McQ (1974). JOHN WAYNE SE LANZA A LA CIUDAD Y DESCUBRE QUE EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO

 


McQ (1974).

JOHN WAYNE SE LANZA A LA CIUDAD Y DESCUBRE QUE EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO

REPARTO: JOHN WAYNE, EDDIE ALBERT, DIANE MULDAUR, COLLEEN DEWHURST, JULIE ADAMS, AL LETTIERI, CLU GULAGER, DAVID HUDDLESTON, ROGER E. MOSLEY, RICHARD KELTON, JOE TORNATORE, WILLIAM BRYANT, DICK FRIEL

DIRECTOR: JOHN STURGES 

MÚSICA: ELMER BERNSTEIN 

PRODUCTORA: WARNER BROS 

DURACIÓN: 111 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

John Wayne tenía un territorio cinematográfico perfectamente reconocible: grandes espacios, caballos, revólveres, sombreros y personajes que caminaban con la seguridad de quien conoce las reglas del mundo. McQ le propone algo diferente. En 1974, John Sturges lo coloca en Seattle, dentro de una ciudad húmeda, gris y hostil, vestido de policía y rodeado de compañeros que quizá no sean tan honrados como aparentan. El resultado es un thriller criminal áspero, cargado de violencia y con un protagonista que parece desplazado en una época que empieza a quedársele pequeña.

Lon McQ es un teniente de policía testarudo, expeditivo y poco amigo de seguir instrucciones. Cuando su compañero y mejor amigo aparece asesinado junto a otros agentes, algo dentro de él se rompe. Las explicaciones oficiales no le convencen y decide investigar por su cuenta, convencido inicialmente de que detrás de los crímenes se encuentra un poderoso narcotraficante. Poco a poco, sus pesquisas conducen hacia un escenario mucho más incómodo: la corrupción no está únicamente en las calles, también puede esconderse dentro del propio cuerpo policial.

Wayne encaja sorprendentemente bien en este paisaje urbano. Su corpulencia, su voz y esa manera tan característica de mirar a los demás como si estuviera esperando que alguien cometiera un error convierten a McQ en una figura imponente. Sin embargo, el personaje posee una interesante contradicción. Es un hombre acostumbrado a confiar en la autoridad y en sus propias reglas, pero termina descubriendo que las instituciones en las que ha depositado esa confianza pueden estar podridas.

Ahí aparece uno de los mayores atractivos de la película. McQ no lucha únicamente contra delincuentes. También lucha contra un sistema que pretende apartarlo, quitarle el arma y obligarlo a aceptar una versión de los acontecimientos que considera falsa. La investigación termina convirtiéndose en una cuestión personal, y Wayne consigue transmitir muy bien esa mezcla de rabia, orgullo y obstinación que mueve al personaje.

John Sturges rueda la acción con oficio y sin demasiados adornos. La película posee algunas secuencias realmente contundentes, especialmente las persecuciones automovilísticas. La más espectacular enfrenta al Pontiac Firebird Trans Am de McQ con un vehículo utilizado para transportar drogas, en una persecución por las calles de Seattle que recuerda inevitablemente al cine policial de aquellos años.

Pero McQ encuentra su verdadera personalidad en la atmósfera. Seattle aparece como una ciudad fría, lluviosa y casi desangelada, muy alejada del paisaje tradicional asociado a John Wayne. Esa elección funciona de maravilla porque convierte al actor en una presencia todavía más extraña. McQ parece pertenecer a otro tiempo, un policía de principios inamovibles que se encuentra atrapado en un mundo donde la lealtad tiene precio y la corrupción puede llevar placa.

Eddie Albert, Diana Muldaur y Colleen Dewhurst completan un reparto que aporta distintos matices al misterio. Albert, como el superior de McQ, representa esa autoridad con la que el protagonista mantiene una relación cada vez más tensa, mientras Muldaur introduce una dimensión más íntima en una historia dominada por las armas, los coches y la desconfianza.

La película también tiene sus problemas. El argumento acumula demasiados giros, algunas subtramas se dispersan y el ritmo pierde fuerza en determinados momentos. Sturges necesita bastante metraje para encajar todas las piezas de la investigación y el guion de Lawrence Roman puede resultar algo aparatoso cuando intenta mantener tantos secretos en juego.

A cambio, existe una personalidad que hoy resulta especialmente atractiva. McQ pertenece a ese cine policial de los setenta en el que las instituciones empiezan a aparecer bajo sospecha y los protagonistas ya no pueden confiar ciegamente en quienes llevan su mismo uniforme. La sombra del desencanto político de la época planea sobre toda la historia, aunque la película nunca abandona su vocación de entretenimiento.

Y después está John Wayne, que se entrega al papel con una energía considerable. Su McQ golpea, dispara, conduce como un poseso y desafía a sus superiores con la misma determinación con la que décadas antes se enfrentaba a los forajidos del Oeste. Solo que ahora el caballo ha sido sustituido por un Pontiac y el desierto por las calles mojadas de Seattle.

McQ quizá no sea uno de los grandes títulos de la filmografía de John Sturges, pero posee algo mucho más interesante que la perfección: carácter. Es una película de transición, un encuentro entre el viejo héroe americano encarnado por Wayne y el policía desencantado que dominaría buena parte del cine de los setenta. Un thriller de pólvora, asfalto y desconfianza en el que John Wayne descubre, demasiado tarde, que algunas veces el enemigo lleva su mismo uniforme.

Autor: Don Hollywood



Comentarios

  1. Thriller con ritmo, lleno de persecuciones y tiroteos, y un John Wayne solido en este cambio de caballos por coches. La trama esta bien, y el giro final sorprende. John Wayne era la primera opcion para interpretar al inspector Harry Callahan, así que se desquito un poco.

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