MUERE LA ACTRIZ BUNNY LEVINE, UNA VIDA ENTERA ESPERANDO SU MOMENTO
MUERE LA ACTRIZ BUNNY LEVINE, UNA VIDA ENTERA ESPERANDO SU MOMENTO
Nacimiento: 22 de diciembre de 1928, East Orange, Nueva Jersey, Estados Unidos.
Fallecimiento: 20 de agosto de 2026, Tarzana, California, Estados Unidos.
Edad: 97 años.
Causa de la muerte: aparentemente por causas naturales. Falleció mientras dormía en su domicilio.
Bunny Levine perteneció a esa clase de intérpretes cuya trayectoria demuestra que en el mundo del cine nunca existe una edad demasiado avanzada para empezar de nuevo. Durante décadas trabajó en la educación y llevó una vida alejada de los focos, mientras conservaba una vocación artística que la acompañaba desde la infancia. Cuando finalmente decidió convertir aquella pasión en una profesión, ya había cumplido los cincuenta años. Le quedaban por delante casi cuatro décadas de trabajo como actriz.
Nacida con el nombre de Bernice Utal el 22 de diciembre de 1928 en East Orange, Nueva Jersey, creció en un entorno en el que desde muy pequeña mostró una extraordinaria inclinación hacia la interpretación. Su fascinación por el espectáculo comenzó prácticamente con sus primeros recuerdos. De niña disfrutaba representando canciones para sus familiares y jugando con su hermana y sus amigos a reproducir las actuaciones de las grandes estrellas de Hollywood.
Aquella vocación se manifestó también durante sus años escolares. Participó en diferentes producciones y llegó a escribir, dirigir e interpretar sus propias pequeñas obras. El teatro formaba parte de su imaginación mucho antes de que pudiera imaginar que acabaría convirtiéndose en actriz profesional.
Estudió en la Washington State College, actualmente Washington State University, donde se interesó por diferentes disciplinas y tuvo contacto con el teatro y la radio universitaria. Su formación académica terminó siendo mucho más amplia de lo habitual para alguien que aspiraba a dedicarse a la interpretación: posteriormente obtuvo sendos títulos de máster en la Universidad de Nueva York y en Columbia University.
Su vida tomó entonces un camino muy diferente al que había imaginado durante su infancia. En 1949 contrajo matrimonio con Bernard S. Levine, conocido familiarmente como Bernie, con quien permanecería casada durante más de medio siglo. La pareja tuvo tres hijos, Marty, Francie y Joe.
La maternidad y las circunstancias familiares hicieron que Levine aparcara sus aspiraciones artísticas durante muchos años. Mientras su marido desarrollaba su carrera académica, ella se dedicó a criar a sus hijos y encontró una profesión vinculada a otra de sus grandes pasiones: los libros.
Durante más de dos décadas trabajó como bibliotecaria y profesora en escuelas de Teaneck, Nueva Jersey. Su relación con los alumnos estuvo marcada por su entusiasmo por la lectura, la narración de historias y la capacidad para transmitir conocimientos. Aquella experiencia también mantuvo vivo su instinto interpretativo. Contar historias, hablar de personajes y despertar la imaginación de los estudiantes eran actividades que, de algún modo, mantenían abierta la puerta hacia aquella actriz que llevaba dentro.
Levine decidió acogerse a una jubilación anticipada y recuperar el sueño que había dejado pendiente. Comenzó a estudiar interpretación, acudir a clases y presentarse a audiciones. Rondaba los sesenta años cuando inició profesionalmente una carrera que para muchos intérpretes habría comenzado tres décadas antes.
Su primera etapa estuvo vinculada a pequeños papeles, anuncios, trabajos de televisión y participaciones cinematográficas. Uno de sus primeros créditos destacados llegó con Slime City, película de culto estrenada en 1988, aunque su presencia en pantalla se prolongaría mucho más allá de aquel primer trabajo.
La actriz fue construyendo poco a poco un perfil muy particular. Su físico menudo, su expresividad y su facilidad para la comedia le permitieron convertirse en una eficaz intérprete de reparto. Nunca necesitó grandes escenas para llamar la atención. Levine sabía aprovechar intervenciones breves y dotar de personalidad a personajes que, sobre el papel, podían parecer secundarios.
En 1991, junto a su marido, fundó en Nueva York Actors Connection, una iniciativa destinada a ayudar a intérpretes a desarrollar sus carreras mediante formación, orientación profesional y contactos dentro de la industria. La actividad de la pareja estuvo así estrechamente relacionada con el mundo de la interpretación incluso antes de que Bunny trasladara definitivamente su carrera a Hollywood.
La muerte de Bernard en 2003 supuso un golpe especialmente duro después de 53 años de matrimonio. Tras su fallecimiento, Levine se trasladó de la zona de Nueva York a Los Ángeles. Allí encontró un nuevo escenario profesional y continuó trabajando con una energía poco habitual para alguien que ya había alcanzado una edad en la que la mayoría de los actores llevaba años retirada.
