BEAST (LA BESTIA) (2026). CUANDO VOLVER A LA JAULA SIGNIFICA ENFRENTARSE A LOS DEMONIOS
BEAST (LA BESTIA) (2026).
CUANDO VOLVER A LA JAULA SIGNIFICA ENFRENTARSE A LOS DEMONIOS
REPARTO: DANIEL MacPHERSON, RUSSELL CROWE, LUKE HEMSWORTH, BREN FOSTER, AMY SHARK, MOJEAN ARIA, KELLY GALE
DIRECTOR: TYLER ATKINS
MÚSICA: BRIAN CACHIA
PRODUCTORA: BROKEN OPEN PICTURES
DURACIÓN: 113 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
El olor a sudor, el ruido de los golpes y la respiración entrecortada de un hombre que lleva demasiado tiempo huyendo de su pasado convierten Beast en una película que desde sus primeros compases deja claro que la pelea más complicada siempre ocurre lejos de la jaula. Tyler Atkins dirige un drama deportivo áspero, físico y emocional que se apoya en una historia conocida para explorar algo mucho más interesante: qué ocurre cuando un hombre que ha vivido de la violencia intenta reconstruir su vida y descubre que todavía necesita volver a ella.
Patton James fue una figura legendaria de las artes marciales mixtas. Invicto, respetado y temido, parecía destinado a permanecer en lo más alto. El tiempo, sin embargo, ha cambiado las reglas. Alejado de la competición, trabaja como pescador y trata de sacar adelante a su familia mientras las heridas del pasado siguen abiertas. La vida parece haberlo colocado definitivamente fuera del espectáculo, hasta que una tragedia familiar vuelve a empujarlo hacia un territorio que conoce demasiado bien.
La muerte de su hermano y la situación desesperada que atraviesa su familia colocan a Patton ante una decisión brutal. Para conseguir dinero, ajustar cuentas y recuperar algo que siente que perdió hace mucho tiempo, tendrá que regresar a la jaula y enfrentarse al campeón actual, Xavier Grau. El problema es que una década lejos de la competición pesa demasiado cuando enfrente espera un adversario joven, despiadado y dispuesto a convertir el combate en una ejecución pública.
Ahí aparece Sammy, el antiguo entrenador de Patton, interpretado por Russell Crowe. Su presencia proporciona a la película una de sus mejores bazas. Crowe construye un personaje curtido, áspero y lleno de silencios, un hombre que conoce perfectamente las virtudes y los peligros de su pupilo. Entre ambos existe una relación marcada por el afecto, los reproches y una confianza que ha sobrevivido a los años.
Crowe no necesita dominar cada escena para hacerse notar. Su Sammy parece llevar encima el peso de demasiadas peleas, demasiados errores y demasiadas decisiones tomadas al límite. Cada conversación con Patton tiene algo de entrenamiento emocional. Antes de volver a enseñar a golpear, tiene que ayudarle a descubrir por qué quiere volver a hacerlo.
Daniel MacPherson carga con el mayor peso de la película y transmite con eficacia el desgaste de un hombre que ya no pertenece al mundo en el que una vez fue una estrella. Patton tiene cuerpo de luchador, pero su verdadera fragilidad aparece cuando abandona el gimnasio. Es padre, hermano, marido y trabajador, y cada una de esas facetas complica su regreso al combate. La película encuentra ahí su mayor interés: en observar cómo el pasado amenaza constantemente con devorar el presente.
Las escenas de entrenamiento poseen una crudeza que evita convertir la preparación en un simple montaje triunfalista. Cada golpe parece tener consecuencias. Cada ejercicio recuerda que Patton ya no tiene la edad ni las condiciones de antaño. El cuerpo protesta y la mente tampoco ayuda. El regreso exige un precio, y Beast se preocupa por mostrarlo.
Cuando finalmente llega la pelea, Atkins apuesta por una puesta en escena cercana, agresiva y nerviosa. La cámara se mete prácticamente dentro del combate y convierte cada impacto en una experiencia incómoda. No existe demasiada distancia entre el espectador y los luchadores. Se sienten los golpes, el agotamiento y la violencia de un deporte donde una fracción de segundo puede decidirlo todo.
Quizá Beast recorra un camino que el cine deportivo ha transitado muchas veces, pero su fuerza reside en la sinceridad con la que aborda ese recorrido. La película habla de segundas oportunidades, de familia, de orgullo y de la dificultad de dejar atrás aquello que alguna vez nos hizo sentir poderosos. También plantea una pregunta incómoda: cuando alguien ha construido toda su identidad alrededor de la lucha, ¿puede realmente aprender a vivir cuando deja de combatir?
La respuesta llega entre heridas, sudor y recuerdos. Patton vuelve a la jaula buscando resolver problemas concretos, pero acaba enfrentándose a una versión de sí mismo que creía enterrada. Esa dimensión convierte el combate final en algo más que una competición. Cada golpe arrastra años de frustración, culpa y rabia.
Beast funciona especialmente bien cuando mantiene los pies en la tierra y deja que sus personajes respiren entre combate y combate. No necesita reinventar el cine de artes marciales mixtas para resultar efectiva. Su apuesta está en la intensidad, en el carácter de sus protagonistas y en esa sensación de que cada minuto dentro de la jaula puede ser el último.
Russell Crowe aporta además una presencia veterana que da personalidad al conjunto. Su entrenador representa la memoria de un mundo que Patton intenta recuperar, aunque quizá lo que realmente necesita sea cerrar definitivamente aquella etapa.
El resultado es un drama deportivo directo, físico y cargado de tensión, una película que utiliza los puñetazos como lenguaje para hablar de pérdidas, familia y redención. Cuando suena la campana y los luchadores quedan frente a frente, ya conocemos las reglas. Lo que importa entonces es descubrir cuánto está dispuesto a sacrificar Patton para ganar una pelea que, en el fondo, lleva muchos años librando contra sí mismo.
Autor: Don Hollywood


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