ONE LAST SHOT (2026). UNA ÚLTIMA MISIÓN A PURO GOLPE DE ADRENALINA
ONE LAST SHOT (2026).
UNA ÚLTIMA MISIÓN A PURO GOLPE DE ADRENALINA
REPARTO: SCOTT ADKINS, DOLPH LUNGREN, STEVEN CREE, HANNAH WARE, NEIL LINPOW, RAY FEARON, TOM DUNNE, MICHEL CURIEL, TOM LEIGH, JACK TRUEMAN, KANE KOSUGI, SOFIAN FRANCIS, STEWART ALEXANDER
DIRECTOR: JAMES NUNN
MÚSICA: AUSTIN WINTORY
PRODUCTORA: SIGNATURE FILMS
DURACIÓN: 97 min.
PAÍS: REINO UNIDO
El cine de acción sabe perfectamente que, cuando Scott Adkins se pone serio, lo mejor es apartarse de la trayectoria de sus puños. One Last Shot recupera a Jake Harris para una tercera misión cargada de mercenarios, conspiraciones, explosiones y combates cuerpo a cuerpo, con James Nunn nuevamente detrás de las cámaras y una duración de 97 minutos que apuesta por ir directa al grano.
La película coloca al veterano Navy SEAL ante una situación que amenaza con convertirse en una catástrofe internacional. Un antiguo compañero, Elliot Carter, se ha convertido en el enemigo y mantiene secuestrados a los miembros del Estado Mayor Conjunto dentro de un búnker nuclear. Su objetivo pasa por hacerse con los códigos nucleares y tomar el control de la red de defensa antimisiles estadounidense. Harris recibe la misión de detenerlo y, para conseguirlo, tendrá que internarse en territorio hostil acompañado por un equipo que se enfrenta a una auténtica carrera contra el reloj.
El argumento tiene la suficiente pólvora como para poner en marcha el espectáculo y dejar que Adkins haga el resto. El actor vuelve a demostrar por qué se ha convertido en una de las figuras esenciales del cine de acción contemporáneo alejado de las grandes producciones de Hollywood. Su físico, su precisión en las coreografías y esa capacidad para transmitir determinación con un gesto convierten cada enfrentamiento en uno de los principales atractivos de la película.
Nunn entiende perfectamente qué espera el público que se acerca a una producción como esta. El ritmo permanece elevado y las situaciones se suceden con rapidez, mientras Harris atraviesa una sucesión de trampas y enfrentamientos que ponen a prueba tanto su resistencia como su capacidad para improvisar. La película tiene una vocación eminentemente física y encuentra sus mejores momentos cuando deja que las armas bajen el volumen y sean los cuerpos los que entren en combate.
También resulta estimulante encontrarse nuevamente con Dolph Lundgren, aquí en el papel del almirante Mulholland. Su presencia aporta ese aroma inconfundible al cine de acción de varias generaciones y permite que su encuentro con Adkins vuelva a poner frente a frente dos maneras diferentes de entender el género. La película supone además otra colaboración entre ambos después de haber coincidido anteriormente en varias producciones.
One Last Shot sabe perfectamente qué clase de película quiere ser. No necesita demasiadas complicaciones para poner en funcionamiento su maquinaria: una amenaza gigantesca, un soldado acostumbrado a sobrevivir en situaciones imposibles, un enemigo con información privilegiada y un ejército de mercenarios dispuesto a convertir cada pasillo en una zona de guerra.
La tercera entrega conserva así el espíritu de One Shot y One More Shot, completando la trilogía protagonizada por Jake Harris. La segunda película había llevado al personaje hasta un asedio aeroportuario y había convertido la acción continua en una de sus principales señas de identidad.
Quizá su mayor virtud esté precisamente en su honestidad. One Last Shot no pretende reinventar el género ni esconder sus intenciones detrás de una trama excesivamente sofisticada. Quiere ofrecer tensión, violencia, persecuciones y combates, y lo hace con la determinación de quien conoce perfectamente el terreno que pisa.
Adkins vuelve a cargar sobre sus hombros buena parte del espectáculo y encuentra en Steven Cree un adversario dispuesto a poner las cosas difíciles, mientras Hannah Ware completa el reparto principal como Elena Torres. El resultado funciona especialmente bien cuando abraza su condición de thriller de acción sin complejos y deja que la adrenalina tome el control.
Al final, Jake Harris vuelve a entrar en territorio enemigo sabiendo que probablemente cada puerta que abra esconda una nueva amenaza. Para el espectador, esa es precisamente la diversión: sentarse, abrocharse el cinturón y dejar que empiece la última misión. Porque cuando Scott Adkins tiene una última bala en la recámara, todavía queda bastante acción por delante.
Autor: Don Hollywood


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