EL VENGADOR TOXICO 4: CIUDADANO TOXIE (2000). UNA ORGÍA MUTANTE DE HUMOR, GORE Y SÁTIRA

 

EL VENGADOR TOXICO 4: CIUDADANO TOXIE (2000).

UNA ORGÍA MUTANTE DE HUMOR, GORE Y SÁTIRA

REPARTO: DAVID MATTEY, HEIDI SJURSEN, PAUL KYMSE, JOE FLEISHAKER, DEBBIE ROCHON, BARRY BRISCO, RON JEREMY, RICK COLLINS, COREY FELDMAN, JAMES GUNN, STAN LEE, ELI ROTH, JON AVNER

DIRECTOR: LLOYD KAUFMAN 

MÚSICA: WES NAGY 

PRODUCTORA: TROMA FILMS 

DURACIÓN: 109 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Resulta difícil imaginar una forma más desvergonzada de despedir el siglo XX que poner a Toxie en medio de una explosión de residuos radiactivos, criaturas deformes, ejecutivos sin escrúpulos, violencia disparatada y chistes capaces de provocar carcajadas o una inmediata necesidad de mirar hacia otro lado. El vengador tóxico 4: Ciudadano Toxie llega dirigida por Lloyd Kaufman como una celebración absoluta del universo Troma, ese territorio cinematográfico donde el buen gusto puede darse por desaparecido y la imaginación campa a sus anchas entre vísceras, mutantes y toneladas de basura.

La película recupera a Toxie, convertido ya en una especie de santo patrón de los marginados y justiciero oficial de Tromaville. David Mattey se enfunda nuevamente el traje del personaje para enfrentarse a una amenaza que lleva el caos hasta límites delirantes. Una explosión dimensional provoca que Toxie termine en un universo paralelo, mientras su versión maligna, el Noxious Offender, aparece en Tromaville para sembrar el terror. A partir de ahí, Kaufman abre las compuertas y deja que la película avance como una montaña rusa construida con chatarra.

La trama apenas necesita respirar. Cada situación parece concebida para superar en extravagancia a la anterior. La película dispara contra las grandes corporaciones, la política, la televisión, la obsesión por la imagen, la violencia y la hipocresía social. Todo aparece pasado por una trituradora de humor absurdo que convierte cualquier mensaje en un proyectil cargado de mugre.

Ese es precisamente uno de los encantos de la propuesta. Kaufman nunca pretende esconder las costuras de su criatura. Los efectos especiales artesanales, los maquillajes exagerados y las transformaciones grotescas forman parte de su identidad. La sangre salpica la pantalla con una alegría casi infantil y los cuerpos humanos parecen tener la misma consistencia que un muñeco de goma. La película funciona dentro de ese universo deliberadamente cutre y excesivo donde una cabeza puede explotar en cualquier momento y nadie parece demasiado sorprendido.

Toxie continúa siendo el corazón de semejante despropósito. Su aspecto monstruoso contrasta con una personalidad mucho más cercana al héroe clásico de lo que cabría esperar. Protege a los débiles, castiga a los abusones y mantiene un código moral bastante más sólido que el de muchos de los personajes supuestamente respetables que aparecen a su alrededor. Kaufman utiliza esa contradicción para reforzar una de las bromas recurrentes de la saga: quizá el monstruo más evidente de la película sea precisamente quien conserva algo parecido a la decencia.

La presencia de su versión malvada permite además llevar esa idea hasta el extremo. Noxie funciona como una caricatura brutal del héroe convertido en instrumento de destrucción, mientras Toxie intenta recuperar el control de una situación que cada vez parece más desquiciada. El enfrentamiento entre ambos proporciona algunos de los momentos más delirantes de la película y sirve para que el director juegue con el concepto de identidad, aunque siempre desde la perspectiva irreverente que caracteriza a Troma.

El ritmo es frenético y, por momentos, absolutamente caótico. Ciudadano Toxie puede resultar agotadora para quien busque una narración convencional, porque Kaufman parece tener una idea nueva cada pocos segundos y ninguna está dispuesta a esperar su turno. El resultado se parece más a una sucesión de cómics mutantes lanzados a toda velocidad contra la pantalla que a una aventura de superhéroes tradicional.

Y precisamente ahí reside su personalidad. La película carece de cualquier intención de comportarse como una producción convencional. Su humor es vulgar, su violencia es salvaje, su estética es deliberadamente excesiva y su sátira apunta en todas direcciones. Algunas bromas envejecen peor que otras y determinados excesos pueden poner a prueba incluso al espectador más curtido, pero Kaufman jamás pierde la convicción necesaria para llevar semejante locura hasta sus últimas consecuencias.

El vengador tóxico 4: Ciudadano Toxie es cine basura entendido como una forma de libertad creativa. Una gamberrada monumental que utiliza mutantes, sangre, sexo, deformidades y humor escatológico para disparar contra todo aquello que considera ridículo o hipócrita. Puede provocar carcajadas, desconcierto, repulsión y fascinación en cuestión de minutos. Toxie regresa convertido en una criatura todavía más desatada, dispuesto a demostrar que, cuando Lloyd Kaufman se pone al mando, cualquier límite puede acabar hecho pedazos.

Una película salvaje, incorrecta y orgullosamente excesiva que convierte el caos en espectáculo y que, décadas después, continúa conservando esa rara capacidad para hacer que el espectador se pregunte qué demonios acaba de ver mientras sonríe ante la siguiente barbaridad.

Autor: Don Hollywood


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