GEORGE CLOONEY Y LA PELEA QUE MARCÓ PARA SIEMPRE SU RELACIÓN CON DAVID O. RUSSELL
GEORGE CLOONEY Y LA PELEA QUE MARCÓ PARA SIEMPRE SU RELACIÓN CON DAVID O. RUSSELL
George Clooney llega al Festival de Venecia convertido en uno de los grandes nombres de esta edición. El próximo 2 de septiembre recibirá el León de Oro honorífico en reconocimiento a una trayectoria que abarca décadas de cine, tanto delante como detrás de las cámaras. Actor de enorme popularidad y director de nueve largometrajes, Clooney ha construido una carrera que combina grandes producciones, cine independiente y proyectos personales.
Su imagen pública, asociada habitualmente a la elegancia, el sentido del humor y un carácter afable, esconde también algún episodio especialmente áspero. El más célebre tuvo lugar durante el rodaje de Tres reyes, la película de 1999 ambientada en la Guerra del Golfo que dirigió David O. Russell.
Aquel rodaje estuvo marcado por continuos enfrentamientos y por una manera de trabajar del director que Clooney consideraba inaceptable. El actor llegó a intervenir después de presenciar cómo Russell trataba a algunos integrantes del equipo. Según explicó años después, intentó hablar con él y hacerle entender que podía exigir el máximo a sus trabajadores sin recurrir a empujones, zarandeos o humillaciones.
La conversación terminó desencadenando una auténtica pelea.
Russell reaccionó con insultos y desafió al actor a enfrentarse físicamente con él. La discusión subió de tono hasta que ambos llegaron a las manos. Clooney relató posteriormente que el director le golpeó con la cabeza y que después lo agarró por el cuello. La respuesta del intérprete fue igualmente violenta y, llevado por la rabia, reconoció que llegó a pensar que podía matarlo.
Finalmente, Russell se disculpó y Clooney abandonó la situación. Aquello dejó una marca imborrable en su relación con el cineasta y convirtió el rodaje de Tres reyes en uno de los recuerdos más desagradables de su carrera. El propio actor llegó a calificar aquella experiencia como la peor de toda su vida profesional.
La paradoja llegó cuando Clooney, incluso después de semejante enfrentamiento, siguió reconociendo las cualidades cinematográficas de Russell. Nunca puso en duda su talento como director y llegó a considerar que merecía recibir reconocimiento en los Oscar. La cuestión era estrictamente personal: trabajar nuevamente con él quedaba completamente descartado.
Más de veinte años después, el tiempo tampoco había borrado el episodio. Durante la promoción de Wolfs en 2024, Clooney volvió a hablar de aquella experiencia y dejó claro que sus prioridades habían cambiado con la edad. Para él, invertir varios meses de su vida en un rodaje supone demasiado como para soportar un ambiente que considere tóxico.
Aquellas declaraciones demostraron que Tres reyes sigue ocupando un lugar muy particular dentro de la memoria del actor. La película, que con los años se ha consolidado como uno de los trabajos más celebrados de Russell, también representa para Clooney el límite que decidió no volver a cruzar.
Resulta especialmente llamativo que aquel conflicto surgiera precisamente cuando el actor intentaba defender a otros miembros del equipo. Clooney había comenzado su carrera en televisión antes de convertirse en una de las grandes estrellas de Hollywood, y su evolución posterior le permitió conocer prácticamente todos los rincones de una producción cinematográfica. También ha experimentado la dirección, una faceta que comenzó con Confesiones de una mente peligrosa y que ha continuado durante dos décadas.
Ahora, mientras Venecia prepara el homenaje a una carrera extraordinariamente longeva, aquella historia vuelve a recordar que detrás de la imagen impecable de una estrella también existen momentos de tensión capaces de dejar cicatrices profesionales durante décadas.
El León de Oro reconocerá al actor, director y productor que George Clooney ha llegado a ser. Entre sus películas más prestigiosas también figura una que le enseñó una lección mucho menos agradable: por muy brillante que sea un cineasta, hay compañeros de viaje con los que jamás merece la pena repetir el trayecto.
Autor: Django il bastardi

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