GEORGE LAZENBY, EL JAMES BOND QUE SOLO DURÓ UNA PELÍCULA
GEORGE LAZENBY, EL JAMES BOND QUE SOLO DURÓ UNA PELÍCULA
George Lazenby llegó a James Bond desde el otro extremo del mundo y abandonó el personaje casi con la misma rapidez con la que había conseguido hacerse con él. Nacido en Australia, sin una gran experiencia como actor y con una carrera como modelo que había convertido su físico en su principal carta de presentación, parecía una elección tan improbable que terminó convirtiéndose en uno de los episodios más singulares de la historia del agente 007.
Su aventura quedó reducida a una única película: 007 al servicio secreto de Su Majestad, estrenada en 1969 y con una duración de 140 minutos. La cinta ocupó una posición especialmente delicada dentro de la saga, porque llegó inmediatamente después de Sean Connery, el hombre que había convertido a Bond en un icono mundial. Cualquier sustituto estaba condenado a soportar la comparación.
Lazenby tenía, además, un problema evidente: carecía de la experiencia interpretativa necesaria para enfrentarse a un personaje que Connery había hecho suyo. A cambio, poseía una presencia física extraordinaria. El australiano era modelo y tenía una apariencia que encajaba perfectamente con la imagen que los productores buscaban para el espía británico. La oportunidad apareció casi de casualidad.
Mientras se encontraba en una situación bastante alejada de cualquier proceso convencional de selección de actores, una amiga le telefoneó para comunicarle que estaban buscando al nuevo James Bond y que debería presentarse a las pruebas. Lazenby decidió tomárselo en serio y acudió al día siguiente a la barbería que frecuentaba Sean Connery. Allí se produjo uno de esos encuentros que parecen escritos por un guionista.
Albert R. Broccoli, uno de los grandes responsables de la franquicia, se encontraba allí y ya había visto a Lazenby en un anuncio. El productor consideró que aquel hombre tenía algo que podía funcionar delante de una cámara. Si el público había aceptado el particular acento escocés de Connery, también podía acostumbrarse al de un australiano.
La apuesta era arriesgada, pero Lazenby consiguió el papel.
El rodaje de 007 al servicio secreto de Su Majestad tampoco fue sencillo. El actor se encontró de repente convertido en el protagonista de una superproducción y tuvo que asumir la responsabilidad de interpretar a uno de los personajes más famosos del cine. Su falta de experiencia se hizo evidente y la crítica fue especialmente dura con su trabajo.
Paradójicamente, aquella interpretación que tantos problemas provocó terminó proporcionándole un reconocimiento que ningún otro Bond ha conseguido en esa categoría: Lazenby fue nominado al Globo de Oro por su interpretación. Sigue siendo, por tanto, el único actor que ha recibido una nominación de estos premios por encarnar al agente secreto con licencia para matar.
Su Bond, además, presentaba diferencias importantes respecto al personaje que había construido Connery. En la película de Peter R. Hunt encontramos a un 007 más vulnerable y sentimental, capaz de enamorarse y de mostrar una dimensión emocional que hasta entonces había tenido poco espacio dentro de la franquicia. El resultado dividió a los espectadores y contribuyó a que la presencia de Lazenby quedara como una anomalía dentro de la saga.
Lo más sorprendente llegó después.
Los productores estaban dispuestos a ofrecerle continuidad. Lazenby podía haber protagonizado nuevas aventuras y consolidarse como el segundo rostro oficial de James Bond. Sin embargo, decidió marcharse. Su agente le había convencido de que el personaje podía quedar anticuado en poco tiempo y el actor creyó que su futuro profesional estaba en otros terrenos.
También pesaron sus propias ambiciones. Lazenby estaba convencido de que su carrera podía llevarle mucho más lejos y llegó a considerar que Bond no era el camino hacia el reconocimiento que buscaba. Su objetivo era llegar incluso a ganar premios Oscar.
El tiempo se encargaría de demostrar lo equivocada que podía resultar aquella predicción.
Mientras la saga Bond continuaba creciendo hasta convertirse en una de las franquicias más resistentes de la historia del cine, la carrera cinematográfica de Lazenby avanzó de manera mucho más discreta. Su filmografía posterior jamás alcanzó la repercusión de aquel único papel que, paradójicamente, había decidido abandonar.
Apareció en The Kentucky Fried Movie (Made in USA), una de las comedias más disparatadas de John Landis, y también tuvo una presencia secundaria en Gettysburg. Ninguno de aquellos trabajos consiguió borrar la asociación inevitable con James Bond.
Y quizá tampoco le interesó demasiado hacerlo.
Con el paso de los años, Lazenby terminó aceptando que aquel personaje formaba parte inseparable de su trayectoria. El actor volvió a ponerse en la piel de 007 en diferentes parodias, homenajes y producciones relacionadas con el universo Bond. La ironía resulta evidente: quien en su juventud consideraba que James Bond podía convertirse en un lastre profesional acabó regresando una y otra vez al personaje.
Su historia tiene algo de oportunidad perdida y también de curiosidad histórica. Fue contratado porque tenía el físico adecuado, sustituyó a una leyenda que parecía insustituible, protagonizó una película que con los años sería reivindicada por muchos aficionados y abandonó el papel justo cuando podría haber construido una carrera alrededor de él.
Lazenby también dejó algunas declaraciones que resumen perfectamente su peculiar personalidad. Se le atribuye aquella frase en la que lamentaba no haber sido más inteligente y haber sido demasiado guapo. Una ocurrencia que encaja con la imagen que durante décadas acompañó al actor australiano.
Hoy su figura ocupa un lugar extraño dentro del universo Bond. No tuvo la longevidad de Connery, Moore o Brosnan, tampoco llegó a desarrollar una etapa propia dentro de la franquicia y durante mucho tiempo fue considerado el eslabón débil de una saga que acababa de perder a su protagonista original.
Sin embargo, el paso del tiempo ha jugado a su favor.
007 al servicio secreto de Su Majestad ha ganado prestigio entre los seguidores de Bond y algunos de sus elementos se consideran actualmente fundamentales para entender la evolución posterior del personaje. La película posee una personalidad propia, una dimensión romántica poco habitual y uno de los finales más amargos de toda la serie.
Y en el centro de todo permanece George Lazenby, aquel modelo australiano que apareció prácticamente de la nada, consiguió el papel más codiciado del cine de aventuras y decidió marcharse después de una sola película.
El James Bond más breve terminó siendo también uno de los más peculiares. Su paso por la franquicia fue fugaz, pero la paradoja es que aquella única película bastó para garantizarle un lugar permanente en la historia del cine. Otros actores interpretaron al agente secreto durante décadas. Lazenby solo necesitó 140 minutos.
Autor: Django il bastardi
No fue un mal Bond, puede que la gente lo de la boda de 007, no lo supo ver, en un personaje que era un mujeriego recalcitrante.
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