Los espectadores pudieron verla en numerosas series de televisión. Su rostro apareció en producciones como Law & Order, Everybody Loves Raymond, Gilmore Girls, Ugly Betty, Criminal Minds, Las Vegas, Shameless, New Girl, 2 Broke Girls, The Mindy Project, Community y Jury Duty, entre muchas otras.
En Gilmore Girls interpretó a la señora Thompson, una mujer de avanzada edad relacionada con una de las situaciones cotidianas que involucraban a Luke Danes. Era una participación pequeña, pero encajaba perfectamente con la clase de personajes que Levine convirtió en una especialidad: figuras reconocibles, llenas de carácter y capaces de dejar una impresión inmediata.
Su carrera cinematográfica también fue creciendo con el paso de los años. Participó en títulos como Cadillac Man, The Jimmy Show, You Don't Mess with the Zohan, Sandy Wexler, La La Land, You Are So Not Invited to My Bat Mitzvah y Thelma.
Precisamente su presencia en La La Land, una de las películas más celebradas del cine estadounidense de la década de 2010, permitió que nuevas generaciones de espectadores descubrieran su rostro. Levine siguió apareciendo en producciones de gran repercusión comercial junto a estrellas como Adam Sandler, incorporándose con naturalidad a universos cinematográficos muy diferentes.
Su participación en Thelma, estrenada en 2024 y protagonizada por June Squibb, tuvo un significado especial dentro de la última etapa de su carrera. La película estaba protagonizada por una mujer de avanzada edad que emprendía una inesperada aventura, y Levine, que por entonces se acercaba a los 96 años, seguía demostrando delante de las cámaras que su carrera estaba lejos de haberse apagado.
Su actividad profesional resultaba especialmente llamativa porque Levine continuó presentándose a audiciones incluso durante sus noventa años. Su representante explicó tras su fallecimiento que todavía estaba haciendo pruebas para nuevos trabajos y que había continuado trabajando poco antes de morir.
La propia actriz contemplaba su profesión desde una perspectiva muy particular. Para ella, actuar no era simplemente una segunda carrera emprendida después de la jubilación, sino la recuperación de una parte de sí misma que nunca había desaparecido. Su historia estaba marcada por la convicción de que un intérprete siempre puede seguir aprendiendo y perfeccionándose.
A lo largo de su carrera acumuló más de un centenar de créditos entre cine y televisión, una cifra especialmente notable teniendo en cuenta que buena parte de ellos llegaron cuando ya había superado ampliamente la edad a la que la mayoría de los profesionales abandona la actividad.
Su trayectoria también tuvo un componente profundamente humano. Bunny Levine pasó de las aulas y las bibliotecas a los platós sin abandonar nunca el interés por aprender. La disciplina adquirida durante sus años como educadora terminó acompañando su trabajo como intérprete. Su carrera se construyó a base de pequeños papeles, apariciones episódicas y personajes secundarios que, acumulados durante décadas, terminaron formando una obra considerable.
El 20 de agosto de 2026 murió mientras dormía en su casa de Tarzana, California, a los 97 años. Las autoridades consideraron que el fallecimiento parecía deberse a causas naturales. La noticia puso punto final a una carrera extraordinariamente longeva, desarrollada prácticamente hasta el final de su vida.
Levine dejó tres hijos, Marty, Francie y Joe, y dos nietos, Robin y Jeffrey. Tras su muerte estaba previsto celebrar un servicio conmemorativo en Nueva Jersey, el estado donde había nacido y donde transcurrió buena parte de su vida.
La historia de Bunny Levine tiene algo especialmente hermoso dentro de la cinematografía estadounidense. Durante años fue bibliotecaria, profesora, esposa y madre mientras la actriz permanecía en un segundo plano. Cuando tuvo la oportunidad de recuperar aquella vocación de juventud, no permitió que la edad se convirtiera en un obstáculo. Empezó tarde, trabajó durante décadas y siguió llamando a las puertas de Hollywood cuando muchos de sus compañeros de generación llevaban mucho tiempo alejados de los estudios.
Quizá por eso su carrera resulte tan singular. Bunny Levine no necesitó convertirse en una estrella para alcanzar algo mucho más difícil: hacer realidad un sueño que había permanecido intacto durante más de medio siglo. Desde sus primeros juegos infantiles hasta sus últimos trabajos frente a una cámara transcurrieron casi nueve décadas, y en ese larguísimo recorrido nunca dejó de mirar hacia el escenario.
Su legado pertenece al de esas actrices de carácter que enriquecen una película desde un segundo plano y cuyo rostro, una vez reconocido, permanece en la memoria. Bunny Levine encontró su momento cuando muchos pensaban que ya había pasado. Y tuvo la fortuna de disfrutarlo durante casi cuarenta años, hasta que la muerte la sorprendió mientras dormía, todavía vinculada a una profesión que había esperado pacientemente durante toda su vida.
Autor: Jordi Quesada Galdeano



Actriz de corta estatura que la recuerdo en largometrajes como Cadillac Man y en Thelma, igualmente aparece en la pelicula La la land, largometraje que no he visto a día de hoy. 🙏🙏🙏
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