ANTON DIFFRING, EL ACTOR QUE HOLLYWOOD CONVIRTIÓ EN EL VILLANO PERFECTO DE EUROPA
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ANTON DIFFRING, EL ACTOR QUE HOLLYWOOD CONVIRTIÓ EN EL VILLANO PERFECTO DE EUROPA
Nacimiento: 20 de octubre de 1916, Coblenza, Alemania.
Fallecimiento: 19 de mayo de 1989, Châteauneuf-Grasse, Francia.
Causa de la muerte: La causa que aparece habitualmente registrada es un cáncer. Sin embargo, existe una versión posterior de un amigo cercano, el actor alemán Arthur Brauss, que aseguró que Diffring murió por complicaciones relacionadas con el sida. Nunca se hizo pública una confirmación médica concluyente, por lo que ambas versiones han convivido desde entonces.
Anton Diffring nació como Alfred Pollack en Coblenza, en una familia de origen muy distinto al que acabaría sugiriendo su apariencia y, sobre todo, los personajes que interpretaría durante buena parte de su vida. Su padre, Solomon Pollack, era un comerciante judío, mientras que su madre, Bertha, era cristiana. Aquella combinación familiar quedó marcada por la convulsa Europa de entreguerras y por el ascenso del nazismo, acontecimientos que terminarían obligándole a abandonar Alemania.
Desde joven sintió una poderosa atracción por la interpretación. Estudió arte dramático en Berlín y Viena y comenzó a familiarizarse con el mundo teatral en un momento en que Alemania disfrutaba todavía de una extraordinaria efervescencia cultural. Su intención era construir una carrera artística y, según diferentes testimonios, llegó incluso a contemplar la posibilidad de marcharse a Estados Unidos en busca de oportunidades.
El ascenso de Hitler cambió radicalmente sus planes. Diffring abandonó Alemania antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial. La fecha exacta de su salida ha sido objeto de distintas versiones, pero está documentado que terminó fuera de su país y que su vida quedó inevitablemente condicionada por la persecución política y racial que se estaba produciendo en Alemania.
Su llegada al mundo anglosajón tampoco fue sencilla. Durante un periodo estuvo en Canadá y, al estallar la guerra, llegó a ser internado como ciudadano alemán considerado enemigo. Una de las grandes paradojas de su existencia comenzaba a tomar forma: había abandonado Alemania huyendo del régimen nazi y, sin embargo, su nacionalidad alemana hizo que las autoridades aliadas sospecharan de él. En aquel periodo encontró en el teatro una vía de escape. Actuó en representaciones organizadas durante su internamiento y posteriormente pudo desarrollar su carrera sobre los escenarios en Canadá y Estados Unidos.
Tras la guerra se instaló definitivamente en el Reino Unido. Su dominio del inglés fue extraordinariamente rápido y llegó a trabajar como intérprete para la Oficina de Guerra británica. Aquella facilidad para los idiomas acabaría siendo fundamental en su carrera, porque Diffring podía moverse con naturalidad entre producciones británicas, alemanas, francesas y estadounidenses.
Fue entonces cuando Alfred Pollack comenzó a transformarse en Anton Diffring, el nombre artístico con el que terminaría siendo conocido internacionalmente. Sus primeras apariciones cinematográficas fueron pequeñas y algunas ni siquiera aparecieron acreditadas. El cine todavía no le había abierto las puertas principales, pero su aspecto físico ya empezaba a llamar la atención: cabello claro, rostro anguloso, mirada penetrante y una manera de hablar seca y perfectamente controlada.
Su verdadera carrera cinematográfica comenzó a despegar alrededor de 1950. El cine británico de la posguerra estaba produciendo numerosas historias relacionadas con el conflicto mundial y necesitaba intérpretes capaces de encarnar a militares alemanes. Diffring parecía diseñado para esos personajes. Su presencia transmitía autoridad, disciplina y frialdad sin necesidad de recurrir a gestos exagerados.
El problema fue que aquella virtud terminó convirtiéndose también en una condena profesional.
Diffring quedó rápidamente asociado a los oficiales alemanes. Durante los años cincuenta y sesenta interpretó una sucesión de militares, espías, científicos, funcionarios y personajes vinculados al poder que hicieron de su rostro uno de los más reconocibles del cine británico de guerra.
