ABBE LINCOLN IN ILLINOIS, El hombre que bajó de la estatua: La odisea de filmar a Lincoln en 1940

 




ABBE LINCOLN IN ILLINOIS, El hombre que bajó de la estatua: La odisea de filmar a Lincoln en 1940


En la historia del cine existen personajes tan monumentales que intimidan a cualquier cineasta. Abraham Lincoln es, sin duda, el más imponente de todos ellos en el imaginario estadounidense. A finales de la década de los treinta, Hollywood se obsesionó con la idea de humanizar al mito, de bajar al prócer de bronce de su pedestal para descubrir al hombre de carne y hueso. De ese impulso nació Abe Lincoln in Illinois (1940), una obra dirigida por John Cromwell que hoy se erige como una de las biografías más honestas, desgarradoras y fascinantes de la era dorada del cine.


Del Pulitzer a la gran pantalla


La génesis de esta obra maestra no se encuentra en los despachos de los grandes estudios de California, sino sobre las tablas de Broadway. El dramaturgo Robert E. Sherwood había cautivado al público neoyorquino con un texto teatral soberbio que le valió el Premio Pulitzer en 1939. El libreto esquivaba hábilmente los años de la Guerra de Secesión y la icónica presidencia de Lincoln. En su lugar, Sherwood proponía un viaje de treinta años hacia el pasado: desde el joven leñador y comerciante de 1831 hasta el político electo que toma un tren rumbo a Washington en 1861.

La productora RKO entendió de inmediato el potencial cinematográfico de aquella historia. Para dirigirla confiaron en John Cromwell, un realizador curtido y meticuloso que entendía a la perfección el lenguaje de los actores. El reto no era menor: debían rodar una película de época que resultara creíble para un público que ya empezaba a sentir los tambores de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Un héroe americano con acento canadiense


El gran acierto —y a la vez el mayor atrevimiento— de la producción fue la elección de su protagonista. Para encarnar al epítome del patriotismo estadounidense, el equipo decidió mantener al mismo actor que había maravillado en la obra de teatro: Raymond Massey. El pequeño detalle era que Massey no era estadounidense, sino canadiense.

Sin embargo, cualquier duda sobre su nacionalidad se disipaba en cuanto Massey aparecía en escena. Su imponente altura, su delgadez y sus rasgos faciales esculpidos en piedra eran la viva imagen de los retratos de Lincoln. Massey ya había interpretado al personaje en más de 400 funciones teatrales y su mimetización con el presidente era absoluta.

De hecho, en las crónicas de la época flotaba una divertida anécdota. Se decía que Massey estaba tan absorbido por el personaje que continuaba vistiendo, caminando y hablando como Lincoln incluso en las fiestas de la alta sociedad y en su vida privada. Su amigo, el dramaturgo George S. Kaufman, llegó a bromear con ácida ironía comentando que Massey no descansaría en su interpretación hasta que alguien, finalmente, lo asesinara.

La dura batalla de las taquillas


A pesar de su innegable calidad artística y del esfuerzo titánico del equipo, Abe Lincoln in Illinois tuvo que enfrentarse a un enemigo imprevisto: el caprichoso calendario de estrenos de Hollywood. Apenas diez meses antes, el gigante John Ford había estrenado su propia visión del personaje en El joven Lincoln, con un inolvidable Henry Fonda en el papel estelar.

La competencia directa entre ambas visiones dividió a la crítica. Mientras muchos alababan la sobriedad y el rigor histórico de la versión de Cromwell, el público masivo terminó por dar la espalda a la taquilla de la RKO. La película se convirtió en un fracaso comercial para el estudio, demostrando que la industria a veces satura sus propios mitos.

Aun así, el tiempo acabó poniendo las cosas en su lugar. La industria no pudo ignorar el magnetismo de la cinta y Raymond Massey cosechó la que sería la única nominación al Óscar de su carrera como Mejor Actor.


Secretos y camuflajes detrás de las cámaras


El rodaje de la película dejó tras de sí un rastro de curiosidades que hoy deleitan a los cinéfilos. Aunque la trama se desarrolla en las llanuras y ríos del estado de Illinois, la producción tuvo que buscar localizaciones mucho más dramáticas y visualmente ricas. Por ello, la mayor parte de los exteriores que vemos en pantalla pertenecen en realidad a los densos e imponentes bosques de Eugene, en el estado de Oregón.

Por si fuera poco, el propio director John Cromwell decidió cruzar la línea y ponerse delante de las cámaras. En un breve y enérgico cameo, Cromwell interpretó al radical abolicionista John Brown. Curiosamente, poco tiempo después, el propio Raymond Massey interpretaría a ese mismo personaje histórico en la película Camino de Santa Fe, cerrando así un círculo de extrañas y fascinantes coincidencias interpretativas.

Ochenta y seis años después de su estreno, Abe Lincoln in Illinois permanece como un testimonio vibrante de una época en la que el cine se atrevía a mirar a los gigantes de la historia a los ojos, descubriendo que detrás de la leyenda siempre late el corazón dubitativo de un hombre común.

Autor: Don Hollywood

Comentarios

  1. Raymond Massey interpreto a Lincoln en otra ocasión, en un breve cameo en La conquista del Oeste.

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