TIBURÓN: LA PELÍCULA QUE CAMBIÓ HOLLYWOOD PARA SIEMPRE
TIBURÓN: LA PELÍCULA QUE CAMBIÓ HOLLYWOOD PARA SIEMPRE
Cuando Tiburón llegó a los cines el 20 de junio de 1975, nadie podía imaginar hasta qué punto aquella historia de un enorme escualo convertiría el verano en territorio privilegiado para Hollywood. Steven Spielberg había puesto en marcha una producción que parecía condenada al desastre: el rodaje se alargó mucho más de lo previsto, el presupuesto pasó de los tres millones de dólares iniciales a unos nueve y el tiburón mecánico diseñado para convertirse en la gran estrella de la película se empeñaba en no funcionar.
Paradójicamente, aquellos problemas terminaron proporcionando a Spielberg una de sus mejores armas. El director comprendió que enseñar demasiado al monstruo podía restarle misterio y decidió construir el terror alrededor de aquello que el espectador no podía ver. El mar, una sombra, unas piernas que desaparecen bajo el agua o una boya que se mueve bastaban para convertir la amenaza en algo mucho más poderoso que cualquier criatura mecánica.
Décadas después, Spielberg ha reconocido que probablemente habría mostrado mucho más al tiburón si hubiera contado con las herramientas digitales actuales. Y también ha admitido que hacerlo habría reducido considerablemente el miedo. El espectador completa con su imaginación aquello que la cámara decide ocultarle.
La otra gran aliada de la película llegó desde la música. John Williams creó una de las partituras más reconocibles de la historia del cine a partir de dos notas, un sencillo Mi y Fa que, repetidos con una precisión casi hipnótica, anuncian que algo se aproxima. Antes incluso de que aparezca el tiburón, la música consigue que el público se ponga en guardia. Spielberg ha llegado a atribuir a aquella partitura una parte enorme del éxito de la película y resulta difícil discutirle la afirmación.
Pero Tiburón tenía otra virtud menos evidente: sus tres protagonistas masculinos representan tres maneras completamente distintas de enfrentarse al peligro.
Quint, interpretado por Robert Shaw, pertenece a un mundo de cazadores, violencia y supervivencia. Es un hombre endurecido, obsesionado con capturar al animal y marcado por una experiencia traumática que explica su comportamiento. Matt Hooper, encarnado por Richard Dreyfuss, representa la ciencia, la tecnología y una mirada moderna sobre la naturaleza. Frente a ambos aparece Martin Brody, el jefe de policía interpretado por Roy Scheider, un hombre corriente que siente auténtico terror ante el océano y que, precisamente por eso, debe enfrentarse a él.
La convivencia entre esos tres personajes sostiene buena parte de la tensión de la película. Cada uno entiende el peligro de una manera distinta y Spielberg los obliga a colaborar cuando la amenaza deja de ser una leyenda para convertirse en una cuestión de supervivencia colectiva.
El éxito económico fue extraordinario. Los aproximadamente nueve millones de dólares que terminó costando la producción se transformaron en unos 450 millones de recaudación mundial. Pero la verdadera revolución se encontraba fuera de la pantalla.
Universal Pictures decidió romper con la tradicional estrategia de estreno escalonado que dominaba entonces la industria. Hasta ese momento, las grandes películas solían comenzar su recorrido en unas pocas salas de Nueva York y Los Ángeles. Si la respuesta del público era favorable y las críticas acompañaban, la distribución se ampliaba progresivamente al resto del país.
Tiburón tomó otro camino. Universal, bajo la dirección de Lew Wasserman, apostó por lanzar la película simultáneamente en 464 salas estadounidenses. Aquella decisión convirtió el estreno en un acontecimiento nacional y ayudó a establecer una nueva forma de entender la taquilla. El verano, considerado durante mucho tiempo una temporada secundaria porque se suponía que los espectadores preferían disfrutar del buen tiempo lejos de los cines, empezó a convertirse en uno de los grandes momentos comerciales del calendario cinematográfico.
El fenómeno alcanzó también a la publicidad. Universal destinó alrededor de 700.000 dólares a una campaña televisiva y cinematográfica especialmente intensa durante los días anteriores al estreno. Los anuncios eran breves y contundentes: las dos notas de Williams, bañistas aparentemente tranquilos y la sensación constante de que algo podía estar acechando bajo la superficie. La película comenzó a venderse antes de que el público pudiera verla y su estreno adquirió una dimensión casi obligatoria.
También cambió la relación entre una película y los productos que podía generar. Camisetas, tazas, vasos, juguetes, gorras, toallas de playa, nuevas ediciones de la novela de Peter Benchley y discos de la banda sonora inundaron las tiendas. La película había dejado de ser únicamente una obra destinada a las salas y empezaba a funcionar como una marca.
Dos años después, Star Wars llevaría aquel modelo a una escala todavía mayor y convertiría el merchandising cinematográfico en una industria gigantesca. Pero algunas de las bases de aquel fenómeno ya estaban en el agua de Amity Island.
Spielberg incluso se permitió recordar el impacto de Tiburón dentro de su propia filmografía. En E.T. el extraterrestre, el pequeño extraterrestre descubre juguetes y objetos del universo infantil de Elliott, entre ellos una figura de tiburón utilizada para asustar a los peces de la pecera. Es un pequeño instante cargado de complicidad cinematográfica: el director introduce dentro de su propia película el recuerdo de aquella producción que estuvo a punto de acabar con su carrera.
Porque durante el rodaje Spielberg llegó a pensar exactamente eso. Los retrasos, los problemas técnicos y el crecimiento descontrolado del presupuesto hicieron que creyera que Tiburón podía ser su último trabajo en Hollywood.
Ocurrió justo lo contrario.
El fracaso anunciado terminó inaugurando una nueva era. El cine estadounidense descubrió que una película podía convertirse en acontecimiento antes de su estreno, conquistar centenares de salas de golpe, dominar la conversación pública durante el verano y prolongar su existencia mucho más allá de la pantalla. Y todo comenzó con un tiburón que apenas funcionaba y un director obligado a esconderlo.
Quizá por eso Tiburón conserva todavía una cualidad que muchas superproducciones posteriores perdieron por el camino. Spielberg convirtió las limitaciones del rodaje en suspense, el accidente en estilo y el miedo a enseñar demasiado en una de las mayores lecciones de puesta en escena de la historia del cine. Bajo aquella superficie aparentemente tranquila, Hollywood descubrió que el monstruo podía ser mucho más grande de lo que mostraba la pantalla.
Autor: Don Hollywood

Tiburón lanzo la moda de los animales gigantescos dispuestos a devorar carne humana.
ResponderEliminar