Lo verdaderamente llamativo era la ironía que encerraba aquella situación. El hombre que había huido de la Alemania nazi acabó siendo contratado una y otra vez para representar a los hombres del régimen que había obligado a marcharse.
Pero Diffring era demasiado buen actor para limitarse a esa etiqueta. Aunque su presencia física facilitaba el encasillamiento, poseía una extraordinaria capacidad para introducir matices en personajes que, sobre el papel, podían parecer intercambiables. Sus oficiales alemanes rara vez eran caricaturas. Solían ser hombres cultos, metódicos, inteligentes y peligrosos precisamente porque sabían mantener la calma.
Ese talento le permitió trabajar con algunos de los nombres más importantes del cine europeo y británico. En I Am a Camera demostró que podía moverse en un registro más sofisticado y alejado del cine bélico. Más adelante participaría en Fahrenheit 451, la adaptación de François Truffaut de la novela de Ray Bradbury, una película que le permitió integrarse en un cine de carácter más autoral. También encontró un territorio especialmente fértil en el cine de terror británico, donde su rostro adquiría una dimensión todavía más inquietante.
El género fantástico le permitió interpretar científicos obsesionados, médicos sin escrúpulos y personajes envueltos en ambientes de pesadilla. Su colaboración con la productora Hammer fue especialmente importante dentro de esa faceta de su carrera. En The Man Who Could Cheat Death, por ejemplo, compartió protagonismo con Christopher Lee en una historia de ciencia, inmortalidad y obsesión. Poco después, Circus of Horrors volvió a aprovechar su elegancia fría y su capacidad para transmitir amenaza.
El cine de terror descubrió algo que los dramas bélicos ya habían utilizado: Diffring no necesitaba levantar la voz para resultar amenazador.
Su carrera alcanzó otra de sus cimas con The Blue Max, gran producción ambientada durante la Primera Guerra Mundial, y con Where Eagles Dare, el espectacular thriller bélico protagonizado por Richard Burton y Clint Eastwood. En esta última volvió a ocupar el territorio que conocía tan bien, pero su presencia contribuía a dotar de credibilidad al universo militar de la película.
Durante los años sesenta intentó escapar del encasillamiento. En 1968 llegó incluso a trasladarse a Roma con la esperanza de encontrar papeles diferentes. La maniobra no tuvo exactamente el resultado esperado. Los productores italianos también descubrieron rápidamente que aquel rostro era perfecto para interpretar a personajes alemanes, militares o villanos. Su intento de cambiar de registro chocó una y otra vez con una industria que había encontrado en él un recurso extraordinariamente eficaz.
A pesar de ello, Diffring nunca dejó de buscar nuevos caminos. Trabajó en producciones alemanas y francesas y participó en películas de directores tan diferentes como Samuel Fuller y Ken Russell. Su carrera fue adquiriendo una dimensión internacional que pocos actores de reparto podían alcanzar.
En Alemania, además, su condición de actor nacido allí le permitió participar en producciones que le devolvían periódicamente a la cinematografía de su país natal. Aquello suponía una especie de regreso profesional a una tierra que había abandonado décadas atrás. Para entonces, sin embargo, Anton Diffring era ya una figura plenamente asentada en el cine británico.
La televisión terminó convirtiéndose en otro de los grandes pilares de su trayectoria. Trabajó con enorme frecuencia en series británicas, alemanas, francesas y estadounidenses. Su facilidad para interpretar personajes de autoridad le permitió aparecer en historias policíacas, dramas históricos, relatos de espionaje y producciones de suspense.
Uno de sus papeles televisivos más destacados llegó en The Winds of War, la ambiciosa miniserie estadounidense de 1983, donde interpretó a Joachim von Ribbentrop. Volvía a ponerse en la piel de una figura histórica relacionada con el nazismo, demostrando una vez más hasta qué punto aquel tipo de personajes había terminado formando parte de su identidad artística.
También trabajó en series alemanas de enorme popularidad, entre ellas Derrick, y continuó aceptando papeles en producciones internacionales. Su prestigio como actor de carácter había alcanzado tal nivel que bastaba su presencia para otorgar cierta categoría a una producción.
