EL ABISMO NEGRO (1979). El año en que Disney rozó el abismo espacial
EL ABISMO NEGRO (1979). El año en que Disney rozó el abismo espacial
A finales de la década de los 70, los pasillos de Walt Disney Productions respiraban un aire de urgencia. El estreno de Star Wars en 1977 había cambiado las reglas del juego cinematográfico de la noche a la mañana, transformando la ciencia ficción en la gallina de los huevos de oro de la industria. Para un estudio tradicionalmente asociado al cine familiar y la animación clásica, el mensaje era claro: renovarse o quedar en el olvido. La respuesta de la compañía del ratón fue un proyecto de proporciones mastodónticas y una oscuridad sin precedentes en su filmografía: El abismo negro (1979).
Con un presupuesto inicial que se disparó hasta los 20 millones de dólares (más otros 6 millones en una agresiva campaña de promoción), la película se convirtió de inmediato en la producción más cara y ambiciosa de la historia de Disney hasta ese momento. Lo que comenzó a principios de la década como una idea para una película de catástrofes espaciales titulada Space Station One, mutó rápidamente para subirse a la ola de la fiebre estelar, incorporando el fascinante y misterioso concepto de los agujeros negros.
Una catedral gótica en el cosmos
El desarrollo visual de la película estuvo marcado por una obsesión casi febril por el detalle técnico. El legendario artista Peter Ellenshaw concibió la nave USS Cygnus no como un vehículo funcional, sino como una imponente catedral gótica flotante. La maqueta principal requirió meses de trabajo manual, alcanzando los 3.6 metros de longitud y un peso de casi 80 kilos.
La complejidad de los efectos especiales convirtió el plató en un desafío logístico diario. De las 26 semanas que duró el rodaje bajo la dirección de Gary Nelson, muchas jornadas se saldaban con una sola toma válida debido a la extrema dificultad de coordinar los más de 550 planos con efectos especiales. Para lograrlo, el estudio financió el desarrollo de la cámara ACES (Automatic Camera Effects System), un pionero sistema controlado por ordenador que permitía movimientos idénticos en planos superpuestos. Asimismo, la película hizo historia al incluir el plano generado por ordenador (CGI) más largo visto en la gran pantalla hasta la fecha durante su secuencia de apertura, además de un ingenioso efecto visual para el propio agujero negro creado mediante la inyección de tinta en tanques de agua en rotación.
Tensión en el plató y decisiones drásticas
La trastienda del rodaje de El abismo negro dejó un reguero de anécdotas que reflejan la tensión del momento. Durante la fase de casting, el director Gary Nelson insistió firmemente en contratar a una joven y desconocida actriz llamada Sigourney Weaver para el papel femenino principal. Sin embargo, los ejecutivos de casting vetaron la propuesta argumentando que su nombre no resultaba comercial ni atractivo para el público. Apenas siete meses después de este rechazo, Weaver se convertiría en un mito del cine de ciencia ficción gracias a Alien.
La búsqueda de un tono más maduro también provocó choques culturales dentro de la propia Disney. El estudio contrató al célebre y polémico escritor de ciencia ficción Harlan Ellison como consultor de guion. Su estancia en las oficinas centrales duró menos de una mañana; antes de la hora del almuerzo, Ellison propuso a los ejecutivos (incluido Roy E. Disney) la idea de realizar una película de animación de corte erótico utilizando a los personajes clásicos de la casa. Fue despedido fulminantemente de inmediato.
Por otro lado, la creación de los robots de la película dejó momentos puramente artesanales. Insatisfecho con el aspecto impecable del modelo de arcilla del robot B.O.B., el director Nelson decidió coger un bate de béisbol y golpear directamente la escultura para darle un aspecto desgastado y castigado por el espacio, logrando así el diseño definitivo. Menos divertida fue la experiencia con Maximilian, el imponente robot antagonista. El traje real pesaba 40 kilos y causó varias lesiones al equipo; en una escena de acción, el actor Anthony Perkins sufrió un corte accidental en la mano provocado por las cuchillas mecánicas del traje, obligando a detener la filmación.
El veredicto de la taquilla
Cuando la película llegó a las salas de cine en las Navidades de 1979, el público se encontró con un producto Disney completamente inusual. El metraje presentaba una atmósfera densa, giros argumentales oscuros y conceptos abstractos que empujaron a la Motion Picture Association a otorgarle la primera calificación "PG" (Guía de Padres) en la historia de la compañía. El viaje psicodélico y de tintes religiosos del clímax final, que insinuaba visiones del cielo y el infierno, desconcertó a las audiencias de la época.
A pesar de una recaudación de 36 millones de dólares en el mercado estadounidense —lo que la situó entre los títulos más taquilleros del año—, los desorbitados costes de producción y la enorme inversión publicitaria impidieron que el largometraje generase beneficios directos, comprometiendo temporalmente la estabilidad financiera de la división cinematográfica de acción real del estudio. No obstante, el tiempo ha otorgado a la cinta un estatus de obra de culto. Apoyada en la banda sonora de John Barry (la primera grabada íntegramente en formato digital), El abismo negro permanece en los anales de Hollywood como el testimonio de una época irrepetible: el año en que Disney decidió arriesgarlo todo para conquistar la última frontera.
Autor: Don Hollywood

La vi de niño, desde entonces no la he vuelto a ver; tampoco me pareció tan mala como que pinchara en taquilla.
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