NAVIDADES NEGRAS (1974). CUANDO EL ESPÍRITU NAVIDEÑO SE ESCONDE EN EL ÁTICO




NAVIDADES NEGRAS (1974).

 CUANDO EL ESPÍRITU NAVIDEÑO SE ESCONDE EN EL ÁTICO

REPARTO: OLIVIA HUSSEY, KEIR DULLEA, MARGOT KIDDER, JOHN SAXON, MARIAN WALDMAN, ANDREA MARTIN, JAMES EDMOND, DOUG McGRATH, ART HINDLE, LYNNE GRIFFIN

DIRECTOR: BOB CLARK 

MÚSICA: CARL ZITTER 

PRODUCTORA: WARNER BROS 

DURACIÓN: 98 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Una casa llena de luces, villancicos, alcohol y jóvenes preparándose para disfrutar de las vacaciones. Todo parece dispuesto para una Navidad universitaria tan despreocupada como cualquier otra. Entonces suena el teléfono. Una voz extraña, obscena, entrecortada, imposible de identificar, comienza a colarse en la intimidad de las muchachas. Poco después, una de ellas desaparece. Bob Clark convierte ese punto de partida en Navidades negras (Black Christmas), una película de 1974 que entendió antes que muchas otras que el terror más eficaz puede surgir de un lugar cotidiano y, sobre todo, de la sensación de que alguien está observando aunque nadie consiga verlo.

La película sigue a las jóvenes de una hermandad universitaria durante las vacaciones navideñas. Jess Bradford, interpretada por Olivia Hussey, ocupa el centro emocional de una historia donde las llamadas telefónicas se convierten en una amenaza cada vez más perturbadora. A su alrededor aparecen Barb, encarnada por una magnífica Margot Kidder, Phyllis, Mrs. Mac y el resto de las residentes de una casa que, poco a poco, deja de parecer un refugio.

Clark juega con algo extraordinariamente sencillo: no enseñar demasiado. El asesino está presente mucho antes de que sepamos quién es. La cámara adopta su mirada, se introduce en la casa, observa a las chicas desde rincones oscuros y convierte cada escalera, cada puerta entreabierta y cada habitación vacía en una posible trampa. El espectador sabe que existe una amenaza, pero carece de la información necesaria para localizarla. Esa incertidumbre produce una tensión que todavía funciona.

Las llamadas son otro de los grandes hallazgos. Aquella respiración agitada, los cambios de voz, las frases incoherentes y las amenazas convierten el teléfono en un objeto siniestro. Décadas antes de que Scream recuperara la idea de un asesino llamando a sus víctimas, Clark ya había comprendido que una voz al otro lado de la línea podía resultar mucho más inquietante que un rostro ensangrentado.

Olivia Hussey sostiene la película con una interpretación magnífica. Jess no es una víctima pasiva esperando que alguien venga a salvarla. Está atravesando además un conflicto personal que dota al relato de una dimensión inesperadamente adulta: está embarazada y ha decidido abortar, mientras su novio Peter se opone frontalmente. El enfrentamiento entre ambos introduce una tensión doméstica que termina contaminando todo lo demás. El terror procede del exterior, pero también existe una amenaza emocional dentro de la propia relación.

Margot Kidder aporta una energía completamente distinta. Su Barb es deslenguada, alcohólica, provocadora y divertidísima, y precisamente por eso su presencia consigue que las escenas de convivencia tengan vida propia. Andrea Martin, Marian Waldman y el resto del reparto completan una galería de personajes que Clark permite respirar antes de convertir la casa en un escenario de pesadilla.

John Saxon, como el teniente Ken Fuller, representa la otra cara de la historia. Su investigación avanza con dificultad mientras las desapariciones se multiplican y la policía intenta descubrir quién está detrás de los crímenes. El procedimiento policial no elimina el misterio; lo amplía. Cada pista parece conducir hacia otra pregunta.

La película también destaca por su atmósfera. La nieve exterior, los adornos navideños, las canciones festivas y la oscuridad del interior producen un contraste magnífico. Clark consigue que las Navidades resulten inquietantes precisamente porque todo aquello que debería transmitir calor y seguridad termina funcionando como una máscara. El árbol iluminado, las habitaciones decoradas y las fiestas no consiguen expulsar la oscuridad que se ha instalado en la casa.

Vista hoy, Navidades negras conserva algunas asperezas propias de su época. Su ritmo puede parecer irregular y ciertos momentos humorísticos chocan con la gravedad de las situaciones. Tampoco busca ofrecer una explicación cerrada y tranquilizadora sobre su asesino. Esa decisión, lejos de debilitarla, forma parte de su personalidad. El misterio permanece flotando incluso cuando parece que todo ha terminado.

Y ahí reside buena parte de su grandeza. Clark no necesita convertir la película en una exhibición constante de sangre. Prefiere la espera, el sonido, el espacio vacío y esa sensación insoportable de que alguien puede estar escondido a pocos metros. La cinta es considerada una de las precursoras fundamentales del slasher posterior y anticipó recursos que acabarían convirtiéndose en convenciones del género.

Navidades negras sigue funcionando porque entiende que el miedo no siempre necesita mostrarse. A veces basta con escuchar el teléfono sonar en mitad de la noche, mirar hacia una escalera oscura y preguntarse quién está al otro lado.

Bob Clark convirtió la Navidad en una celebración suspendida sobre el abismo. Y cuando llega el momento de apagar las luces, queda una certeza incómoda: quizá la casa nunca estuvo realmente vacía.

Autor: Don Hollywood



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