HELLRAISER V: INFIERNO (2000). EL HORROR MÁS TERRIBLE ESTÁ DENTRO DE LA MENTE
HELLRAISER V: INFIERNO (2000).
EL HORROR MÁS TERRIBLE ESTÁ DENTRO DE LA MENTE
REPARTO: CRAIG SCHEFFER, NICHOLAS TURTURRO, JAMES REMAR, NICHOLAS SADLER, DOUG BRADLEY, NOELLE EVANS, LINDSAY TAYLOR, MATT GEORGE, MICHAEL SHAMUS WILES, SASHA BARRESE, KATHRYN JOOSEN
DIRECTOR: SCOTT DERRICKSON
MÚSICA: WALTER WERZOWA
PRODUCTORA: MIRAMAX, DIMENSION FILMS
DURACIÓN: 99 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
La oscuridad tiene muchas formas, pero pocas resultan tan incómodas como aquella que nace dentro de la cabeza. Hellraiser V: Infierno toma el universo creado por Clive Barker y lo conduce hacia un terreno mucho más psicológico, enfermizo y claustrofóbico. Scott Derrickson, en uno de sus primeros trabajos como director, construye una pesadilla en la que las fronteras entre la realidad, la culpa y la locura comienzan a desmoronarse hasta dejar al protagonista atrapado en un laberinto del que quizá nunca haya existido una salida.Joseph Thorne es un detective de policía de Los Ángeles acostumbrado a moverse entre cadáveres, drogas, violencia y delincuencia. Su experiencia profesional le ha enseñado a desconfiar de todo, aunque su propia conducta resulta bastante más difícil de justificar. Joseph vive instalado en una espiral de excesos, corrupción y relaciones destructivas. El personaje respira esa clase de cinismo que suele aparecer cuando alguien lleva demasiado tiempo contemplando el lado más miserable de la condición humana.
Una noche, durante la investigación de un asesinato especialmente brutal, Joseph encuentra una misteriosa caja de configuración. El objeto despierta inmediatamente la curiosidad del detective y termina desencadenando una sucesión de acontecimientos cada vez más extraños. A partir de ese momento, la investigación comienza a adquirir dimensiones que escapan a cualquier explicación racional.
Las muertes se suceden, aparecen extrañas figuras y Joseph empieza a experimentar situaciones que desafían cualquier lógica. El detective cree estar siguiendo las pistas de un asesino, pero poco a poco descubre que las pistas parecen conducir directamente hacia él. La investigación policial se transforma entonces en un descenso personal a los rincones más oscuros de su conciencia.
Una de las grandes virtudes de Hellraiser V: Infierno consiste precisamente en la manera en que Derrickson juega con la percepción del espectador. La película coloca constantemente en duda aquello que estamos viendo. Una habitación puede convertirse en una trampa, una conversación puede esconder otra realidad y un personaje aparentemente secundario puede adquirir una importancia completamente diferente unos minutos después.
Craig Sheffer interpreta a Joseph Thorne con una mezcla de arrogancia, brutalidad y vulnerabilidad que resulta fundamental para que el viaje funcione. Joseph no despierta precisamente simpatía, pero la película consigue que queramos descubrir qué está ocurriendo a su alrededor. Cada nueva experiencia lo obliga a enfrentarse a sus propios pecados y, cuanto más intenta escapar, más evidente resulta que el auténtico enemigo podría encontrarse en su interior.
Por supuesto, Pinhead aparece en la película y Doug Bradley vuelve a ponerse bajo el maquillaje para encarnar al icónico Cenobita. Sin embargo, su presencia queda mucho más integrada dentro de la atmósfera general que en otras entregas de la saga. El terror de Infierno no depende exclusivamente de la aparición de los Cenobitas. La verdadera inquietud procede de la sensación de estar encerrado en una realidad que cambia constantemente.
Ese enfoque explica también por qué esta quinta entrega puede resultar diferente para quienes esperan una continuación más tradicional de las anteriores películas. Derrickson apuesta por el thriller psicológico y por una estructura cercana a la pesadilla detectivesca. El universo Hellraiser permanece reconocible, pero la historia se concentra especialmente en la culpa, la corrupción y el castigo.
Visualmente, la película sabe sacar partido de espacios cerrados, pasillos sombríos, habitaciones vacías y escenarios urbanos que transmiten una sensación de suciedad permanente. Todo parece contaminado. Las luces artificiales, las sombras y los rostros de los personajes contribuyen a crear una atmósfera incómoda en la que incluso los momentos aparentemente cotidianos esconden alguna amenaza.
También resulta interesante la utilización de la caja de Lemarchand. El famoso objeto vuelve a funcionar como puerta hacia lo desconocido, pero aquí adquiere una dimensión casi simbólica. Abrirla significa abrir también una puerta hacia los secretos que Joseph preferiría mantener enterrados. Cada giro de la investigación lo acerca un poco más a aquello que intenta evitar.
La película posee además un tono pesimista que encaja perfectamente con la tradición de Hellraiser. El dolor, el deseo y el castigo forman parte de un mismo universo donde los personajes terminan pagando por aquello que desean o por aquello que han hecho. Joseph representa especialmente bien esa idea porque lleva tiempo construyendo su propia condena mucho antes de encontrarse con la caja.
Hellraiser V: Infierno quizá no sea la entrega más espectacular de la franquicia desde el punto de vista visual, pero posee una personalidad propia que merece ser reivindicada. Scott Derrickson demuestra aquí una preocupación especial por el terror psicológico que posteriormente se convertiría en una de las señas de identidad de su carrera.
El desenlace termina de cerrar ese círculo de culpa y pesadilla y obliga a reinterpretar buena parte de lo que hemos visto. Cuando la realidad se vuelve tan frágil que ya no sabemos dónde termina la investigación y dónde comienza el castigo, la película encuentra su verdadera fuerza.
Hellraiser V: Infierno es, en definitiva, una pesadilla detectivesca bañada en sangre, culpa y paranoia. Una película que utiliza los códigos del universo de Pinhead para llevar al espectador por un descenso cada vez más perturbador hacia la mente de un hombre que ha pasado demasiado tiempo jugando con fuego. Y cuando finalmente descubre quién puede estar esperando al otro lado de la puerta, quizá ya sea demasiado tarde para regresar.
Autor: Don Hollywood


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