ROSEBUSH PRUNING (2025). UNA FAMILIA PODRIDA BAJO EL SOL DE CATALUÑA
ROSEBUSH PRUNING (2025).
UNA FAMILIA PODRIDA BAJO EL SOL DE CATALUÑA
REPARTO: CALLUM TURNER, RILEY KEOUGH, JAMIE BELL, LUKAS GAGE, ELENA ANAYA, ELLE FANNING, TRACY LETTS, PAMELA ANDERSON, LOLO HERRERO, VIVI LEPORI, TEO JANSEN, SHEILA QUEVEDO, CENAN LUCA OMURCA
DIRECTOR: KARIM AINOUZ
MÚSICA: MATHEW HERBERT
PRODUCTORA: THE MATCH FACTORY
DURACIÓN: 95 min.
PAÍS: ALEMANIA, ESPAÑA, ESTADOS UNIDOS, REINO UNIDO, ITALIA
Una villa de ensueño en algún rincón de Cataluña, una fortuna familiar, ropa de diseñador, música, caprichos y una familia que parece haber perdido cualquier contacto con la realidad. Karim Aïnouz entra en ese universo de privilegios con Rosebush Pruning y decide removerlo todo hasta encontrar debajo de la superficie algo bastante más desagradable. La película, escrita por Efthimis Filippou, toma como punto de partida Las manos en los bolsillos, el corrosivo debut de Marco Bellocchio, y lo transforma en una criatura extravagante, incómoda y deliberadamente desquiciada.
En el centro de este extraño ecosistema se encuentra Ed, interpretado por Callum Turner, que además ejerce como narrador. Su voz conduce al espectador por los pasillos de una familia rica hasta la obscenidad y emocionalmente devastada. Junto a él están sus hermanos Jack, Anna y Robert, y un padre ciego que mantiene bajo su dominio una casa donde las relaciones familiares han dejado de responder a cualquier norma reconocible.
La primera impresión puede resultar hipnótica. Todo está cuidadosamente colocado: los interiores, los jardines, los vestidos, los cuerpos, la luz mediterránea. La cámara contempla ese mundo de lujo como si estuviera observando un escaparate maravilloso que, poco a poco, empieza a desprender un olor extraño. La belleza visual de Rosebush Pruning resulta fundamental porque establece una contradicción constante entre lo que vemos y lo que ocurre dentro de esa casa.
La muerte de la madre, supuestamente devorada por una manada de lobos, ya anuncia el tono. Una estatua desnuda ocupa su lugar en el jardín y la familia mantiene alrededor de ella una especie de ritual absurdo. La película no pretende que aceptemos sus reglas; quiere que entremos en ellas y comprobemos hasta dónde pueden llegar.
Callum Turner consigue que Ed sea el personaje que mantiene cierta conexión con el espectador. Su interpretación tiene una frialdad muy particular, pero debajo de ella aparece una mezcla de curiosidad, crueldad y desconcierto que convierte al personaje en una presencia fascinante. Turner no necesita levantar la voz para transmitir que Ed está observando algo que los demás parecen incapaces de comprender. Su narración añade una capa de humor seco a una historia donde la normalidad ha quedado completamente desterrada.
La llegada de Martha, interpretada por Elle Fanning, altera todavía más ese equilibrio enfermizo. La joven se relaciona con Jack y comienza a contemplar desde fuera una familia cuyas reglas internas son cada vez más perturbadoras. Su presencia funciona como una corriente de aire que entra en una habitación cerrada durante demasiado tiempo. A partir de ahí, los deseos, rivalidades y resentimientos que permanecían escondidos empiezan a salir a la superficie.
Y ahí está uno de los grandes placeres de la película: observar cómo personas que aparentemente lo tienen todo son incapaces de construir una vida mínimamente saludable. La riqueza no ha eliminado sus problemas; los ha convertido en caprichos monumentales. Se obsesionan con la moda, con el sexo, con la apariencia y con ellos mismos mientras el mundo exterior parece existir a kilómetros de distancia.
Aïnouz apuesta por el exceso y, en ocasiones, ese exceso se vuelve contra la propia película. Algunas situaciones parecen concebidas para provocar una reacción inmediata y determinados golpes de efecto terminan resultando más llamativos que verdaderamente perturbadores. La sátira sobre las clases privilegiadas también pierde mordiente cuando la extravagancia ocupa demasiado espacio y deja poco margen para que las ideas respiren.
Sin embargo, sería injusto negar su capacidad para generar imágenes difíciles de olvidar. Rosebush Pruning tiene una personalidad visual muy marcada. La fotografía convierte los paisajes catalanes en una especie de paraíso envenenado y la música de Matthew Herbert contribuye a crear una atmósfera suspendida entre la elegancia y la amenaza.
También resulta interesante la manera en que la película juega con la idea del título. Podar un rosal significa eliminar aquello que impide que la planta crezca de determinada manera. En esta familia, Ed parece convencido de que algunas ramas están demasiado enfermas para seguir formando parte del conjunto. La metáfora termina adquiriendo una dimensión bastante siniestra cuando empiezan a plantearse soluciones cada vez más radicales.
El problema es que Rosebush Pruning puede llegar a agotarse dentro de su propio juego. Su humor negro, sus provocaciones y su acumulación de comportamientos extremos funcionan mejor cuando la película mantiene cierta distancia; cuando insiste demasiado, el impacto disminuye.
Aun así, existe algo estimulante en una película que se atreve a ser tan incómoda y caprichosa. No busca la comodidad del espectador y tampoco pretende ofrecer una familia con la que resulte sencillo empatizar. Aquí todos parecen atrapados en una especie de prisión construida con dinero, deseos y resentimientos.
Y en medio de semejante zoológico humano, Callum Turner encuentra el tono perfecto. Ed contempla el desastre con una mezcla de fascinación y distancia que termina convirtiéndolo en la pieza más interesante del tablero. Su mirada acompaña al espectador mientras la familia se descompone lentamente.
Rosebush Pruning puede resultar irregular, excesiva y hasta irritante en determinados momentos, pero difícilmente pasa desapercibida. Es una película que convierte el lujo en enfermedad, el hogar en territorio hostil y los vínculos familiares en una maraña de espinas.
Al terminar, queda la sensación de haber asistido a una cena demasiado larga en una casa preciosa donde nadie debería haberse quedado después del postre. Y quizá esa sea precisamente la gracia de este peculiar experimento de Karim Aïnouz: salir de allí con ganas de respirar aire fresco.
Autor: Don Hollywood


Una familia en la que todos los miembros son unos perturbados. Francamente resulta bastante vomitiva de ver, no hay por donde cogerla. Pueden ser lo que sean los personajes del film, pero si al menos estuviera bien narrada, que mantenga el interés, la tensión y la intriga, podría resultar interesante, pero no es el caso.
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