EDUARDO MANOSTIJERAS (1990). EL CUENTO GÓTICO QUE ESCONDE UNA HISTORIA DE AMOR Y SOLEDAD
EDUARDO MANOSTIJERAS (1990).
EL CUENTO GÓTICO QUE ESCONDE UNA HISTORIA DE AMOR Y SOLEDAD
REPARTO: JOHNNY DEPP, WINONA RYDER, DIANNE WIEST, ALAN ARKIN, ANTHONY MICHAEL HALL, KATHY BAKER, VINCENT PRICE, ROBERT OLIVERI, CONCHATA FERRELL, DICK ANTHONY WILLIAMS, CAROLINE AARON, O-LAN JONES
DIRECTOR: TIM BURTON
MÚSICA: DANNY ELFMAN
PRODUCTORA: 20TH CENTURY FOX
DURACIÓN: 105 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Una mansión oscura, un joven de aspecto imposible y unas enormes tijeras ocupando el lugar de sus manos. Con esas tres imágenes, Tim Burton construyó en 1990 una de las películas más personales, delicadas y reconocibles de su carrera. Eduardo Manostijeras parece inicialmente un cuento fantástico destinado a los amantes de las criaturas extrañas, pero debajo de su estética gótica late una historia profundamente humana sobre la soledad, el rechazo y la dificultad de encontrar un lugar cuando uno es incapaz de encajar en el mundo que le ha tocado vivir.
Edward vive recluido en una enorme mansión situada en lo alto de una colina. Fue creado por un inventor que murió antes de poder terminar su obra y, desde entonces, el muchacho permanece solo, con unas tijeras en lugar de manos. Su existencia cambia cuando Peg Boggs, una vendedora de productos de belleza interpretada por Dianne Wiest, decide subir hasta la casa después de descubrir que allí vive aquel extraño joven. Lo lleva consigo al colorido barrio residencial donde vive su familia y, de repente, Edward pasa de la absoluta soledad a encontrarse rodeado de vecinos.
El contraste visual entre ambos mundos resulta extraordinario. Burton presenta el barrio como una sucesión de casas de colores pastel, jardines perfectamente cuidados y vecinos obsesionados con las apariencias. En lo alto, la mansión de Edward permanece oscura y amenazante, como una isla gótica suspendida sobre ese pequeño universo de normalidad artificial. La película juega constantemente con esa oposición y consigue que el escenario funcione prácticamente como otro personaje.
Johnny Depp encontró en Edward uno de los papeles que marcarían para siempre su carrera. Su interpretación evita convertir al personaje en una criatura siniestra. Edward apenas necesita palabras para expresar desconcierto, ilusión, miedo o tristeza. Sus enormes ojos y sus gestos contenidos transmiten mucho más que cualquier diálogo. Depp convierte al personaje en una figura casi infantil, alguien que descubre el mundo con la inocencia de quien jamás ha tenido la oportunidad de vivirlo.
Winona Ryder aporta el contrapunto perfecto como Kim, la joven que inicialmente siente rechazo hacia Edward y que poco a poco empieza a descubrir al ser que existe detrás de su apariencia. Su relación constituye el corazón emocional de la película. Burton construye entre ambos un romance condenado desde el principio, precisamente porque pertenece a dos mundos que difícilmente pueden convivir.
La película alcanza sus mejores momentos cuando utiliza las tijeras como una extensión de la personalidad de Edward. Aquello que debería convertirlo en un monstruo se transforma inesperadamente en una herramienta artística. Recorta arbustos hasta convertirlos en esculturas fantásticas, corta el cabello de sus vecinos y descubre una habilidad extraordinaria para crear belleza. Burton introduce así una de las grandes ideas de la película: una característica que la sociedad considera monstruosa puede convertirse también en aquello que hace especial a una persona.
Pero esa aceptación dura poco. El mismo vecindario que convierte a Edward en una celebridad cuando puede beneficiarse de sus habilidades empieza a darle la espalda cuando deja de resultar conveniente. Burton retrata con bastante crueldad la facilidad con la que la curiosidad se transforma en fascinación, la fascinación en explotación y finalmente el rechazo.
La fotografía de Stefan Czapsky y la música de Danny Elfman terminan de construir una atmósfera irrepetible. La nieve, la iluminación azulada, los jardines imposibles y la arquitectura de la mansión convierten la película en un cuento de hadas melancólico. Elfman aporta una partitura que parece flotar sobre las imágenes, reforzando esa sensación de fábula triste que recorre toda la historia.
También resulta admirable la capacidad de Burton para introducir humor sin romper el tono. Las vecinas del barrio, sus cotilleos, sus obsesiones y sus pequeñas miserias proporcionan momentos divertidos, pero debajo de esas situaciones aparentemente inocentes existe una mirada bastante amarga hacia una comunidad que presume de normalidad mientras margina aquello que considera diferente.
Eduardo Manostijeras conserva además una cualidad poco frecuente: puede disfrutarse como fantasía, como romance, como película gótica o como una historia sobre la intolerancia. Cada espectador puede quedarse con una lectura distinta y todas encuentran espacio dentro de su relato.
Tim Burton rodó una película visualmente hermosa y emocionalmente dolorosa, pero jamás permitió que la tristeza anulase la ternura. Edward permanece en la memoria precisamente por eso: porque nunca deja de ser un extraño en un mundo que durante unos instantes quiso convertirlo en uno de los suyos.
Tres décadas después, Eduardo Manostijeras sigue teniendo algo de sueño cinematográfico. Una historia sobre alguien que posee unas manos incapaces de tocar sin hacer daño y que, paradójicamente, utiliza esas mismas manos para crear algunas de las cosas más hermosas que ha visto su pequeño mundo. Una criatura destinada a ser temida que solamente quería ser querida. Y quizá ahí resida la razón por la que esta película continúa emocionando tanto.
Autor: Don Hollywood


Una de las mejores pelis de Tim Burton, siendo una nueva revisitacion de la leyenda de Prometeo o lo que es lo mismo, la historia de Frankenstein. Excelente.
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