LA GRAN JORNADA (1930). EL NACIMIENTO DE UN HOMBRE QUE TODAVÍA NO SABÍA QUE SE CONVERTIRÍA EN LEYENDA



EL CINE DE LOS AÑOS 30. 

LA GRAN JORNADA (1930).

 EL NACIMIENTO DE UN HOMBRE QUE TODAVÍA NO SABÍA QUE SE CONVERTIRÍA EN LEYENDA

REPARTO: JOHN WAYNE, MARGUERITE CHURCHILL, EL BRENDEL, IAN KEITH, CHARLES STEVENS, TYRONE POWER SR., TULLY MARSHALL, DAVID ROLLINS, FREDERICK BURTON, LOUISE CARVER

DIRECTOR: RAOUL WALSH 

MÚSICA: R. H. BASSETT, PETER BRUNELLI, JOSEPH McCARTHY, ARTHUR KAY

PRODUCTORA: FOX FILM 

DURACION: 122 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Antes de convertirse en el rostro del Oeste americano, antes de que su silueta recortada contra el horizonte se transformara en una de las imágenes más reconocibles de la historia del cine, John Wayne fue un joven actor que todavía estaba buscando su lugar. La gran jornada es, en ese sentido, mucho más que una aventura de pioneros: es el instante en el que una futura leyenda aparece en pantalla todavía sin la armadura del mito.

Raoul Walsh convierte el viaje hacia el Oeste en una experiencia física, casi brutal. La caravana no avanza por un paisaje de postal, sino por un territorio que parece empeñado en destruir a quienes se atreven a atravesarlo. El polvo se mete en los ojos, las ruedas crujen, los animales desfallecen y cada montaña parece levantar una nueva amenaza. La película entiende que conquistar el Oeste no consistía únicamente en enfrentarse a bandidos o atravesar territorios desconocidos: era, sobre todo, sobrevivir a una naturaleza que no tenía ninguna obligación de recibir al ser humano.

En ese escenario aparece Breck Coleman, interpretado por un John Wayne sorprendentemente distinto al que el público terminaría conociendo. Todavía no existe del todo esa seguridad legendaria, esa autoridad física que llenaría sus grandes westerns. Su presencia resulta más joven, más impulsiva, incluso algo torpe en determinados momentos. Y precisamente por eso el personaje posee un atractivo especial. Estamos contemplando a un héroe en construcción, a un hombre que aún no ha encontrado completamente la manera de ocupar el espacio que le corresponde.

La película combina la aventura colectiva de la caravana con una trama de venganza que proporciona a Coleman una motivación personal. Sin embargo, el verdadero protagonista de La gran jornada no es únicamente él. Es el viaje. Es la masa de colonos avanzando lentamente hacia un futuro incierto. Son los carros que parecen diminutos frente a la inmensidad del paisaje y las vidas humanas que, agrupadas en una interminable serpiente de madera, intentan convertir lo desconocido en un hogar.

Las grandes escenas de supervivencia poseen una fuerza extraordinaria. La película se atreve a contemplar el desplazamiento de la caravana con una amplitud visual que todavía hoy impresiona. Los descensos peligrosos, los accidentes, los obstáculos naturales y la sensación de que cualquier error puede costar una vida transmiten una fisicidad que muchas producciones posteriores, más refinadas, perderían por el camino. El Oeste de Walsh no es un decorado: es una criatura viva.

También resulta interesante el tono de transición que atraviesa la obra. La gran jornada pertenece a un cine que todavía está aprendiendo a convivir con el sonido, y en algunos momentos esa novedad se nota. Ciertos diálogos tienen una rigidez inevitable y algunas interpretaciones parecen atrapadas entre la gestualidad del cine mudo y las nuevas exigencias de la palabra. Pero esa imperfección forma parte de su encanto. La película conserva la energía de una época en la que cada avance técnico parecía abrir una puerta hacia un territorio desconocido.

John Wayne, mientras tanto, camina hacia su destino sin saberlo. Todavía no es el Duque. Todavía no posee la dimensión monumental que alcanzaría años después. Pero ya existe algo en su manera de moverse, en su físico y en la forma en que la cámara lo observa que anuncia al intérprete que está por llegar.

La gran jornada es una película de pioneros, pero también una película pionera. Un western enorme, irregular, aventurero y profundamente físico que convierte el nacimiento de una nación en una sucesión de peligros, sacrificios y paisajes interminables. Cuando la caravana se pierde en el horizonte, queda la sensación de haber asistido a algo más que una película de aventuras: hemos visto a un actor comenzar su propio viaje hacia la inmortalidad.

Autor: Don Hollywood






Comentarios

  1. Western entretenido de esos que se les llama de viaje, y en donde tenemos a un John Wayne, sin sus populares andares pero que ya apuntaba formas. Western algo rupestre, pero bien hecho y que mantiene el interés en todo momento.

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