MEL GIBSON Y LA RESURRECCIÓN COMO RESPUESTA AL MIEDO A LA MUERTE
MEL GIBSON Y LA RESURRECCIÓN COMO RESPUESTA AL MIEDO A LA MUERTE
A medida que se acerca el estreno de La Resurrección de Cristo, Mel Gibson parece encontrarse cada vez más cómodo hablando de aquello que existe detrás de su película. En una conversación con Raymond Arroyo, el cineasta terminó abordando una cuestión que va mucho más allá del cine: qué ocurre cuando la vida llega a su final. La respuesta de Gibson se apoyó directamente en los cuatro novísimos de la tradición cristiana: muerte, juicio, cielo e infierno.
La pregunta llegó al final de la entrevista y, fiel a su particular sentido del humor, Gibson trató inicialmente de averiguar a qué clase de final se refería Arroyo. Cuando comprendió que hablaba del final de la existencia, el tono cambió. Para el director, esos cuatro conceptos resumen el destino al que toda persona termina enfrentándose y obligan a mantener una actitud de preparación.
La muerte y la trascendencia aparecen así estrechamente ligadas a una idea que Gibson ha repetido durante buena parte de su vida: la necesidad de no vivir dominado por la preocupación. Recuerda una enseñanza de su padre que todavía considera especialmente valiosa. Preocuparse constantemente, según aquel consejo, revela una falta de confianza en la Providencia y en Dios. Gibson lleva esa convicción hasta otra afirmación que forma parte de su manera de interpretar los acontecimientos: los accidentes, en realidad, no existen.
Desde esa perspectiva contempla también el larguísimo camino que ha conducido hasta La Resurrección de Cristo. Han transcurrido más de dos décadas desde La Pasión de Cristo, y Gibson entiende que cada película llega cuando tiene que llegar. El director admite que los tiempos actuales no siempre están bajo su control y que, en ocasiones, resulta necesario aceptar que determinadas cosas sucedan cuando corresponde.
El perdón ocupa otro lugar esencial en su pensamiento. Gibson habla de aquellas personas capaces de convertirse en enemigos implacables y recuerda que conservar el odio termina perjudicando principalmente a quien lo alimenta. La idea encuentra uno de sus ejemplos más poderosos en la Virgen María de La Pasión de Cristo, una mujer obligada a contemplar la tortura de su hijo sin posibilidad de intervenir y que, pese a semejante dolor, permanece vinculada al perdón. Para Gibson, la humildad constituye la gran virtud que define al personaje.
El sufrimiento también aparece bajo una mirada diferente cuando se observa desde esa perspectiva espiritual. El cineasta recuerda un viaje a Guatemala realizado durante una etapa complicada de su vida. Allí, al encontrarse con personas enfrentadas a dificultades mucho mayores, sus propios problemas comenzaron a adquirir otra dimensión. La experiencia le llevó a comprender que incluso el sufrimiento puede formar parte de aquello por lo que una persona debe mostrarse agradecida.
Ese planteamiento conecta directamente con la huella que La Pasión de Cristo dejó entre algunos espectadores. Gibson recuerda historias de personas que, después de contemplar la película, decidieron confesar delitos o replantearse profundamente su existencia. Entre los testimonios que menciona se encuentra el del actor Kevin James, quien le contó personalmente cómo la película había influido en su conversión. Para Gibson, ese tipo de reacción representa una de las consecuencias más importantes que puede alcanzar una obra cinematográfica.
La conversación termina regresando al punto de partida: la muerte y aquello que puede existir después de ella. Y ahí aparece el vínculo definitivo con la película que Gibson prepara desde hace tantos años. Frente a la incertidumbre del final, el cineasta encuentra en la Resurrección una promesa de esperanza. Por eso, al hablar de su próxima película, su conclusión adquiere una dimensión que supera la simple promoción de un estreno: se muestra especialmente satisfecho de que exista una Resurrección y de que esa Resurrección sea precisamente el acontecimiento que llevará a la pantalla.
La Resurrección de Cristo llegará así precedida por casi veinte años de espera y por una convicción que Gibson parece considerar inseparable de su obra: mirar de frente a la muerte resulta inevitable, pero la historia cristiana, para él, adquiere su verdadero sentido cuando esa muerte deja abierta la puerta a algo más.
Autor: Jordi Quesada Galdeano

La muerte, el miedo a ella, la resurrección como sentido a la vida; son todos temas muy profundos, que cuando se llegan a ciertas edades, son temas que bullen por la cabeza,
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