HOKUM (2026). EL HOTEL DONDE LOS FANTASMAS TIENEN MEMORIA


 HOKUM (2026).

EL HOTEL DONDE LOS FANTASMAS TIENEN MEMORIA

REPARTO: ADAM SCOTT, FLORENCE ORDESH, PETER COONAN, DAVID WILMOT, MICHAEL PATRIC, AUSTIN AMELIO, WILL O’CONNELL, BRENDAN CONROY, EZRA CARLISLE, SIOX C, MALLORY ADAMS

DIRECTOR: DAMIAN McCARTHY 

MÚSICA: JOSEPH BISHARA 

PRODUCTORA: NEON FILMS 

DURACIÓN: 107 min.

PAÍS: IRLANDA, ESTADOS UNIDOS, EMIRATOS ARABES

La primera noche en The Bilberry Woods, un hotel perdido entre los bosques irlandeses, Ohm Bauman descubre que el silencio puede resultar mucho más incómodo que cualquier ruido. El escritor ha llegado con las cenizas de sus padres y un libro atascado entre las manos. Busca cerrar una historia familiar, encontrar un lugar donde descansar y, de paso, terminar el epílogo de su célebre trilogía. El problema es que el pasado parece tener otros planes. Y cuando una habitación permanece cerrada porque, según cuentan, una bruja lleva décadas encerrada en su interior, la tranquilidad deja de ser una posibilidad.

Damian McCarthy convierte ese punto de partida en una experiencia de terror que avanza con la paciencia de quien conoce perfectamente el lugar donde quiere colocar el cuchillo. El hotel, con sus pasillos, sus habitaciones y sus rincones que parecen observar al protagonista, se convierte en un personaje más. Cada puerta tiene algo que esconder y cada conversación deja una pequeña grieta por la que se filtra lo sobrenatural. La película entiende que el miedo necesita espacio para crecer, y McCarthy sabe utilizarlo con una precisión admirable.

Adam Scott se mete en la piel de Ohm con una interpretación que merece especial atención. Su personaje es hosco, distante y profundamente desagradable en muchos momentos, pero esa actitud funciona como una coraza que apenas consigue contener el dolor. El actor sostiene buena parte de la película sobre sus hombros, y su presencia hace que el espectador permanezca cerca de un hombre al que, en ocasiones, cuesta soportar. Esa incomodidad es importante: cuando el horror empieza a apretar, la película consigue que nos importe lo que le sucede.

El guion juega con las expectativas del público y con la propia naturaleza de las historias de fantasmas. Ohm es un escritor de terror, alguien acostumbrado a inventar monstruos y a convertir el sufrimiento en literatura. Sin embargo, cuando las leyendas del hotel comienzan a adquirir una forma demasiado real, su oficio deja de servirle de refugio. McCarthy aprovecha esa ironía para construir una película que habla de la culpa, la pérdida y la dificultad de enfrentarse a los recuerdos que preferiríamos mantener enterrados.

La atmósfera es uno de sus grandes triunfos. La oscuridad, los sonidos que llegan desde otra habitación y los pequeños movimientos que se producen en el fondo del encuadre generan una tensión que se instala lentamente. Los sustos están bien medidos y, cuando llegan, tienen la fuerza de una puerta que se cierra de golpe en una casa vacía. McCarthy demuestra que el terror puede ser físico, incómodo y desconcertante sin depender de una sucesión de efectos gratuitos.

También existe un humor negro que ayuda a que la película respire. Algunos personajes secundarios aportan una extraña mezcla de humanidad y rareza, y sus encuentros con Ohm producen momentos que rozan lo absurdo sin romper el tono general. Esa combinación de inquietud y humor resulta especialmente eficaz porque permite que la película se mueva entre lo cotidiano y lo pesadillesco con una naturalidad sorprendente.

A medida que la historia avanza, Hokum va revelando que sus fantasmas tienen más de una lectura. El hotel es un lugar maldito, pero también es un espacio donde las heridas del pasado encuentran una forma de manifestarse. La película utiliza el folclore irlandés para construir un relato de terror que tiene raíces muy humanas, y esa dimensión emocional le proporciona una profundidad que permanece después de los créditos.

Quizá su mayor virtud sea la confianza que McCarthy deposita en el espectador. No necesita explicarlo todo ni subrayar cada detalle. Prefiere dejar que algunas imágenes, algunos silencios y determinadas situaciones hagan su trabajo. Esa decisión puede resultar exigente en ciertos momentos, pero también permite que el misterio conserve su fuerza. La película tiene una personalidad muy marcada y se beneficia de esa libertad para explorar el terror desde un ángulo propio.

Hokum es una película que sabe cómo hacer que un hotel aislado parezca el lugar más peligroso del mundo. Su combinación de atmósfera, humor negro, personajes incómodos y horror sobrenatural la convierte en una propuesta que deja huella. Damian McCarthy confirma aquí su capacidad para crear un terror que se siente artesanal, extraño y profundamente inquietante, mientras Adam Scott encuentra en Ohm Bauman un personaje que le permite explorar registros muy alejados de su imagen más reconocible.

Cuando una historia de fantasmas consigue que el espectador mire hacia el pasillo antes de apagar la luz, ha cumplido buena parte de su cometido. Hokum lo consigue con una elegancia sombría y una imaginación que se niega a caminar por senderos demasiado conocidos. Su hotel seguirá esperando, con las puertas cerradas y los secretos intactos, mucho después de que la pantalla se quede a oscuras.

Autor: Don Hollywood





Comentarios

  1. Es mas bien una pelicula de suspense e intriga que de terror, aunque tiene sus momentos y un toque sobrenatural. La virtud de la pelicula es que sabe crear una atmosfera que consigue atrapar y que difícilmente te vas a levantar de la butaca. No es una obra maestra, pero si que es una buena pelicula.

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