiones que, en otra película, ocuparían mucho más espacio. Aquí importan especialmente el movimiento, la tensión y esa sensación de peligro permanente.
Y entonces llega la acción.
Una pelea en un espacio reducido puede convertirse en una sucesión de cuerpos cayendo unos sobre otros. Un simple objeto cotidiano adquiere inesperadamente una función letal. Un escenario aparentemente normal termina convertido en un campo de batalla. Tanigaki demuestra una imaginación considerable para aprovechar los espacios y hacer que los combates evolucionen constantemente. Las coreografías tienen una cualidad casi acrobática, pero conservan una contundencia que hace sentir cada impacto.
La progresión conduce hacia un tramo final especialmente salvaje, construido alrededor de varios combatientes que se enfrentan simultáneamente. La película alcanza entonces una especie de estado de combustión permanente. Los personajes entran y salen del encuadre, cambian de adversario, reciben golpes, vuelven a levantarse y continúan avanzando. El caos está cuidadosamente organizado y esa contradicción constituye uno de los mayores placeres visuales de la propuesta.
También resulta llamativo su carácter internacional. El reparto reúne intérpretes procedentes de diferentes tradiciones del cine de acción asiático y la película combina distintas lenguas y estilos de combate. Ese cruce cultural encaja perfectamente con la naturaleza de una historia que parece construida para llevar al espectador de una pelea a otra sin necesidad de detenerse demasiado.
The Furious tiene sus imperfecciones, especialmente cuando abandona los puños para adentrarse en determinados pasajes dramáticos. Los diálogos no siempre alcanzan la misma fuerza que las imágenes y algunas situaciones resultan previsibles. La película funciona mucho mejor cuando deja que sus protagonistas se expresen a través de la acción.
Porque ahí Tanigaki encuentra su auténtica voz. El director convierte el cuerpo humano en instrumento narrativo y hace que una persecución pueda sentirse como una batalla y que una simple caída transmita más que varias líneas de diálogo. El resultado es una película física, brutal y extraordinariamente dinámica, concebida para que el espectador termine agotado después de acompañar a Wei en su descenso hacia el corazón de una organización criminal.
The Furious abraza el exceso con absoluta determinación. Sangre, golpes, persecuciones, artes marciales y una galería de combatientes capaces de convertir cualquier escenario en un ring forman parte de una experiencia que apuesta todas sus cartas a la energía cinematográfica. Y cuando llegan los últimos compases, queda claro que Kenji Tanigaki ha encontrado en la dirección una extensión natural del trabajo que llevaba años desarrollando detrás de las cámaras.
Una historia sencilla puede convertirse en una experiencia memorable cuando quien la cuenta domina el lenguaje de los cuerpos en movimiento. The Furious tiene precisamente esa virtud: consigue que cada golpe parezca tener una razón para existir y que cada nueva pelea eleve un poco más la temperatura. Una descarga de artes marciales filmada con hambre, músculo y una pasión evidente por el espectáculo.
Autor: Don Hollywood


Un film que es pura adrenalina, acción en estado puro desde que empieza hasta que acaba, con unas escenas de lucha muy bien coreografiadas. Muy buena, no hay que perdérsela.
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