NO SE DESEA BUENA SUERTE (2026). CUANDO EL ESCENARIO SE CONVIERTE EN REFUGIO
EL OJO CRITICO
NO SE DESEA BUENA SUERTE (2026).
CUANDO EL ESCENARIO SE CONVIERTE EN REFUGIO
REPARTO: SUNNY SANDLER, MELANIE LYNSKEY, MAX GREENFIELD, BEBE NEUWIRTH, STEVE BUSCEMI, JACK CHAMPION, STEPHANIE BEATRIZ, JON LOVITZ, SCARLETT STEVEZ, ETHAN COSTANILLA, EMMA McNULTY, ADE CHIKE TORBERT
DIRECTORA: JULIA HART
MÚSICA: YULI
PRODUCTORA: NETFLIX
DURACIÓN: 93 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Julia Hart se acerca en No se desea buena suerte a uno de esos momentos de la adolescencia que pueden cambiar para siempre la manera de mirar el mundo. Sophie Birenbaum acaba de conseguir el papel protagonista en el musical de su instituto, una pequeña conquista que para ella significa muchísimo, cuando la enfermedad de su madre regresa y convierte la alegría en una emoción difícil de sostener.
La película encuentra ahí su mejor material: en esa contradicción permanente entre querer celebrar y sentirse culpable por hacerlo. Sophie sigue teniendo ganas de cantar, de ensayar, de enamorarse, de discutir con sus compañeros y de imaginar cómo será la noche del estreno. Al mismo tiempo, dentro de su casa comienza a instalarse una preocupación que nadie sabe muy bien cómo manejar. Hart entiende que el verdadero conflicto no necesita grandes discursos. Basta con observar a una chica intentando continuar con su vida mientras cada gesto cotidiano adquiere un significado nuevo.
La directora construye el relato alrededor del teatro, y la elección resulta especialmente acertada. El escenario permite que Sophie diga cantando aquello que no consigue expresar cuando se apagan los focos. Los ensayos adquieren una dimensión emocional creciente y el musical escolar termina funcionando como un territorio donde el miedo, la rabia, la ilusión y el deseo de seguir adelante pueden convivir durante unos minutos. La película consigue que esas escenas tengan una energía contagiosa, especialmente cuando el grupo empieza a comportarse como una pequeña familia improvisada.
Sunny Sandler afronta el peso de la película con una naturalidad que sorprende. Sophie podría haber quedado reducida a la típica adolescente cinematográfica construida alrededor de sus problemas, pero Sandler le proporciona nervio, inseguridad, humor y una cierta torpeza emocional que la hace reconocible. Su interpretación encuentra además un magnífico contrapunto en Melanie Lynskey, capaz de transmitir el miedo de una madre que intenta proteger a su hija mientras ella misma necesita ser protegida. La presencia de Steve Buscemi aporta otra textura al conjunto, especialmente en los momentos en que la película permite que los adultos abandonen las respuestas fáciles.
Uno de los mayores aciertos de Julia Hart consiste en no convertir la enfermedad en un mecanismo destinado únicamente a arrancar lágrimas. El cáncer está presente, pesa sobre la familia y modifica las relaciones, pero la película permanece interesada en las personas que tienen que aprender a convivir con esa incertidumbre. Sophie no deja de ser una adolescente porque su madre esté enferma. Sigue siendo egoísta algunas veces, contradictoria, apasionada, impulsiva y tremendamente vulnerable. Esa combinación es precisamente la que concede autenticidad al personaje.
También resulta estimulante que el humor sobreviva dentro de una historia potencialmente sombría. Hart deja entrar pequeños momentos de ligereza, complicidades adolescentes y situaciones relacionadas con el montaje teatral que oxigenan el relato. Gracias a ello, No se desea buena suerte evita convertirse en una sucesión de escenas calculadas para provocar emoción. Cuando la película alcanza sus momentos más delicados, la emoción funciona porque previamente hemos tenido tiempo para conocer a sus personajes.
Quizá el tramo final subraya demasiado algunas de sus intenciones y en determinados pasajes se percibe una inclinación hacia la lágrima que podía haberse contenido un poco más. También existen elementos secundarios que merecían mayor desarrollo. Pero son pequeñas grietas dentro de una película que sabe cuál es su corazón y nunca lo pierde de vista.
No se desea buena suerte habla de la enfermedad, aunque en el fondo habla de algo todavía más difícil: cómo seguir viviendo cuando la vida acaba de cambiar las reglas. Julia Hart encuentra en un escenario de instituto el lugar perfecto para plantearlo. Las luces se encienden, la música comienza y durante unos instantes Sophie puede respirar. Fuera del escenario continúa el miedo. Dentro, todavía queda espacio para soñar.
Una película sensible, cercana y profundamente humana, sostenida por una Sunny Sandler que demuestra tener presencia propia y por una Melanie Lynskey que vuelve a recordar por qué resulta tan difícil apartar los ojos de ella cuando la emoción llega sin artificios.
Autor: Don Hollywood


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