ELLEN BURSTYN, UNA VIDA ENTERA FRENTE A LA CÁMARA Y UN FUTURO QUE TODAVÍA LE DESPIERTA CURIOSIDAD

 


ELLEN BURSTYN, UNA VIDA ENTERA FRENTE A LA CÁMARA Y UN FUTURO QUE TODAVÍA LE DESPIERTA CURIOSIDAD

A los 93 años, Ellen Burstyn continúa hablando del cine con la curiosidad de quien todavía siente que tiene mucho que descubrir. La actriz estadounidense ha llegado al Festival de Venecia para recoger el León de Oro de Honor, un reconocimiento a una trayectoria extraordinaria que supera las 150 películas y seis nominaciones al Oscar. Y lejos de contemplar su carrera desde la distancia, Burstyn afronta esta nueva etapa con varios proyectos entre manos y hasta prepara su debut como directora.

La Mostra italiana también le ha permitido reencontrarse con algunos de los episodios más importantes de una vida dedicada a la interpretación. Entre ellos está Alicia ya no vive aquí, la película dirigida por Martin Scorsese en 1974 que le proporcionó el Oscar y transformó su figura en uno de los grandes referentes femeninos del cine estadounidense. Décadas después, Burstyn sigue considerando aquella película una pieza fundamental dentro de una transformación mucho más amplia: la evolución de las mujeres dentro de la industria cinematográfica.

Cuando comenzó a trabajar a finales de los años cincuenta, el panorama era radicalmente distinto. Los estudios y los rodajes estaban dominados por hombres, desde los puestos técnicos hasta los departamentos que permanecían alejados de los focos. Según recordó en Venecia con su particular sentido del humor, las mujeres que aparecían en los equipos eran prácticamente siempre actrices.

También los personajes femeninos respondían entonces a una visión muy limitada. Burstyn recordó aquella época como un periodo en el que las mujeres eran presentadas fundamentalmente como esposas que aguardaban en casa mientras sus maridos se ocupaban de salvar el mundo. La transformación llegó lentamente y estuvo impulsada también por figuras como la periodista y activista Gloria Steinem, a quien la actriz rindió homenaje y atribuyó una importante labor en el cambio de mentalidades.

El proceso, según Burstyn, comenzó con pequeñas incorporaciones que fueron modificando progresivamente los rodajes. Primero llegaron mujeres a puestos como el de supervisora de guion; después se fueron incorporando a los equipos de cámara y a otras áreas técnicas. Hoy forman parte de prácticamente todos los departamentos y manejan maquinaria pesada con absoluta normalidad. La igualdad todavía no ha alcanzado el 50 por ciento, reconoce la actriz, aunque considera que la industria está mucho más cerca de conseguirlo.

Su propia carrera contiene algunos de los ejemplos más contundentes de aquel cambio. También incluye experiencias mucho menos agradables. El exorcista, dirigida por William Friedkin en 1973, fue una de las películas que la situaron definitivamente entre las grandes intérpretes de su generación, pero el rodaje dejó una huella física que todavía recuerda.

Burstyn describe a Friedkin como un cineasta extraordinariamente talentoso, aunque también como un director dispuesto a llevar las situaciones hasta extremos difíciles con tal de conseguir la toma que buscaba. En una de aquellas escenas, la actriz sufrió una lesión en la espalda que considera innecesaria. El resultado artístico terminó formando parte de la historia del cine, pero para ella la experiencia estuvo acompañada de un dolor físico real que hizo de aquella película uno de los rodajes más duros de su trayectoria.

Venecia le ha permitido además presentar The Flesh Impact, el cortometraje de Maggie Gyllenhaal en el que Burstyn interpreta una versión imaginaria de Marilyn Monroe. Dakota Johnson encarna a Monroe en su juventud, mientras Burstyn aborda al personaje desde una perspectiva completamente diferente. La actriz llegó a conocer personalmente a Monroe, aunque nunca llegó a mantener una conversación con ella.

La vitalidad que conserva a los 93 años explica que su agenda siga lejos de estar vacía. Además de sus trabajos como actriz, presenta en el festival Place to Be y trabaja en la preparación de Bathing Flo, proyecto con el que pretende ponerse por primera vez detrás de las cámaras como directora.

Su encuentro con la prensa veneciana dejó también espacio para el humor. Preguntada por las historias que Hollywood debería abordar en estos momentos, Burstyn lanzó una respuesta cargada de ironía al señalar que Estados Unidos está proporcionando actualmente una cantidad considerable de material susceptible de ser explorado desde el cine tanto artística como políticamente.

Más seria fue su reflexión sobre el desarrollo tecnológico y el futuro de la industria. Burstyn observa con cierta inquietud una época en la que las nuevas tecnologías empiezan a asumir funciones que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas. Considera que las posibilidades pueden ser extraordinarias, pero también reconoce que todavía resulta imposible conocer todas sus consecuencias.

Su deseo es que quienes están desarrollando estas herramientas sean capaces de orientarlas hacia terrenos productivos sin perder de vista algo que para ella sigue siendo esencial: la dimensión humana.

Después de más de seis décadas delante de una cámara, Ellen Burstyn continúa mirando hacia delante. El León de Oro de Honor reconoce una carrera inmensa, pero su actitud en Venecia deja una impresión todavía más interesante: la de una actriz que ha vivido varias épocas del cine, ha visto cambiar sus reglas, ha sufrido algunos de sus excesos y ha celebrado sus conquistas, y que a sus 93 años todavía conserva ganas de participar en lo que venga después.

Autor: Jordi Quesada Galdeano


Comentarios

  1. Buena actriz, así que un premio totalmente merecido, mejor dicho un reconocimiento a su carrera.

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