PAUL NEWMAN Y LA PELÍCULA QUE QUISO BORRAR DE SU MEMORIA
PAUL NEWMAN Y LA PELÍCULA QUE QUISO BORRAR DE SU MEMORIA
Paul Newman llegó a convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la historia de Hollywood, pero incluso las grandes estrellas tienen algún episodio de su carrera que preferirían mantener enterrado. En su caso, ese recuerdo tenía un título muy concreto: El cáliz de plata, la película que marcó su debut cinematográfico y que terminó provocándole una vergüenza tan profunda que llegó a pedir públicamente al público que no la viera.
La trayectoria posterior hizo que aquel tropiezo resultara casi anecdótico. Newman trabajó en más de medio centenar de películas entre 1954 y 2022 y consiguió una combinación poco frecuente de prestigio artístico, popularidad y enorme atractivo comercial. Fue candidato al Oscar como mejor actor en diez ocasiones y dejó interpretaciones que terminaron formando parte de la memoria colectiva del cine. Dos hombres y un destino, El golpe o El coloso en llamas bastan para explicar la dimensión que alcanzó su carrera.
Pero antes de convertirse en Paul Newman, la estrella, tuvo que enfrentarse a El cáliz de plata. La producción histórica pretendía aprovechar el gusto del público de los años cincuenta por las grandes epopeyas, aunque el resultado dejó al actor profundamente insatisfecho. Con el paso de los años, Newman llegó a bromear sobre aquella experiencia asegurando que era un honor poder afirmar que había participado en una de las peores películas de toda la década.
Su rechazo hacia la cinta fue tan grande que, cuando se anunció que iba a emitirse por televisión en 1963, Newman decidió hacer algo insólito. Se gastó 1.200 dólares en anuncios publicados en periódicos para suplicar a los espectadores que no encendieran el televisor para verla. La campaña pretendía ser una forma de expiar aquel pecado cinematográfico, aunque consiguió exactamente el efecto contrario: despertó la curiosidad de quienes hasta entonces probablemente ni siquiera recordaban la película.
Aquel fracaso también tuvo consecuencias en las decisiones posteriores del actor. Newman quedó tan desencantado con las superproducciones históricas que nunca volvió a protagonizar una epopeya de características similares. Y quizá una de las decisiones que más curiosidad despierta sea la que tomó años después cuando tuvo la oportunidad de interpretar a Judah Ben-Hur.
El papel acabaría convirtiéndose en uno de los grandes personajes de la carrera de Charlton Heston, pero antes pasó por varias manos. Newman lo rechazó porque sentía escaso interés por ese tipo de cine y llegó a justificar su decisión con una de sus habituales salidas de humor: aseguró que no tenía piernas para llevar una túnica. Burt Lancaster, Marlon Brando y Rock Hudson también declinaron la propuesta. Finalmente, Heston aceptó el desafío y la historia del cine cambió de rumbo.
Ben-Hur terminó arrasando en los Oscar de 1960. Ganó once de las doce estatuillas a las que optaba, incluida la de mejor actor para Heston. Solo se le escapó el premio al mejor guion adaptado, que fue para Un lugar en la cumbre. Aquella cifra convirtió a la película en la primera producción capaz de conquistar once Oscar. Durante décadas permaneció como una marca prácticamente intocable, hasta que Titanic, de James Cameron, consiguió igualarla en 1998. En 2004 sería El retorno del Rey, tercera entrega de El Señor de los Anillos, la que repetiría nuevamente la hazaña.
Curiosamente, El cáliz de plata tampoco fue la única película de Newman que terminó asociada a un recuerdo desagradable. El coloso en llamas, uno de los grandes éxitos de catástrofes de los años setenta, también quedó contaminada por las tensiones que surgieron durante su producción.
El problema tenía nombres y apellidos: Paul Newman y Steve McQueen. Ambos eran estrellas de enorme poder comercial y la película debía repartir el protagonismo entre sus personajes. La cuestión de quién ocupaba el centro de la historia acabó convirtiéndose en un asunto especialmente delicado. McQueen, además, descubrió que su personaje disponía de menos diálogos que el interpretado por Newman.
La situación llegó a tal punto que McQueen decidió reunirse en privado con el guionista para conseguir que aumentaran las intervenciones de su personaje, sin consultar previamente al director. Aquella pugna por el protagonismo alimentó una rivalidad que Newman recordaría con amargura muchos años después.
Resulta paradójico que un actor capaz de construir una carrera tan extraordinaria conservara semejantes cuentas pendientes con algunas de sus películas. Pero quizá ahí resida también una parte del atractivo de Newman: detrás del mito, de los ojos azules y de la imagen del galán perfecto, existía un intérprete extremadamente exigente consigo mismo, consciente de sus errores y poco dispuesto a fingir que todas sus películas habían sido experiencias satisfactorias.
El cáliz de plata quedó atrás, convertida en una pieza curiosa dentro de una filmografía monumental. Newman consiguió sobrevivir a aquel primer desastre, crecer como actor y terminar demostrando que una mala película puede quedar sepultada cuando detrás existe verdadero talento. Su carrera acabó siendo infinitamente más poderosa que aquel debut que durante tantos años quiso que nadie volviera a ver.
Autor: Don Hollywood

Comentarios
Publicar un comentario