GERARDO HERRERO, PREMIO ELÍAS QUEREJETA 2026 DE LA ACADEMIA DE CINE
GERARDO HERRERO, PREMIO ELÍAS QUEREJETA 2026 DE LA ACADEMIA DE CINE
Gerardo Herrero lleva varias décadas moviéndose entre guiones, rodajes, presupuestos y coproducciones, siempre con la mirada puesta en aquellas historias capaces de justificar el esfuerzo de poner una película en pie. Ahora, la Academia de Cine reconoce esa trayectoria con el Premio Elías Querejeta 2026, un galardón que recibirá el próximo 22 de septiembre durante el Festival de San Sebastián.
El reconocimiento tiene para el productor madrileño un significado especialmente emotivo. Elías Querejeta, cuyo nombre lleva el premio, fue amigo personal de Herrero y una figura fundamental en su manera de comprender el oficio. De aquella relación conserva una enseñanza que todavía considera esencial: el cine debe entenderse simultáneamente como creación artística y como actividad industrial.
Más de 180 largometrajes forman parte de una carrera en la que aparecen títulos tan destacados como El hijo de la novia, El viento que agita la cebada y, especialmente, El secreto de sus ojos, la película dirigida por Juan José Campanella que terminó conquistando el Oscar. Herrero reconoce que aquella estatuilla supuso una inyección enorme de prestigio y capacidad de decisión, aunque también recuerda una de las reglas más duras de la producción cinematográfica: después de cada película, todo vuelve a empezar.
Entre todas las obras que ha impulsado, El secreto de sus ojos ocupa un lugar privilegiado. El productor recuerda perfectamente el momento en que terminó de leer el guion y decidió llamar a Campanella. La historia le había convencido de inmediato y estaba dispuesto a pelear por ella. Aquella apuesta terminó convirtiéndose en una de las experiencias más importantes de su trayectoria y en la película que conserva con mayor cariño.
El camino, sin embargo, también está lleno de oportunidades perdidas. Herrero reconoce que todavía lamenta no haber podido sacar adelante Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, y haber dejado escapar Secretos del corazón, de Montxo Armendáriz, un proyecto que el propio director llegó a ofrecerle. Con perspectiva, admite que entonces no supo apreciar lo que tenía delante. Son dos de esas películas que permanecen en la memoria del productor como recordatorio de que en este oficio también existen errores de percepción.
Una de las grandes constantes de su carrera han sido las relaciones cinematográficas con Latinoamérica. Argentina, México, Chile, Colombia y Cuba fueron durante años territorios fundamentales para levantar determinadas producciones españolas y establecer colaboraciones que enriquecieron el cine de ambos lados del Atlántico. El panorama actual, según Herrero, resulta mucho más complicado. Las coproducciones se han reducido, los presupuestos son más modestos y la participación española tiene en muchos casos un peso menor.
La consecuencia afecta directamente a las historias que pueden llegar a producirse. Herrero considera que la reducción de los tiempos de rodaje y de la inversión televisiva ha estrechado todavía más las posibilidades de financiación. Por eso continúa buscando alternativas fuera de España y mantiene proyectos de carácter europeo, además de trabajar actualmente en una película española junto a un importante cineasta latinoamericano.
Para Herrero, producir cine independiente exige una combinación poco sencilla de cualidades: ilusión, ganas, dinero y paciencia. Por encima de todas ellas coloca la perseverancia. El productor considera que actualmente son muy pocos quienes consiguen convertir el cine en un negocio verdaderamente rentable y que buena parte de los independientes trabajan fundamentalmente para mantenerse a flote.
Su propia retirada de la producción empieza a dibujarse poco a poco. No será, sin embargo, una despedida absoluta. Herrero quiere continuar participando en aquellos proyectos que despierten especialmente su interés y que considere capaces de justificar el esfuerzo. Y cuando llegue el momento de apartarse definitivamente de la producción, tiene claro que todavía le quedará una cuenta pendiente con el cine: seguir dirigiendo.
Su experiencia detrás de la cámara le permite contemplar ambos oficios desde una perspectiva privilegiada. Incluso bromea con una de las ventajas de haber sido productor y director: cuando se coloca tras la cámara, asegura que respeta escrupulosamente el presupuesto y el calendario de rodaje. En definitiva, nunca se pasa.
El Premio Elías Querejeta llega así en una etapa de balance, pero también de continuidad. Más que una simple distinción a una carrera extensa, supone el reconocimiento a una forma de entender la producción cinematográfica basada en la búsqueda de historias, la resistencia frente a las dificultades y la convicción de que cada película merece ser peleada hasta el final.
Autor: Jordi Quesada Galdeano

Gerardo Herrero, uno de los productores estrella del cine español.
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