VESTIDOS QUE CONVIRTIERON EL CINE EN LEYENDA. GILDA: EL VESTIDO NEGRO QUE HIZO NACER A UNA DIOSA
VESTIDOS QUE CONVIRTIERON EL CINE EN LEYENDA.
GILDA: EL VESTIDO NEGRO QUE HIZO NACER A UNA DIOSA
Pocas actrices han conseguido entrar en la historia del cine con una sola aparición. Rita Hayworth lo hizo en Gilda, una película que convirtió el glamour en una forma de peligro y que encontró en un vestido negro de satén la herramienta perfecta para presentar a una mujer que parecía haber salido directamente de los sueños más inconfesables del Hollywood clásico.
Cuando Gilda aparece en pantalla, no lo hace como una mujer corriente. Su presencia tiene algo de acontecimiento. El vestido diseñado para ella, inspirado en la tradición pictórica de Madame X, abraza su figura con una elegancia que no necesita excesos. El escote, los guantes largos y la luminosidad de la tela construyen una imagen de sofisticación que, en el contexto de la época, resultaba extraordinariamente atrevida.
La famosa secuencia en la que Gilda interpreta Put the Blame on Mame pertenece ya al imaginario universal del cine. Rita Hayworth baila, canta y juega con la posibilidad de quitarse un guante mientras el público comprende que la verdadera tensión no está en lo que muestra, sino en lo que parece estar a punto de mostrar. La escena es sensual porque está construida sobre la insinuación. El deseo nace de la espera.
En España, como en otros países sometidos a una estricta censura moral, Gilda fue considerada demasiado peligrosa para determinadas sensibilidades. La película podía parecer un simple melodrama criminal, pero aquella mujer pelirroja que se movía con una mezcla de fragilidad y desafío provocaba una conmoción que trascendía la pantalla. El hecho de que Rita Hayworth tuviera ascendencia española añadió, además, una curiosa dimensión emocional a la fascinación que despertó entre el público.
El vestido negro de Gilda no es únicamente una pieza de vestuario. Es una declaración de intenciones. Representa a una mujer que sabe que está siendo observada y que decide convertir esa mirada en espectáculo. Rita Hayworth no necesitó desnudarse para convertirse en un mito. Le bastó con un guante, una canción, una sonrisa y un vestido que parecía contener toda la electricidad del Hollywood dorado.
Autor: Django el bastardo.
En España, como en otros países sometidos a una estricta censura moral, Gilda fue considerada demasiado peligrosa para determinadas sensibilidades. La película podía parecer un simple melodrama criminal, pero aquella mujer pelirroja que se movía con una mezcla de fragilidad y desafío provocaba una conmoción que trascendía la pantalla. El hecho de que Rita Hayworth tuviera ascendencia española añadió, además, una curiosa dimensión emocional a la fascinación que despertó entre el público.
El vestido negro de Gilda no es únicamente una pieza de vestuario. Es una declaración de intenciones. Representa a una mujer que sabe que está siendo observada y que decide convertir esa mirada en espectáculo. Rita Hayworth no necesitó desnudarse para convertirse en un mito. Le bastó con un guante, una canción, una sonrisa y un vestido que parecía contener toda la electricidad del Hollywood dorado.
Autor: Django el bastardo.

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