ROBERT DE NIRO Y EL RODAJE DE ‘FANÁTICO’ QUE TERMINÓ CON UNA MULTA JUNTO A LAS VÍAS DEL TREN

 


ROBERT DE NIRO Y EL RODAJE DE ‘FANÁTICO’ QUE TERMINÓ CON UNA MULTA JUNTO A LAS VÍAS DEL TREN

Robert De Niro ha pasado buena parte de su carrera demostrando hasta dónde puede llegar un actor cuando decide entregarse por completo a un personaje. Transformaciones físicas, largas preparaciones y métodos de trabajo extremos forman parte de la leyenda construida alrededor de uno de los intérpretes fundamentales del cine estadounidense. Sin embargo, entre tantas historias de sacrificio profesional existe una mucho más insólita: una escena de rodaje que terminó con el actor recibiendo una multa policial.

Sucedió durante la producción de Fanático, el thriller dirigido por Tony Scott y estrenado en 1996. De Niro compartía protagonismo con Wesley Snipes y daba vida a Gil Renard, un hombre obsesionado con Bobby Rayburn, una estrella del béisbol interpretada por Snipes. El personaje llevaba su admiración hasta extremos cada vez más inquietantes, convirtiendo la película en un relato sobre la obsesión y la pérdida de control.

Uno de los momentos del filme exigía que De Niro condujera un vehículo por las inmediaciones de un cruce ferroviario de San Francisco. La secuencia parecía perfectamente asumible dentro de una producción de Hollywood, pero el problema estaba en que el equipo no contaba con la autorización necesaria para utilizar determinados terrenos pertenecientes a CalTrain.

Las autoridades ya habían advertido a los responsables del rodaje de que aquella maniobra no podía realizarse en el cruce de King Street. Durante aproximadamente media hora, miembros del equipo de localizaciones y el productor ejecutivo intentaron conseguir que un agente cambiara de opinión. No lo consiguieron. El policía se marchó y dejó clara su negativa.

La producción decidió continuar.

El momento elegido para rodar la secuencia añadió todavía más peligro a la situación. Un tren real circulaba por las vías y se aproximaba al cruce mientras De Niro se encontraba al volante. Las barreras descendieron y, pese a las advertencias recibidas, el vehículo atravesó las vías cuando el tren ya estaba cerca.

El actor consiguió completar la maniobra por muy poco. El tren pasó por el lugar poco después, circulando a unos 72 kilómetros por hora. La escena cinematográfica había terminado, pero para De Niro comenzaba otra bastante menos espectacular y mucho más incómoda.

El agente regresó al lugar y se acercó al vehículo para pedirle la documentación al actor. De Niro explicó que no llevaba encima el permiso de conducir y que tendría que desplazarse hasta su caravana para encontrarlo.

El equipo intentó entonces evitar que la responsabilidad terminara recayendo sobre la estrella. Tanto el especialista encargado de las escenas de riesgo como el coordinador de especialistas trataron de atribuirse la maniobra. El policía, sin embargo, no aceptó aquellas explicaciones.

Esperó.

Durante aproximadamente una hora permaneció allí hasta poder entregar personalmente la sanción a Robert De Niro. El resultado fue una multa de 104 dólares, una cifra diminuta en comparación con los 55 millones de dólares que había costado la película, pero bastante más significativa si se tiene en cuenta la naturaleza de la infracción.

La escena tenía además un contexto que explicaba la firmeza de las autoridades. CalTrain había registrado aquel año 20 muertes en sus líneas y consideraba especialmente peligroso cualquier comportamiento que pudiera normalizar el hecho de cruzar las vías cuando las barreras estaban bajadas.

La preocupación no se limitaba, por tanto, a una cuestión burocrática relacionada con los permisos de rodaje. Las autoridades entendían que una producción cinematográfica tenía la responsabilidad de no convertir una conducta peligrosa en una imagen susceptible de ser imitada.

La reacción atribuida a De Niro durante el incidente resulta igualmente llamativa. Según relató posteriormente una portavoz de CalTrain, el actor insistía en que lo ocurrido no era responsabilidad suya porque simplemente estaba haciendo aquello que le habían ordenado.

La anécdota tiene una ironía especial tratándose de un intérprete tan asociado a la preparación minuciosa y al control absoluto de sus personajes. Durante décadas, De Niro ha sido célebre por modificar su físico, estudiar comportamientos, aprender determinadas habilidades y sumergirse profundamente en las vidas de sus personajes. Esta vez, sin embargo, la inmersión terminó llevándole a un problema bastante más terrenal.

Fanático tampoco era una película pequeña desde el punto de vista industrial. Tony Scott contaba con dos estrellas como De Niro y Wesley Snipes y manejaba un presupuesto considerable para desarrollar un thriller centrado en la obsesión de un aficionado por su ídolo deportivo. El incidente demuestra, precisamente, que disponer de dinero y de un equipo profesional no garantiza que cada aspecto de un rodaje esté bajo control.

También revela una época de Hollywood en la que algunas producciones podían asumir riesgos logísticos que hoy resultarían mucho más difíciles de aceptar. Rodar con un tren real aproximándose a unas vías mientras un vehículo atraviesa un paso ferroviario cerrado es una de esas decisiones que, vistas desde la perspectiva actual, producen cierta incredulidad.

Para De Niro, todo terminó con una sanción económica relativamente modesta y una historia que quedó vinculada para siempre al rodaje de la película. Para las autoridades ferroviarias, el episodio representaba algo mucho más serio: la necesidad de impedir que las exigencias de una producción cinematográfica estuvieran por encima de la seguridad.

La escena, además, terminó adquiriendo una curiosa dimensión dentro de la historia de una película protagonizada por un personaje obsesivo que va perdiendo progresivamente el sentido de los límites. Fuera de la ficción, durante unas horas, el propio rodaje de Fanático también pareció olvidar dónde estaban esos límites.

Robert De Niro salió indemne y la multa apenas dejó huella en su carrera. Pero aquella jornada en San Francisco demuestra que los rodajes pueden generar historias mucho más imprevisibles que las que aparecen finalmente en pantalla. En este caso, entre un tren a toda velocidad, unas barreras bajadas, un permiso que no apareció y un policía que decidió esperar hasta encontrar al responsable, una secuencia de Fanático terminó escribiendo su propio capítulo fuera de la película.

Autor: Django il bastardi


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