VESTIDOS QUE CONVIRTIERON EL CINE EN LEYENDA. LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA: EL VESTIDO BLANCO QUE HIZO TEMBLAR A NUEVA YORK
VESTIDOS QUE CONVIRTIERON EL CINE EN LEYENDA.
LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA: EL VESTIDO BLANCO QUE HIZO TEMBLAR A NUEVA YORK
La imagen de Marilyn Monroe sobre una rejilla del metro, mientras una corriente de aire levanta su vestido blanco, pertenece a una categoría especial de la historia del cine. No es simplemente una escena famosa. Es una imagen que parece haber existido siempre, como si Marilyn hubiera nacido para ocupar exactamente ese instante y ese lugar.
En La tentación vive arriba, Billy Wilder construyó una comedia alrededor de la fantasía, la tentación y la crisis de un hombre casado que comienza a imaginar una vida diferente cuando su familia abandona Nueva York durante el verano. Pero la película quedó para siempre asociada a una imagen mucho más poderosa que cualquiera de sus diálogos. El vestido blanco diseñado por William Travilla se convirtió en la prolongación perfecta de la presencia de Monroe.
La escena se rodó inicialmente en plena calle, pero la expectación del público hizo prácticamente imposible trabajar con normalidad. Los espectadores se agolpaban para contemplar a la actriz y sus reacciones interrumpían continuamente la filmación. Wilder terminó trasladando la secuencia a un estudio, donde pudo controlar la puesta en escena y convertir aquel momento en una coreografía de gestos, viento y fascinación.
El vestido era sencillo, ligero y absolutamente reconocible. Su movimiento resultaba esencial. No se trataba únicamente de mostrar las piernas de Marilyn, sino de crear una imagen de libertad, espontaneidad y sensualidad juguetona. La actriz parecía divertirse con la situación, y esa mezcla de inocencia y provocación fue una de las claves de su magnetismo.
Décadas después, la prenda alcanzó una dimensión casi mitológica. El vestido fue adquirido por Debbie Reynolds en 1990 por una cantidad modesta y, años más tarde, vendido en una subasta por millones de dólares. La cifra reflejaba algo más que el valor de una pieza de ropa: representaba el precio de un fragmento de la historia del cine.
Marilyn Monroe no necesitó más que una corriente de aire para convertir una calle de Nueva York en un escenario eterno. Y aquel vestido blanco sigue volando en la memoria colectiva.
Autor: Django el bastardo.
Décadas después, la prenda alcanzó una dimensión casi mitológica. El vestido fue adquirido por Debbie Reynolds en 1990 por una cantidad modesta y, años más tarde, vendido en una subasta por millones de dólares. La cifra reflejaba algo más que el valor de una pieza de ropa: representaba el precio de un fragmento de la historia del cine.
Marilyn Monroe no necesitó más que una corriente de aire para convertir una calle de Nueva York en un escenario eterno. Y aquel vestido blanco sigue volando en la memoria colectiva.
Autor: Django el bastardo.

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