Paradójicamente, su último trabajo importante volvió a llevarlo al territorio que había dominado durante décadas. En Doctor Who, en el episodio Silver Nemesis, apareció interpretando a un personaje relacionado nuevamente con la Alemania nazi. La producción se rodó en 1988 y sería su despedida de la interpretación. Diffring aceptó el papel, según se ha contado posteriormente, entre otras razones porque el rodaje le permitía estar en Londres durante Wimbledon, una de sus grandes aficiones.
Aquella última aparición encerraba una curiosa vuelta de tuerca. Después de casi medio siglo delante de las cámaras, después de haber trabajado con grandes cineastas y de haber intentado escapar repetidamente de una etiqueta profesional que le perseguía, Anton Diffring terminaba su carrera regresando al mismo territorio que había definido buena parte de su fama.
Su vida privada permaneció siempre bastante alejada del interés público. Fue un hombre reservado, culto y poco inclinado a convertir su vida personal en espectáculo. Su hermana Jacqueline Diffring desarrolló una importante carrera artística como escultora y ambos mantuvieron el vínculo familiar a lo largo de los años.
Diffring pasó sus últimos años en el sur de Francia. Allí, en Châteauneuf-Grasse, falleció el 19 de mayo de 1989, a los 72 años. La noticia de su muerte no se conoció inmediatamente y fue difundida semanas después, circunstancia que contribuyó a que durante años existieran distintas informaciones sobre la fecha exacta y las circunstancias de su fallecimiento.
La causa de la muerte continúa siendo uno de los aspectos más controvertidos de su biografía. La versión más extendida señala que murió de cáncer y así aparece recogida en numerosas referencias. Sin embargo, el actor alemán Arthur Brauss, amigo suyo durante muchos años, aseguró en una entrevista concedida en 2002 que Diffring había fallecido por complicaciones derivadas del sida. La afirmación apareció mucho después de su muerte y no fue acompañada de documentación médica que permitiera establecerla como una certeza. Por ello, cuando se habla de su fallecimiento, resulta más riguroso señalar la existencia de ambas versiones y no presentar ninguna de ellas como absolutamente demostrada.
Sus cenizas fueron enterradas en el cementerio de la iglesia de St. Andrew, en White Colne, Essex. Allí terminó la historia de un actor que había recorrido un camino extraordinariamente peculiar: nació en la Alemania que estaba a punto de transformarse bajo el nazismo, escapó de aquel país, sufrió incluso el internamiento como ciudadano enemigo durante la guerra y acabó construyendo en Gran Bretaña una carrera basada, en buena medida, en interpretar precisamente a los hombres del régimen del que había huido.
Anton Diffring nunca alcanzó la categoría de estrella protagonista que tuvieron otros actores de su generación, pero quizá tampoco la necesitó. Fue uno de esos intérpretes cuya aparición transformaba inmediatamente una escena. Su rostro aristocrático, su dicción precisa y aquella forma de mirar desde una distancia casi glacial hicieron de él una presencia reconocible en el cine europeo durante varias décadas.
Su carrera quedó marcada por una contradicción difícil de olvidar. El hombre que escapó del nazismo terminó convirtiéndose, para varias generaciones de espectadores, en uno de los rostros cinematográficos que mejor representaron a los oficiales alemanes. Y detrás de ese estereotipo había un actor mucho más amplio, interesado por el teatro, los idiomas, el cine fantástico, la televisión y los personajes de carácter.
Quizá por eso su figura resulta hoy especialmente fascinante. Anton Diffring no necesitaba ser el protagonista para dejar huella. Bastaban unos minutos, una mirada y aquella voz perfectamente modulada para que la pantalla pareciera pertenecerle durante un instante. Su carrera fue la de un extraordinario secundario internacional, uno de esos actores que el tiempo rescata precisamente porque, mucho después de que desaparezcan los créditos, su rostro permanece en la memoria del espectador.
Autor: Jordi Quesada Galdeano
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Uno de los villanos por excelencia dentro del cine bélico, especializado en papeles de oficial de alto rango alemán. Farenhait 451, El desafío de las águilas, Evasión o victoria, Mi doble en los Alpes, y tantas y tantas peliculas donde dejo su buen hacer.
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