PRETTY WOMAN, LA HISTORIA DE AMOR QUE EL TIEMPO NO HA CONSEGUIDO APAGAR

 


PRETTY WOMAN, LA HISTORIA DE AMOR QUE EL TIEMPO NO HA CONSEGUIDO APAGAR

Hay películas que envejecen, otras que se convierten en clásicos y algunas privilegiadas que parecen vivir en un tiempo propio. Pretty Woman pertenece a esta última categoría. Han pasado décadas desde su estreno y sigue apareciendo en las parrillas televisivas, continúa encontrando espectadores en las plataformas y conserva intacta esa capacidad para reunir a quienes la vieron en su estreno con generaciones que todavía descubren por primera vez a Vivian y Edward.

El fenómeno resulta especialmente curioso porque el cine romántico ha cambiado radicalmente desde entonces. Las fórmulas, las relaciones entre los personajes y hasta la manera de contar una historia de amor han evolucionado, pero la película dirigida por Garry Marshall mantiene una familiaridad casi reconfortante. Basta con escuchar sus primeras notas para que regresen imágenes, escenas y diálogos que forman parte de la memoria popular.

El secreto tampoco reside únicamente en la historia. Richard Gere y Julia Roberts consiguieron algo mucho más difícil de fabricar que cualquier efecto especial: química. La pareja funciona porque Edward y Vivian parecen tener una vida propia cuando están juntos. Gere y Roberts interpretan a dos personajes muy diferentes que van descubriendo progresivamente aquello que les une, y Marshall tuvo la inteligencia de permitir que sus actores encontraran determinados momentos por sí mismos.

Uno de los mejores ejemplos se encuentra en una escena que ni siquiera estaba prevista de la forma en que terminó apareciendo en pantalla.

Edward se sienta al piano en el hotel y comienza a tocar. Vivian se acerca, lo observa y termina besándolo. El gesto desemboca en una pequeña sucesión de besos que aporta una intimidad inesperada a la relación. Richard Gere contó años después que aquella secuencia nació durante el rodaje y que ni él ni Julia Roberts tenían claro si acabaría formando parte del montaje definitivo.

Marshall había planteado a Gere una situación muy sencilla: imaginar cómo pasaría Edward su estancia en el hotel en aquellas circunstancias. El actor sabía tocar el piano y decidió incorporar esa faceta a su personaje. La música se convirtió entonces en una especie de refugio para Edward, un hombre acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida.

Julia Roberts encontró la respuesta perfecta para Vivian. Su personaje interrumpía aquel momento de aislamiento con un beso.

La escena funcionó.

Y funcionó tan bien que acabó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de la película. Es uno de esos instantes cinematográficos cuya naturalidad probablemente habría desaparecido si alguien hubiera intentado diseñarlo milimétricamente sobre el papel.

Gere recordaría aquella experiencia en el Festival de Venecia de 2024, donde volvió a hablar de su compañera de reparto y de la conexión que ambos consiguieron establecer ante la cámara. La química entre dos intérpretes puede favorecerse mediante un buen guion, una dirección sensible y unas circunstancias adecuadas, pero difícilmente puede fabricarse desde cero.

En Pretty Woman esa conexión resulta esencial porque, aunque el rostro de sus protagonistas pertenece a dos estrellas de Hollywood, la película depende de que el público crea en Edward y Vivian. Richard Gere y Julia Roberts desaparecen detrás de sus personajes lo suficiente para que la historia pueda funcionar por sí misma.

Y ahí está buena parte de la razón por la que continúa siendo tan popular.

La película también arrastra una colección de curiosidades que han alimentado su leyenda durante años. Una de las más llamativas tiene que ver con el guion original, muy diferente de la película luminosa y romántica que terminó llegando a los cines. En aquella primera versión, la historia tenía un desenlace mucho más oscuro para Vivian, que terminaba muriendo por una sobredosis.

El proyecto cambió de rumbo hasta convertirse en una de las grandes comedias románticas de Hollywood.

También resulta significativo comprobar hasta qué punto algunos personajes secundarios quedaron asociados a sus intérpretes. Jason Alexander, que interpretaba a Philip Stuckey, el desagradable amigo y socio de Edward, llegó a contar que durante años tuvo que soportar las reacciones de espectadores que confundían al actor con aquel personaje. Algunas personas llegaron incluso a escupirle por la calle.

El éxito fue tan extraordinario que Pretty Woman acabó escapando de las fronteras del cine. Su historia llegó a convertirse en un musical, prolongando la vida de unos personajes que ya habían alcanzado una enorme popularidad en la gran pantalla.

Y mientras tanto, la película continúa apareciendo una y otra vez en televisión y en los catálogos de las plataformas. Ese detalle quizá explique mejor que cualquier cifra su verdadera dimensión como fenómeno cultural. Hay títulos que regresan porque alguien decide recuperarlos; Pretty Woman lleva décadas regresando porque el público sigue dispuesto a verla.

La diferencia es importante.

La película de Garry Marshall consiguió instalarse en ese reducido grupo de obras que forman parte del imaginario colectivo incluso entre personas que quizá no recuerden cuándo la vieron por primera vez. La tienda de lujo, el hotel, las calles de Los Ángeles, el vestido rojo, la ópera, el collar de diamantes y, por supuesto, la pareja formada por Edward y Vivian forman un catálogo de imágenes inmediatamente reconocibles.

Quizá por eso resulte difícil hablar de Pretty Woman como una simple historia protagonizada por Richard Gere y Julia Roberts. Ellos fueron fundamentales, pero sus personajes terminaron adquiriendo una identidad propia. Edward y Vivian son quienes permanecen en la memoria.

El paso del tiempo ha convertido la película en algo parecido a una cita cinematográfica recurrente. Se puede volver a ella por nostalgia, por romanticismo, por curiosidad o simplemente por el placer de reencontrarse con una película que conoce perfectamente sus virtudes y sabe cómo utilizarlas.

Y quizá ahí resida su auténtica victoria.

Pretty Woman no necesita recuperar ningún trono porque nunca terminó de abandonarlo. Continúa apareciendo en televisión, en plataformas, en musicales y en las conversaciones de quienes recuerdan aquella improbable historia de amor entre un empresario millonario y una joven prostituta de Hollywood Boulevard.

Cada nueva reposición demuestra que algunas películas consiguen convertirse en parte de nuestras costumbres. Y cuando eso sucede, los años dejan de ser una amenaza. Se convierten en otra forma de volver a casa.

Autor: Django il bastardi


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

FALLECE LA ACTRIZ NORTEAMERICANA VICTORIA JONES A LOS 38 AÑOS.

EL "NO" DE BRAD PITT A INTERVENIR EN UNA DE LAS MEJORES PELICULAS DE LA HISTORIA.

LA DISTANTE RELACION ENTRE JULIE ANDREWS Y RICHARD HARRIS DURANTE EL RODAJE DE HAWAI.

EL TRIANGULO AMOROSO QUE REVIVE NATALIE PORTMAN 20 AÑOS DESPUÉS.

FALLECE EL ACTOR NORTEAMERICANO JAMES VAN DER BEEK A LOS 48 AÑOS.