EL EXORCISTA III (1990). EL MAL SE ESCONDE EN LOS PASILLOS DEL MIEDO
EL EXORCISTA III (1990).
EL MAL SE ESCONDE EN LOS PASILLOS DEL MIEDO
REPARTO: GEORGE C. SCOTT, ED FLANDERS, BRAD DOURIF, JASON MILLER, NICOL WILLIAMSON, SCOTT WILSON, NANCY FISH, VIVECA LINDFORS, ZOHRA LAMPERT, BARBARA BAXLEY, PATRICK EWING
DIRECTOR: WILLIAM PETER BLATTY
MÚSICA: BARRY DE VORZON
PRODUCTORA: 20TH CENTURY FOX
DURACIÓN: 110 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
William Peter Blatty decidió regresar al universo de El exorcista con una idea bastante más retorcida de lo que cabría esperar de una tercera entrega. En 1990 dirigió El exorcista III, adaptación de su propia novela Legión, y dejó a un lado buena parte del espectáculo sobrenatural para adentrarse en un terreno mucho más incómodo: el thriller policial, la locura, la fe y la posibilidad de que el mal pueda sobrevivir incluso cuando todo indica que debería haber desaparecido.
La película recupera al teniente William Kinderman, el personaje que en la cinta original interpretó Lee J. Cobb y que aquí encuentra en George C. Scott a un sustituto formidable. Han pasado años desde los acontecimientos de Georgetown y Kinderman continúa siendo un hombre marcado por aquella experiencia. Ahora investiga una serie de asesinatos especialmente brutales que presentan inquietantes semejanzas con los crímenes cometidos por el llamado Asesino Géminis, un criminal que lleva años muerto.
Desde ese planteamiento, Blatty construye una historia que se toma su tiempo. El detective avanza entre interrogatorios, cadáveres, sospechosos y conversaciones aparentemente intrascendentes mientras una sensación de amenaza va creciendo lentamente. La película sabe jugar con la espera y con la incertidumbre. El espectador nunca termina de estar seguro de dónde se encuentra realmente el peligro.
El gran hallazgo es el hospital psiquiátrico. Allí aparece un paciente cuya identidad abre una puerta hacia el pasado y conecta la investigación con el padre Damien Karras y con los acontecimientos de la primera película. La relación entre ambas historias está manejada con inteligencia y permite que El exorcista III funcione como continuación auténtica de aquella pesadilla de 1973.
George C. Scott está magnífico. Su Kinderman tiene algo de detective clásico y de hombre cansado que ha visto demasiado. No interpreta a un héroe de acción, sino a alguien que intenta comprender aquello que se encuentra delante de sus ojos. Su amistad con el padre Dyer, interpretado por Ed Flanders, añade además una dimensión humana que evita que la investigación quede reducida a una sucesión de crímenes.
Pero si existe un actor capaz de apoderarse de la película, ese es Brad Dourif. Su interpretación del Asesino Géminis resulta perturbadora porque nunca necesita recurrir constantemente al grito o al gesto exagerado. Su voz, sus pausas y la manera en que pronuncia determinadas palabras consiguen convertir sus conversaciones en auténticos duelos psicológicos. Dourif parece disfrutar caminando por el filo de la locura y ofrece una interpretación extraordinariamente inquietante.
El terror de El exorcista III nace precisamente de esa contención. Blatty comprende que una puerta entreabierta, un pasillo vacío o una conversación demasiado larga pueden generar más angustia que una criatura apareciendo de repente en pantalla. La película necesita que el espectador mire, espere y sospeche. Su horror tiene una textura fría, casi clínica, y eso le proporciona una identidad muy diferente dentro de la saga.
También resulta llamativa la manera en que el director introduce cuestiones religiosas sin convertirlas en simples adornos. La lucha contra el mal está presente, pero también aparecen las dudas, el sufrimiento y la dificultad de mantener la fe cuando la realidad parece demostrar que todo aquello en lo que uno cree puede venirse abajo. Blatty estaba especialmente interesado en ese conflicto espiritual y aquí lo integra dentro de una investigación criminal.
El ritmo puede ser un obstáculo para algunos espectadores. El exorcista III requiere paciencia y dedica bastante espacio a conversaciones y escenas de investigación. Quien espere una sucesión constante de sustos puede encontrarse con una película mucho más pausada de lo previsto. Su verdadero efecto se produce cuando la tensión se acumula lentamente.
Y entonces llega aquella famosa secuencia del pasillo.
Blatty demuestra en ella que sabe perfectamente cómo manipular la mirada del espectador. La cámara permanece quieta durante un largo instante mientras una escena aparentemente rutinaria se transforma de repente en uno de los grandes sobresaltos del cine de terror. El impacto funciona precisamente porque la película nos ha acostumbrado a observar el encuadre esperando que ocurra algo. Cuando ocurre, llega desde un lugar que parecía completamente seguro.
La producción sufrió además modificaciones durante la etapa final, entre ellas la incorporación de un exorcismo que el estudio consideró necesario para reforzar la conexión comercial con la saga. Esa intervención provocó que la película terminara alejándose parcialmente de la concepción inicial de Blatty. A pesar de ello, todavía queda en pantalla una película con una personalidad muy marcada.
El exorcista III es una secuela extraña, sombría y mucho más cerebral de lo que su título podría hacer pensar. Su mayor virtud está en que encuentra otra manera de hablar del mal sin repetir mecánicamente la historia de Regan MacNeil. El demonio puede cambiar de rostro, pero la inquietud permanece.
George C. Scott aporta humanidad, Brad Dourif introduce auténtico veneno y William Peter Blatty consigue convertir un relato policial en una pesadilla religiosa. Quizá tenga imperfecciones y quizá su irregular historia de producción se note en determinados momentos, pero conserva escenas de una potencia extraordinaria y una atmósfera que sigue resultando incómoda.
Treinta y tantos años después, El exorcista III continúa siendo una de esas secuelas que merecen ser reivindicadas. Una película que camina despacio por un pasillo oscuro, deja que el silencio haga su trabajo y demuestra que el terror más efectivo puede aparecer justo cuando creemos que no está pasando absolutamente nada.
Autor: Don Hollywood


Es mas un thriller que una pelicula de terror, y al menos personalmente para mi, es una pelicula que ha ganado con los años. Excelente George C. Scott.
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